Una condena a la muerte

El ministro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni y el rabino Daniel Goldman analizaron la ofensiva mediática en pos de la pena de muerte, desde el punto de vista del derecho y la teología.
"La pena de muerte no es eficiente como forma preventiva del delito", sentenció el ministro de la Corte Suprema de Justicia. Fue uno de los argumentos que se expusieron en la mesa "Reflexiones entre el derecho y la teología", que compartió con el rabino Daniel Goldman, como respuesta a la ofensiva mediática en favor de la reimplantación de la pena capital como solución a los denominados "problemas de inseguridad". El martes, ante un auditorio repleto, en el hall central del edificio de la Comunidad Bet El, los disertantes expusieron sus argumentos legales, jurídicos y teológicos contrarios a cualquier tipo de condena que haga foco en la "muerte del reo". La discusión se basó en un interrogante central que recorrió cada una de las explicaciones de los expositores: "¿Por qué, como una trágica sombra, la pena de muerte acompañó a la historia?", fue la pregunta formulada por el abogado y moderador, Martín Magram, para dar inicio al debate. La "sensación de inseguridad" de un grupo de vecinas del barrio de Belgrano presentes en el encuentro funcionó como cierre y excusa para una próxima discusión.

Sentados en una pequeña mesa frente al auditorio, Zaffaroni y Goldman vistieron informales: camisa, jeans y zapatillas deportivas. El moderador inició el encuentro con una introducción. "En Argentina se condenó a muerte en tres ocasiones. La última vez fue en 1915. Sin embargo, siendo la pena de muerte un recurso tan horrible y aberrante, sigue estando vigente en muchas discusiones", dijo Magram y continuó argumentando a partir de un dato fáctico: "La metáfora ‘ojo por ojo, diente por diente’ está tan arraigada socialmente que, en nuestro país, recién el año pasado se abolió definitivamente la pena capital con la derogación del Código de Justicia Militar". Después de la breve presentación del tema, el moderador dio paso a los disertantes para que explicaran el porqué de la constante recurrencia "a dar muerte" como parte de algunas de las políticas modernas contra la "inseguridad".

Goldman abrió el diálogo. Pese a que en su exposición el rabino recuperó la argumentación teórica del filósofo alemán Zigmunt Bauman, la explicación sobre la actualidad del debate de la pena de muerte fue clarísima: "Condenar a un preso a la muerte es popular. Por eso, la mayoría de los candidatos a presidente en el mundo no se oponen a la pena de muerte". Según Goldman, incluso en la Biblia se sostiene que "aquel que mate tiene que morir", pero es sólo "un deseo primero ante el sufrimiento por la muerte de un ser querido. Después, con la reflexión teológica se lleva ese sentimiento al absurdo", explicó el rabino.

El religioso pensó por unos segundos y continuó su explicación con "un ejemplo revelador": "Cuando Caín mató a Abel, Dios no aplicó la venganza de la muerte". Además, para Goldman, en la sociedad actual "muchos discursos se movilizan a partir de intereses económicos muy fuertes que prefieren la sofisticación y espectacularidad de la muerte ante la simpleza de la vida", concluyó el rabino.

Con el auditorio en completo silencio, Zaffaroni comenzó a disertar. "El sistema penal punitivo ha matado más gente que una guerra y no hay crueldad que no haya cometido. El nazismo fue el ejemplo más nefasto", dijo el ministro de la Corte. Para Zaffaroni, es un problema netamente político y económico: "La pena capital se reduce sólo a los Estados Unidos, donde los fiscales, como son elegidos por el pueblo, apelan a la identificación con las víctimas. Luego, ese modelo de venganza se expande por las imágenes de los medios de comunicación y la publicidad al resto del mundo y se cree como real", aseguró el magistrado. Modelo punitivo, según Zaffaroni, "económicamente fructífero para el rating: cada tres minutos uno ve series sobre asesinos y violentos. Esto da plata y, como consecuencia, se reproduce en los noticieros haciendo del delito una banalidad: muere Alfonsín, hay epidemia de dengue o vuelve el conflicto con el campo y la inseguridad desaparece".

Como cierre de la disertación, Zaffaroni concluyó con un diagnóstico un tanto desolador: "Estoy seguro de que no se va a reimplantar la pena de muerte en Argentina, pero si no cambia el sistema van a morir muchas personas en seudoenfrentamientos con la policía".

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