Congelamiento salarial y “sin vacantes” en el Estado

Sapag reunió a los intendentes, en procura de dar pasos concretos hacia el pacto social o de “convivencia”. El gobierno quiere mantener congelados salarios hasta febrero del año próximo por lo menos. Y no incorporar más personal para que no siga aumentando el gasto. Esto, tanto para el Estado provincial como para los municipios.
El gobierno de Jorge Sapag dio este jueves el primer paso hacia un “pacto social” a la neuquina, una iniciativa de “pautas de convivencia mínima” que el mandatario entiende como estrategia clave para su política de apertura al conjunto de las fuerzas políticas y sectoriales de la provincia.

Lo hizo al reunir a los intendentes neuquinos y buena parte de su Gabinete, con Ana Pechen, la vicegobernadora y presidenta de la Legislatura también participando, en un momento clave para la provincia, un fin de año pleno de conflictos, con alto nivel de confrontación y con graves hechos de violencia que alcanzaron su punto cúlmine con un policía gravemente herido, otra vez en el barrio Confluencia.

Dos aspectos le interesaron destacar a Sapag en el encuentro político-institucional más relevante del año que termina.

La conflictividad social, que engloba desde las protestas sindicales y sociales hasta la violencia enquistada –por una multitud de factores- en la sociedad neuquina; y la relación dialéctica que tiene este panorama con la situación financiera y económica del Estado.

Más allá de los discursos, y de la elaborada formalidad retórica con que se suelen presentar los temas, lo cierto es que al gobierno de Sapag le interesó recalcar a los intendentes que hay que cumplir dos preceptos básicos: 1) congelamiento salarial hasta –por lo menos- febrero del año próximo; y 2) congelamiento de las plantas de personal, para no seguir incrementando el gasto público.

Como contrapartida de estos dos factores restrictivos, balancean la cuestión los ingresos por la renegociación de contratos petroleros, que permitirán hacer obras en cada uno de los municipios, además de reforzar sus cajas, siempre alicaídas.

En este contexto, Sapag predicará con el ejemplo: el mensaje para los intendentes es que se mantendrá el diálogo con los gremios estatales, pero sin dar a torcer el brazo en incrementos salariales durante lo que resta del año.

No es, en realidad, una pulseada muy difícil, porque está centrada en el gremio docente, que está a un mes de terminar las clases, y pasar por ende al receso de fin de año, que incluye inexorablemente vacaciones para la actividad sindical combativa.

El diálogo, obviamente, incluye a los docentes, pero la cuestión salarial se pasará al año próximo. Igual se hará con las paritarias estatales, buscando la manera de equilibrar representantes paritarios entre los gremios en conflicto, ATE y UPCN. Lo ideal para el gobierno sería que los dos vayan a la paritaria con igual número de representantes, pero para eso hay que hacer una prolija alquimia de cuentas de afiliados, con las auditorías del caso para que no se transforme en una farsa.

Por lo demás, el tema de la violencia social –con epicentro en Confluencia, que se ha convertido, como se preveía, en un caso testigo- será parte del “pacto social a la neuquina”, o “pacto de convivencia”.

No hay mayores innovaciones aquí: se tratará de hacer amplias convocatorias, para que la mayoría de las representaciones políticas y sectoriales produzcan un pronunciamiento común, con participación de las iglesias incluida.

La raíz de la violencia será tema de análisis profundo, aunque de dudosa resolución. Semejante problema tal vez exija de prolijidad institucional durante varias generaciones, mejora en la educación, y sobre todo remedio para la enorme brecha que –cada vez más grande- separa a ricos de pobres en la sociedad neuquina.

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