La UCR condiciona el futuro de Cobos condiciona

La UCR condiciona el futuro de Cobos condiciona
El cobismo replicó con dureza las críticas de sus socios radicales. El conflcito interno puso en discusión la candidatura presidencial del mendocino. Se barajan alternativas.
Julio Cobos está arrinconado. Su voto a favor de la remoción de Martín Redrado volvió a colocarlo al lado del kirchnerismo. Una foto que para los radicales resucita los fantasmas de la "traición" de 2007, cuando el mendocino se incorporó al proyecto de Cristina y Néstor Kirchner llamado Concertación Plural. La senadora Laura Montero, su ex ministra de Economía en Mendoza, y una de las colaboradoras más cercanas, fue la única voz que salió en su defensa. Lo hizo criticando a Gerardo Morales y Elisa Carrió. Lejos de ser un contraataque efectivo, la respuesta dejó en evidencia la soledad del vicepresidente. Generalmente, Montero es el alter ego de Cobos. Ayer lo reforzó al difundir sus críticas en un comunicado que llevó el logo oficial de la Dirección de Prensa del Senado. De manera impensada, el Gobierno logró así sortear una de sus crisis más serias, abriendo una herida en uno de sus principales adversarios. Una débil revancha por aquel voto no positivo contra la resolución 125.

"Me extraña la postura contradictoria adoptada por Morales y Carrió; porque avalar a Redrado es también avalar a Guillermo Moreno y la manipulación de las estadísticas del INDEC", argumentó Montero en defensa del voto de Cobos. Legisladores de la Coalición Cívica consultados por este diario no pudieron reprimir su risa antes de recordar que "fue Cobos quien compartió fórmula con Cristina Kirchner cuando el kirchnerismo ya había dado muchos ejemplos de la manipulación del INDEC". Los lilitos no tienen muchas expectativas en la supervivencia del Acuerdo Cívico y Social. Evalúan que el radicalismo abandonó definitivamente ese proyecto para apostar a la candidatura de Cobos. No lo lamentan, pero interpretan que "rompieron todo por seguir a un traidor".

Aunque intentó bajar los decibeles, el titular de la UCR, Ernesto Sanz, aprovechó los cruces verbales para ponerle un límite a Cobos. "Esperemos que nos acompañe porque este año le va a tocar desempatar muchas veces", dijo después de reconocer que el voto del vicepresidente había generado muchas críticas entre los radicales.

Por lo pronto, en marzo, volverá a reunirse el grupo radical conocido con el nombre de Reafirmación Radical. Un ramillete de dirigentes que reunió en Rosario a Morales, Sanz, Ricardo Alfonsín, Angel Rozas y referentes de varias provincias argentinas que, entre otras razones, intentaba marcar la cancha en la que Cobos tendría que moverse. En esta ocasión, el encuentro se hará en la provincia de Buenos Aires. En parte para respaldar la figura de Alfonsín como referente bonaerense, en parte para alimentar las chances electorales de Mercedes "Chuqui" Taurizano en Pinamar. En la actualidad, Taurizano –que en la interna partidaria se encolumna con Alfonsín– está un punto por debajo de Blas Altieri, el histórico intendente de Pinamar cuyo nombre quedó asociado al "cartero" Alfredo Yabrán.

Lejos de ser incondicional de Cobos, este espacio radical apuesta a definir un programa que marque las líneas del futuro candidato presidencial. Algo que, de alguna manera, Sanz intentó ayer cuando después de negarse a hablar de candidaturas dijo que "la tarea del partido es construir un programa de gobierno".

Al margen de la voluntad de Cobos, la interna radical se desarrolla a su alrededor. A diferencia del denominado Grupo Rosario, el espacio que reúne a líderes históricos como Raúl Baglini, Jesús Rodríguez o Enrique "Coti" Nosiglia tiene todas sus fichas puestas en el mendocino. No desconocen que la política es movimiento y que este año el Congreso estará en el centro de la tormenta. Lejos de favorecer a su candidato, sus decisiones y sus votaciones, pueden desnudarlo y sumar desencantados. No descartan un plan B. Y en ese caso piensan en Sanz. El actual titular de la UCR se enoja cuando se le señala ese escenario. Se reivindica hombre de partido y a lo sumo admitirá que formará parte de un plan B si ésa es la apuesta de la fuerza.

La partida de ajedrez se juega con la pasión que solamente los radicales son capaces de imprimirle. El martes pasado, después de que Gerardo Morales y Ricardo Gil Lavedra hubieran denunciado al vicepresidente del Central, Miguel Pesce, en los tribunales, la pelea se vivió en una reunión de la mesa del Comité Nacional. Visiblemente enojado, Jesús Rodríguez le respondió al jujeño que "había que ser cuidadosos con las denuncias judiciales. No puede ser que el Gobierno haga ocho y nosotros querramos hacer nueve". Lejos de mantenerse en silencio, Morales le contestó que el problema era la UCR porteña que no había expulsado de sus filas a Pesce. Aunque el radical K se alejó de Cobos para encolumnarse con los Kirchner, lo cierto es que cultiva una vieja amistad con Rodríguez, Baglini y el propio Nosiglia. La interna está en pañales y promete crecer a medida que aumenten, si es que aumentan, las chances radicales de acceder al gobierno en 2011.

Festejos mudos en la Rosada

Por primera vez en casi dos años, la Casa Rosada se mantuvo al margen. Después del "voto no positivo" que catapultó al vicepresidente en las encuestas, el Gobierno hizo en los últimos días una excepción: pese a que Julio Cobos volvió a acomodarse en medio de la polémica, no apuntaron sus dardos contra él. En cambio, la pareja presidencial sacó entradas para disfrutar desde el palco la pelea que desató el mendocino con sus propios aliados.

Los festejos mudos de Olivos tienen sus razones: visualizan que después de un enero sembrado de derrotas, aparecen síntomas de resurrección. El tropiezo de Cobos se sumó al cierre del episodio Redrado con la designación de Mercedes Marcó del Pont y a la prometedora operación de seducción de gobernadores para sancionar el Fondo del Bicentenario.

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