Un Congreso modelo 2009.

Según las encuestas, el oficialismo se mantendrá como primera minoría en la Cámara baja, pero resignará bancas. El Acuerdo Cívico le seguiría con el doble de legisladores que Unión-PRO.
El kirchnerismo se prepara para una nueva etapa legislativa tras las elecciones de hoy, donde conservaría su condición de primera minoría en ambas Cámaras del Congreso, pero dependerá de trabajosas alianzas parlamentarias para conseguir quórum, sesionar e impulsar los proyectos del Gobierno. Según las encuestas previas, después del recambio legislativo –que será recién el 10 de diciembre– el Frente para la Victoria perdería en la Cámara baja varias de sus 115 bancas propias, aunque mantendrá una bancada que superaría el centenar de diputados. En tanto, el heterogéneo interbloque del Acuerdo Cívico y Social (UCR, CC, cobismo y PS) reuniría alrededor de 60 legisladores y se convertiría en la segunda bancada más numerosa, duplicando el número de diputados del macrismo y sus aliados bonaerenses. Si se confirman todos los pronósticos, el peronismo rebelde (Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos) y el amplio abanico progresista se convertirían –cada sector con catorce bancas– en las bisagras que podrían girar hacia uno u otro lado las votaciones más reñidas.

La renovación de la mitad de la Cámara baja mostrará un recinto con una composición mucho más heterogénea que la actual y sin hegemonía del oficialismo. Los sucesivos cismas dentro de la bancada K menguaron su fuerza y en esta elección el bloque del oficialismo es el que más bancas pone en juego: 59 del total de 127 que se renuevan. En el caso de la provincia de Buenos Aires, están actualmente en manos del kirchnerismo 20 de las 35 que se eligen.

Las encuestas le auguran al kirchnerismo y sus aliados la pérdida de bancas en distritos importantes como Capital Federal, Córdoba y Santa Fe, pero también triunfos sólidos en Tucumán, Santiago del Estero, Jujuy, Formosa, La Rioja, Chubut y otras victorias en provincias del NEA y la Patagonia. El juego de suma y resta no le alcanzaría para conservar su actual representación legislativa.

El bloque K pasaría de 115 diputados a algo más de 100. Esa cifra lo ubica como primera minoría y con capacidad para sostener la presidencia de la Cámara baja, aunque estaría algo más lejos que ahora de reunir el número necesario para sesionar y aprobar proyectos. Dependerá de sus aliados más incondicionales, como los santiagueños del Frente Cívico, los radicales K, los socialistas bonaerenses y los neuquinos del MPN. Los diputados de esos espacios no superarían la quincena, porque deberá tejer un complejo tramado de alianzas alrededor de cada proyecto, que requerirá de consensos para llevarlo adelante. El kirchnerismo ya había trabajado con un esquema similar en lo que va de este año parlamentario, pero sin tanta urgencia numérica como la que deberá enfrentar a partir de diciembre, si se confirman los pronósticos más pesimistas.

Habrá que ver también si se produce el debut del interbloque del PJ rebelde y cómo se posicionan frente al Gobierno los catorce diputados que reuniría el justicialismo de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, que confluirían en un espacio común, por fuera de la bancada K, de acuerdo con los pronunciamientos de sus principales dirigentes: Juan Schiaretti, Carlos Reutemann y Jorge Busti. Ese bloque podría arrimar a otros peronistas díscolos, como los que encabeza el salteño Juan Carlos Romero. Mucho dependerá del desempeño electoral de cada uno de ellos en sus respectivos distritos, especialmente si el sector puede mostrar algún candidato presidenciable entre sus filas. En esa escudería hasta ahora sólo está inscripto el ex piloto de Fórmula Uno, que disputará a cara o cruz su clasificación en las elecciones santafesinas.

Según los K, el oficialismo logrará retener "la mayoría" de las bancas que pone en juego. Como argumento, esgrimen una de las provincias más desfavorables: Mendoza. Allí no sólo prometen una elección "pareja" con la alianza opositora que encabeza el vicepresidente Julio Cobos, sino que –tras las deserciones– el oficialismo sólo renueva allí una banca propia, que podrá recuperar y aumentar si sale segundo. Pero la ecuación se invierte en Córdoba, Santa Fe y la ciudad de Buenos Aires, donde en el mejor de los escenarios podrían retener uno o arañar dos de los tres escaños que pone en juego en cada uno de esos distritos.

"Todo depende del resultado en la provincia de Buenos Aires", sostienen todas las fuentes del oficialismo parlamentario consultadas por Página/12. Un triunfo de Néstor Kirchner en el distrito más populoso del país no sólo le garantizaría una importante cantidad de bancas sino también el "encolumnamiento" del grueso de la tropa peronista, si nadie del PJ rebelde alcanza un triunfo más resonante.

Abanico opositor

Dentro del espectro de la oposición, el heterogéneo Encuentro Cívico y Social se convertiría en la segunda minoría en la Cámara de Diputados con alrededor de 60 legisladores. Habrá que ver cómo se consolida el trabajo legislativo de una alianza que no ha logrado sellar acuerdos sólidos entre todos sus miembros en la mayoría de los distritos y donde conviven tres precandidatos presidenciales (Cobos, Elisa Carrió y Hermes Binner), que intentarán abrirse camino en la elección de hoy.

Hasta ahora la UCR, la CC y el PS mantuvieron sus propias bancadas legislativas, aunque confluyen en un interbloque que rara vez funciona como tal y al que ahora habrá que sumar a los diputados de Cobos. Si bien coincidieron en oponerse a proyectos oficialistas como las retenciones móviles y la estatización de las AFJP y Aerolíneas, nunca lo hicieron respaldando una propuesta común. Difícilmente recalen ahí los diputados que obtenga la lista cordobesa de Luis Juez.

Pese a las ambiciones de Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá, sus huestes no alcanzarán el rol de segunda minoría a la que aspiraban, pero se convertirían sí en el tercer interbloque más numeroso, que reuniría algo menos de una treintena de bancas. El macrismo ganaría en la ciudad de Buenos Aires, pero estaría muy lejos de la performance que logró su jefe en la primera vuelta por la disputa del gobierno porteño de 2007 y le alcanzaría, en el mejor de los casos, para renovar las cinco bancas que pone en juego. Todas sus expectativas están puestas en el resultado que lograrían sus aliados bonaerenses.

Allí confluirán el PRO, el bloque, Unión Celeste y Blanco, de De Narváez y el bloque Unión Peronista que Solá armó con los emigrados del kirchnerismo, que a su vez podría sufrir la baja de los cordobeses si se logra armar el interbloque del PJ rebelde. También se arrimarían ahí algunos monobloques de partidos conservadores provinciales. Todavía es incierto el futuro alineamiento de los cinco diputados puntanos que mantendrán los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, que en estas elecciones jugaron sus propias fichas en cada distrito.

Las bancas del progresismo se convertirán en uno de los péndulos que pueden inclinar las agujas hacia uno y otro lado en una Cámara de Diputados, donde –después del 10 de diciembre próximo– ninguna fuerza tendría la mayoría asegurada. Aunque disminuido, el SI conservará 4 diputados y están además los monobloques de Claudio Lozano y Miguel Bonasso y las diputadas Vilma Ibarra, Cecilia Marchan y Victoria Donda. A ellos habría que sumarles –si se cumplen los pronósticos– los tres legisladores que lograría en la Capital Federal Fernando "Pino" Solanas con Proyecto Sur y dos de Nuevo Encuentro, si Martín Sabbatella consigue perforar el piso del tres por ciento del padrón electoral bonaerense.

Ni el más ajustado cálculo previo, con encuestas en mano y los más diversos pronósticos, puede precisar lo que la apertura de urnas develará hoy por la noche. Entonces, habrá que hacer los números nuevamente.

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