Una conferencia que corre el riesgo de concluir en un fiasco

Por: Oscar Raúl Cardoso

Los que derrotaron a la Alemania de Adolfo Hitler lo entendieron bien, aun mientras veían caer las paredes del Reichstag frente a sus ojos: el monstruo había sido derrotado en uno de sus muchos rostros, pero como fenómeno cultural -y, por ende, político también- seguiría buscando refugio en la condición humana durante un largo tiempo. Y todavía lo sigue haciendo.

Si esto es así ¿por qué mantener un foro como el de la llamada conferencia de Durban II que se realiza actualmente en la capital de Suiza para debatir la problemática de los derechos humanos bajo la cobertura de Naciones Unidas? ¿Por qué este foro debe convertirse en una suerte de mega voz global a favor del racismo?

Esta versión de la reunión sigue -o pretende seguir- el ritmo de una sesión inaugural del año 2001 de la cual pocos recuerdan el tenor de los debates y menos aún si allí hubo un aporte sustancial a los mismos. Aquello terminó en un fiasco y esta versión sin duda corre el mismo riesgo.

Pero los memoriosos pueden reconstruir cómo el presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, secuestró la sesión final de aquella reunión para atacar políticamente al Estado de Israel y volver a intentar ganar adeptos para su tesis según la cual el Holocausto ha sido, por lo menos, exagerado en su dimensión por una suerte de conspiración internacional.

Ahmadinejad no dejó -o pretendió no dejar- títere con cabeza. Para el presidente iraní, Israel tiene un "gobierno racista" y comenzó a explicar la lógica según la cual el Holocausto debía ser el manto que cubriera al abandono palestino, privando a ese pueblo de su tierra, el hogar nacional que aún reclama. En unas semanas, lo único que se podrá recordar son las enormidades del pie de Ahmadinejad con el que gusta pisar su propia lengua. Esta vuelta volvió a insistir en su actitud, algo que motivó el explicable retiro de los delegados europeos al encuentro, que no desean quedar asociados al presidente iraní ni en la peor de sus pesadillas.

No parece tener mucho sentido construir estos foros para quienes la verdad no es importante, sino la vena de una determinada línea de interpretación de la historia. Desde esta perspectiva hípersimplista parecería que la conferencia de Durban II era inútil incluso antes de iniciarse. Pero ese criterio supondría aceptar una derrota poco menos que absoluta. La pérdida de fe en el debate de ideas, que es el único modo de repeler fantasmas tan corpóreos como el del racismo.

Cualquier otro intento de falso silencio conspirará siempre contra la idea de la claridad.

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