Condena del Papa a la violencia racial

ROMA.- Conmocionado, como la mayoría de los italianos, por el brote xenófobo que estalló en los últimos días en Rosarno, una pequeña ciudad en la provincia de Reggio Calabria, al Sur, el Papa llamó ayer a respetar a los inmigrantes y condenó sin medias tintas su explotación.
Benedicto XVI aprovechó el Angelus de ayer para referirse a la violencia racial que sacudió Rosarno. Allí, unos 1300 extracomunitarios que trabajaban en condiciones de semiesclavitud debieron ser evacuados por las autoridades luego de que los italianos "blancos" comenzaron una cacería en su contra.

La denominada "guerra de Rosarno", que dejó un centenar de heridos, comenzó el jueves por la noche, después de que centenares de africanos reaccionaron violentamente a un enésimo ataque racista, cuando unos jóvenes italianos, al parecer por diversión, hirieron con balas de rifle de aire comprimido a dos trabajadores africanos.

En respuesta a este ataque, los africanos quemaron autos y provocaron destrozos, lo que disparó una oleada de violencia racista que obligó a las autoridades a intervenir y a evacuar en autobuses a más de 1300 extracomunitarios. Estos solían vivir en condiciones bestiales en fábricas en desuso, que ayer fueron desmanteladas.

"Un inmigrante es un ser humano, diferente por procedencia, cultura, tradiciones, pero es una persona que debe ser respetada y con derechos y deberes, en particular, en el ámbito del trabajo, donde es más fácil la tentación de la explotación", dijo el Papa. "La violencia nunca debe ser para nadie la vía para resolver las dificultades", añadió.

El ministro del Interior, Roberto Maroni, miembro de la xenófoba Liga Norte, culpó de lo sucedido en Rosarno a "la tolerancia equivocada" de gobiernos anteriores hacia los inmigrantes. Y no descartó que la ?Ndrangheta, la mafia calabresa, haya tenido un rol en las protestas que luego degeneraron en una virtual limpieza étnica de la zona. "Ni siquiera el apartheid que hubo en Sudáfrica obtuvo un resultado similar", denunció Luigi Manconi, presidente de una ONG.

"Fueron hombres de la ?Ndrangheta los que dispararon contra los inmigrantes para demostrar que son ellos los que controlan el territorio", aseguró Alberto Cisterna, fiscal nacional antimafia. "Cuando la gente se sintió agredida fue a pedir ayuda a los mafiosos, que intervinieron para demostrar su fuerza", explicó.

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