Condiciones para que el FMI revise la economía

Por: Marcelo Bonelli

El ministro de Economía le pedirá al titular del organismo internacional una serie de garantías para evitar la politización de la misión que encabezaría Nicolás Eyzaguirre.

Amado Boudou iniciará hoy las negociaciones finales para que Argentina acepte la revisión de su economía por parte del Fondo Monetario Internacional.

Para eso el ministro viajó a Estambul con restricciones impuestas a último momento por la Quinta de Olivos, que reflejan los límites de su accionar político. Clarín confirmó que a partir de hoy Argentina pediría a Dominique Strauss-Khan cuatro garantías para avanzar en un acuerdo:

Un compromiso del Fondo Monetario de que la misión será técnica y no politizará su presencia en Buenos Aires. En otras palabras: que los auditores del Fondo no mantendrán reuniones públicas con los miembros de la oposición, economistas privados y hombres de negocios, como habitualmente lo hicieron en el pasado. Así quieren acotar a los auditores y evitar que la misión que encabezaría Nicolás Eyzaguirre se transforme en un hecho político adverso al kirchnerismo en momentos en que aumentan los cuestionamientos a la política económica.

Que la misión sea exclusivamente técnica y evalúe los datos y aclaraciones ofrecidas por la Casa Rosada.

Que los auditores que lleguen a Buenos Aires no tengan posiciones tomadas contra la marcha de la economía argentina. Temen por los cuestionamientos al manipulado INDEC.

Que el dictamen final incluya las críticas que observe el Fondo, pero que también pondere las fortalezas de la economía local. En especial la situación del sistema bancario y del mercado del dólar.

Clarín confirmó en el Palacio de Hacienda que parte de estos planteos fueron ya hechos a Eyzaguirre por Boudou en el marco de las reuniones del G-20.

En el Gobierno creen que el chileno y también Strauss-Khan estarían dispuestos a aceptar las sugerencias. Priorizan otra cuestión: quieren tener el logro político en Washington de incluir otra vez en la órbita del FMI a la díscola Argentina del kirchnerismo. Lo hacen porque los técnicos del Fondo evalúan que la realidad de la economía argentina expresa fuertes desequilibrios macroeconómicos. Ayer, en unos pocos párrafos de un largo documento sobre la economía internacional, ya el FMI criticó al INDEC. Dijo que Argentina estaba en recesión y la señaló como una de las economías que más sufrió la crisis en Latinoamérica. En otras palabras, lo inverso a lo que expresa el discurso kirchnerista.

En contactos previos mantenidos en Buenos Aires, Londres y Pittsburg también se exploró una fecha tentativa para el envió de la misión: sería entre finales de octubre y la primer quincena de noviembre.

Pero Boudou salió ayer de Buenos Aires con una consigna clara: no terminará de acordar nada con el Fondo y menos hará un anunció oficial sin la aprobación de Néstor Kirchner. La cuestión se evaluó esta semana en la Quinta de Olivos y la orden fue terminante: nada se cierra sin la opinión final del ex presidente, el verdadero mandamás en el gobierno de Cristina Fernández. Boudou irá con esa limitación a una reunión clave este fin de semana con Eyzaguirre. Participará también Martín Redrado.

El ministro elaboró un "paper" secreto para conocimiento del matrimonio presidencial, el cual detalla los pormenores de la negociación con el Fondo. También en ese "memo" se precisa cómo están las negociaciones para ordenar el frente externo. Argentina necesita acordar para acceder a financiamiento internacional frente a sus serios problemas fiscales.

El trabajo admite que la propuesta técnica para reabrir el canje de la deuda está terminada y definida con los banqueros del Barclays, Citi y Deutsche. Los bancos lograron que Boudou acepte incluir el pago de intereses vencidos y que aporten menos dinero en efectivo. Garantizan un canje mínimo por 10.000 millones de dólares y un aporte de plata fresca de sólo 1.000 millones de dólares. Igual, por ahora Néstor Kirchner no avaló la transacción. Primero dijo que prefería hacerla el año próximo y, después, que hay que evaluar la nueva situación y hacer los anuncios sólo en Buenos Aires.

En los "informes" del Ministerio de Economía también quedó claro que la negociación con el Club de París, más allá de las intenciones, no presenta avances concretos. El secretario de Finanzas Hérnan Lorenzino admitió en una reunión hermética con banqueros que el encuentro entre Boudou-Lagarde no fue fructífero. Al final, la ministra de Economía de Francia no otorgó una audiencia formal a Boudou, como dejó trascender el Palacio de Hacienda. La conversación fue muy informal en un corto break multitudinario durante la cumbre del G-20. Así, Christine Lagarde cubrió las formas diplomáticas y aprovechó esos breves minutos para trasmitir un mensaje claro: para negociar con el Club de París se precisa una propuesta concreta y por escrito de la Argentina. También, un guiño del FMI. Ramón Fernández, el flamante titular del Club de París, hasta ahora no recibió ningún programa formal de pago por parte del Gobierno. Así sigue en duda el viaje de Boudou desde Estambul a París para sondear alternativas. En el Club de París están molestos con los amagues argentinos. Desde la época de Roberto Lavagna todos los ministros dijeron que iban a normalizar las relaciones y ninguno lo concretó, por la negativa final de Kirchner.

Esto y la situación interna fueron analizadas en el "retiro" que la cúpula de la Unión Industrial. Hubo exposiciones muy críticas hacia el Gobierno y una coincidencia: la economía está mejor, pero el rumbo político del kirchnerismo inunda de incertidumbre a los hombres de negocios.

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