Confesó Juez que priorizó pacto con Daniele y no a los vecinos

Sigue la pelea por la herencia-caos que Luis Juez le dejó a Daniel Giacomino en la Municipalidad. Tras el silencio inicial del miércoles, el ex intendente volvió ayer a la verborragia habitual. Insistió en que lo denunciado por el actual intendente es maniobra de campaña por mandato K y evitó hablar de la herencia.
Teme Juez que su penosa gestión se convierta en eje de debate hasta el 28. Es consciente de que eso amenazaría su capital político. Pero su incontinencia verbal lo llevó a una confesión reveladora. Dijo que jamás se pelearía con los trabajadores municipales. Puso en evidencia de ese modo que su pacto con Rubén Daniele nunca incluyó obras y servicios para los vecinos. La ciudad aún hoy sufre las consecuencias de esa determinación.

"Yo reivindico mi derecho a tener con los trabajadores una relación maravillosa; yo no estoy para el conflicto", así dijo ayer Luis Juez en el marco de su discusión pública con el intendente Daniel Giacomino, por el inmenso gasto en sueldos que tiene el municipio como consecuencia de la dispendiosa designación de nuevos empleados que tuvo su gestión.

Fue sincero Juez en estas afirmaciones, incluso exacto hasta la literalidad al definir como "maravillosa" su relación con el Suoem, declinando absolutamente a favor del gremio la función natural que tenía como empleador.

Con éstas y otras declaraciones, Juez se metió de lleno, muy a su pesar, seguramente, en la polémica abierta por Giacomino, porque su campaña electoral, que se ha alterado inevitablemente, ya no es un torneo anti-K entre él, el peronismo y la Unión Cívica Radical. Ahora esa agenda contiene, insoslayablemente, las acusaciones de Giacomino sobre su gestión y, además, el juicio político en la Legislatura contra Miguel Ortiz Pellegrini, el principal alfil de Juez en la Unicameral, por su multimillonario patrocinio contra la Tamse.

Si bien Giacomino, con su ya famosa solicitada, nunca llegó tan lejos en las críticas a su antecesor, también Juez igualó su mejor marca contra su ex amigo y socio, cuando supo calificarlo de "boludo".

Ayer lo comparó con Fernando de la Rúa y dijo que no sabe gobernar, que para hacerlo parece ser que necesita echar empleados y que ha gastado mal los recursos. "En diciembre de 2007 salieron de la emergencia, aumentaron los sueldos a los funcionarios y se hicieron cargo de la Crese, sin tener espaldas para ello", dijo. Y remató: cuando uno gobierna sin planes, le sucede lo que le pasa a Giacomino".

Contando como aliada la pasividad de las preguntas periodísticas, Juez casi no habló de los 5.000 empleados por él designados, de la jerarquización de la mitad del plantel a la categoría mejor paga de planta permanente, ni de la generalización de bonificaciones -que hasta el propio Germán Kammerath supo contener-, los principales males que han puesto ahora al municipio al borde del quebranto económico.

Fue durísimo con Giacomino, su candidato a intendente el 2 de setiembre de 2007. Por esto mismo, si sus críticas fueran certeras, debería hacer su mea culpa.

Eso hizo José Manuel de la Sota 31 de enero de 2002, desde Río Cuarto, cuando pidió disculpas públicas por haber impulsado la candidatura de Kammerath a intendente. En aquel caso hubo pedido de perdón pero no perdón electoral: dos años después, los vecinos de Córdoba pusieron de rodillas al candidato a intendente del peronismo -Alfredo Keegan- con un modestísimo 18 por ciento de los votos.

Tal vez Juez confía que si a su archienemigo no le fue bien disculpándose, él no debe hacer lo mismo. En cualquier caso habría que recordarle, ante una eventual reedición de su conocida y exitosa táctica de victimizarse, que ahora deberá remar con laderos a los que no les van a creer ni aunque se corten las venas: Ortiz Pellegrini y Rubén Daniele.

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