Concluye la exploración offshore de YPF en la Cuenca San Jorge

Concluye la exploración offshore de YPF en la Cuenca San Jorge
En el lecho marino de la Cuenca del Golfo San Jorge existe petróleo. Pero los primeros indicadores del proyecto de exploración que inició YPF en setiembre del año pasado con una inversión de 160 millones de dólares apuntan a que el eventual rendimiento de los pozos explorados sería similar a los de tierra. Se sabe: la inversión necesaria para producir costa afuera es diez veces superior a la que se realiza onshore, por lo tanto la explotación no sería viable. De todas maneras, los equipos técnicos de la compañía aún no han tomado una decisión definitiva. Diario Patagónico estuvo a bordo de la plataforma offshore "Ocean Scepter".
La plataforma "Ocean Scepter", contratada por la empresa YPF para llevar adelante el proyecto de exploración offshore en la Cuenca del Golfo San Jorge Marina, inició la perforación del último pozo. Una vez concluida la tarea, la impresionante estructura dejará de ser parte del paisaje costero de Comodoro Rivadavia.

La operadora invitó a Diario Patagónico a visitar la plataforma, ubicada en este momento a unos 30 kilómetros de la costa de la ciudad en una imaginaria línea diagonal al aeropuerto General Mosconi. Allí, tras una extensa recorrida por todas las instalaciones, se pudo saber que en los próximos días concluirá el trabajo exploratorio del proyecto "Aurora" con la culminación del cuarto pozo proyectado.

RESULTADO POCO ALENTADOR

"No tuvimos los resultados que habían generado nuestras expectativas", sostuvo un alto ejecutivo del área de exploración de la petrolera a bordo de la plataforma offshore.

Como se apuntó, el objetivo principal del "Aurora", así se bautizó al proyecto en homenaje a una de las secretarias más antiguas de la compañía, apuntaba a identificar la potencialidad del área como productora de hidrocarburos.

"Ahora sabemos que el yacimiento existe", agregó el ejecutivo y completó: "de los tres pozos perforados hasta ahora, hemos realizados ensayos sólo en el primero; y en los otros dos todos los análisis de perfiles". El resultado de esos ensayos desalentó las expectativas empresarias. Existe petróleo, pero los indicadores apuntan a que el eventual rendimiento de ese pozo sería similar a uno de tierra. Se sabe: la inversión necesaria para producir costa afuera es diez veces superior a la que se realiza onshore, por lo tanto su explotación, en las condiciones actuales –tanto tecnológicas como económicas–, no sería viable.

De todas maneras, los equipos técnicos de la compañía aún no han tomado una decisión definitiva ya que restan aún incorporar los datos que se obtengan de esta última perforación y realizar estudios más profundos, complejos y globales del comportamiento de las capas geológicas exploradas.

Si las conclusiones a las que arriben los especialistas son positivas, la operadora podría avanzar a la siguiente etapa del plan: llevar a cabo pruebas pilotos mediante pozos direccionales. Estas permitirán evaluar la productividad del área, lo que podría desembocar en los próximos años en inversiones que rondarían los 1.000 millones de dólares. Para llevar adelante la exploración, YPF invirtió una suma superior a los 160 millones de dólares. Para dar una idea de la complejidad económica de la operación se advirtió que para el mantenimiento de la "Ocean Scepter" es necesario desembolsar 500 mil dólares diarios.

UN "EDIFICIO" EN EL MAR

En estos días, la imponente estructura pude observarse desde las costas de la zona norte de Comodoro. Por la noche, su iluminación asoma en la oscuridad como si se tratara de un complejo habitacional.

Aunque posee tres niveles, vista desde el mar la plataforma se asemeja a un edificio de seis pisos en cuyo interior se encuentran las habitaciones para el personal, un gran comedor (abierto las 24 horas), dos salas de estar (una para fumadores) equipadas con pantallas de LCD y computadoras para uso general, un gimnasio, un mini hospital, oficinas y salas de comando, entre otras dependencias.

En el exterior: el helipuerto, cuatro botes salvavidas, los tanques de almacenamiento, dos grúas, todo tipo de instalaciones y la "estrella": el equipo de perforación a cargo de la empresa "Diamond offshore".

Estas 15.600 toneladas se apoyan en tres patas que pueden descender hasta 97 metros de profundidad y permiten elevar la plataforma hasta unos 30 metros sobre el nivel del mar. Cada una de ellas posee una base de 14 metros de diámetro.

Allí, sobre esa estructura de hierro, 100 personas trabajan diariamente en turnos de doce horas. Un grupo lo hace durante 14 días corridos (luego descansa otros 14 días en tierra) y se produce el recambio; otro, el afectado a tareas de supervisión, en su mayoría integrado por extranjeros, lo hace durante 28 días (y descansa otros 28).

Para llegar es necesario abordar un helicóptero y volar durante aproximadamente 20 minutos, previo paso por la zona de embarque que incluye una charla sobre las medidas de seguridad y enfundarse en un traje especial que protegerá al pasajero ante un eventual amerizaje.

Sobre la plataforma, un equipo térmico espera al trabajador. Esta indumentaria laboral se complementa con un casco, botas con punta de acero, gafas de seguridad con protección lateral y, eventualmente según el sector, protectores auditivos.

Pero en la "Ocean Scepter" no todos son "petroleros". Por cada turno de 14 días, hay un médico, enfermero, cocineros, personal de maestranza y limpieza, técnicos de reparación y personal de apoyo. Al menos una vez a la semana todos ellos escuchan el sonido de diferentes alarmas. Es la señal que marca un simulacro de evacuación. Deben dejar la tarea y asumir la responsabilidad que cada uno de ellos tiene asignada ante este tipo de evento.

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