Confesión De Parte

Lentamente, van saliendo a la luz los detalles del Operativo Kukyto del viernes pasado. Mac Karthy confesó que la justicia penal no había autorizado el desalojo y sumó un dato adicional: se habría filmado ilegalmente a los manifestantes de este lunes.
"Lo invito a que venga y vea las imágenes. No eran más de 150" los movilizados, le dijo Mac Karthy a la radio LU20, en una extensa entrevista en la que no se arrepintió de nada, al menos por ahora, por que los datos que dejó son más que jugosos.

Es que si la Intendencia dispone de imágenes propias, o de la Policía de la Provincia, lo que ha hecho no es otra cosa que un delito, porque la Ley de Defensa de la Democracia impide hacer inteligencia sobre los ciudadanos, precisamente para limitar los márgenes de acción de funcionarios estatales tentados por el autoritarismo.

Es bastante factible que no haya una investigación sobre el hecho, porque fiscales y jueces no muestran demasiada inclinación a involucrarse en este tipo de sucesos, ya sea por falta de vocación democrática, por temor a las presiones o por liso y llano desconocimiento de las leyes, vaya uno a saber, pero lo cierto es que las declaraciones de Mac Karthy fueron casi una confesión explícita de esos hechos.

En esa misma entrevista, el jefe comunal reveló que el Instituto Provincial de la Vivienda, a quien le pertenecen los terrenos donde se desarrolló la violenta represión del viernes último, había formulado una denuncia penal por la presunta usurpación de esos lotes e informó que la justicia había denegado el pedido de desalojo, al considerar que el asentamiento no reunía las características de una usurpación.

Por eso se entiende la insólita intervención del Juez de Faltas, Marcelo Gélvez, cuyas facultades para ordenar lo que ordenó son más que dudosas, según indican abogados expertos en Derecho Constitucional, quienes sostienen que ninguna Carta Orgánica puede otorgar lo que la Constitución no manda.

Imperturbable, Mac Karthy culpó al diputado provincial Fernando Urbano y al abogado Eduardo Hualpa por los incidentes y se desligó de toda responsabilidad propia.

Tampoco tuvo un solo reproche hacia la violencia desmedida, lo que lo convierte en un modelo de lo que no debe ser un hombre de la política, que se supone creen en algunas cosas más valiosas que la cambiante suerte que suelen deparar las elecciones.

Desde siempre, suele decirse que los militantes sociales y políticos se entregan a esas tareas para cambiar, aunque sea en parte, la realidad que les toca vivir y para preservar valores humanos inalterables, como la resolución pacífica de los conflictos y el respeto por el sufrimiento de los más pobres.

Esa parte de la teoría parece habérsele perdido a Mac Karthy y talvez ya es tarde para que la aprenda. O al menos para que la entienda.

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