La conexión oculta de Obama y Jagland, el presidente del Comité Nobel de la Paz

El noruego, que entregó en Oslo el premio más polémico de los últimos años, conocía a Obama desde 2006. Ambos habían hecho lobby para llevar al poder al presidente de Kenia.
De fiesta. Michelle Obama se suma a los festejos por el galardón.

El hombre abrió el sobre y extrajo el diploma donde se leía el ganador del Premio Nobel de la Paz 2009:"Su nombre es... Barack Obama", celebró Thorbjørn Jagland, presidente del comité en Oslo.Y mientras el homenajeado avanzaba a su encuentro, el noruego que fue responsable de una de las decisiones más controvertidas de los últimos tiempos, le sonrió con dejo de complicidad.

En medio del escepticismo que despertó la consagración de un presidente en guerra con el máximo galardón de la Paz, salió a la luz una oscura conexión entre Jagland y Obama. Según esta revelación, en 2006, el entonces novel senador de Illinois y el ex premier y canciller noruego actuaron en conjunto en el lobby que Estados Unidos impulsó para instalar un nuevo líder en Kenia, Raila Odinga, personaje cuestionado por violaciones a los derechos humanos.

Entonces, el interés de Washington en Kenia era meramente estratégico, como uno de los países del Cuerno de Africa, principal ruta del petróleo de Oriente. Tras años de crisis, la presidencia de Mwai Kibaki había revitalizado al país a fuerza de una alianza con China que duplicó su Producto Bruto Interno, llevándolo de 3,9 a 7,1 por ciento. Washington y algunas potencias europeas veían con recelo la irrupción asiática en zonas de su influencia.

Por la sangre keniana heredada de su padre, la Casa Blanca encomendó a Obama, quien aterrizó en Nairobi entre agosto y septiembre de 2006. Ya entonces, fue recibido en la tierra de sus antepasados como un "héroe nacional" y como un líder de la etnia luo que desafiaba a la mayoritaria etnia kibuki hablando de cambio y atacando sin reparos al gobierno central, en un abierto alineamiento junto al dirigente opositor Odinga, líder del Movimiento Democrático Naranja, de cara a las elecciones generales del año siguiente.

"En Kenia hay una crisis, una crisis que está robando a las personas honestas las oportunidades por las que lucharon. La corrupción erosiona al Estado desde su interior. Al final, la gente no puede confiar en el Estado para que cumpla con su misión: protegerlos y promover el bien común", clamó Obama desde la Universidad de Nairobi. Su rally fue cuestionado por injerencia en asuntos domésticos.

Pero la conexión con Jagland llegó después de las elecciones cuyos resultados, en favor del oficialismo, fueron rechazados por Odinga, desatándose una masacre que cobró 1500 vidas y más de 300 mil desplazados en dos meses. Todo el tiempo, detrás de Obama y estableciéndose en su enlace con Jagland, se ubicó el Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés), organización apartidaria con afinidad demócrata financiada por el Departamento de Estado. Con el conflicto en su punto más álgido, Washington volvió a intervenir para evitar un vacío de poder. Y la empresa recayó en Jagland y Obama.

A través de la presidenta del NDI, la ex secretaria de Estado Madeleine Albright, el ex premier noruego fue convocado para actuar desde el Centro para la Paz y los Derechos Humanos de Oslo que aún hoy sigue presidiendo. Jagland encomendó la tarea al ex premier Kjell Magne Bondevik, quien ya actuaba en Kenia desde febrero de 2006 como representante de Naciones Unidas. En forma paralela, desde Washington, Obama volvió a actuar: según el artículo "Los Demonios que siguen cazando Africa" de la revista Time de octubre de 2008, el senador de Illinois grabó un mensaje llamando a la calma transmitido a través de La Voz de las Américas y mantuvo conversaciones con Odinga. El resultado, según el documento del NDI del 7 de julio de 2008, fue una "Gran Coalición" en la cual Kibuki aceptó convivir con Odinga como primer ministro.

La historia no concluyó allí. En noviembre de 2008, Odinga decretó varios días de festejo por el triunfo electoral de Obama y, un año más tarde, Jagland y el demócrata se vieron cara a cara en Oslo, cuando el noruego le sonrió a Obama con dejo de complicidad. Y le entregó el Premio Nobel de la Paz.

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