"La Concertación hoy está secuestrada por los odios y la lógica del pasado"

El diputado que dejó el socialismo y es la gran sorpresa de la campaña chilena pasó por Buenos Aires.
El huracán Ominami ofrece café, sirve café en el restaurante de un hotel porteño. Sonríe, gesticula, habla con énfasis. Dispara frases redondas casi sin intervalo entre una y otra: "Mi país tiene una deuda severa en derechos humanos". "No todo lo que es bueno para EE.UU. es bueno para Chile". "Chile tiene que dejar de ser el mejor alumno para pasar a ser el mejor compañero". "La integración con los países limítrofes es prioridad n° 1". "La edad no da el monopolio de las buenas ideas".

Hay que decirlo: el huracán Marco Enríquez Ominami hace todo lo posible por parecer un huracán "atenuado", término que el joven candidato independiente de la izquierda chilena -filósofo y cineasta, además de diputado- usa cuando habla de sus propuestas electorales, como si buscara moderar su discurso ligeramente radical, "progresista", dirá él, para no incomodar al electorado más conservador. Ominami dejó el socialismo meses atrás para ir por afuera del sistema bipartidista chileno, compuesto por la Concertación, la alianza entre democristianos y socialistas que gobierna el país hace 20 años y que lleva al senador y ex presidente Eduardo Frei como candidato, y Alianza por Chile, el bloque de la derecha que postula al empresario Sebastián Piñera para las presidenciales de diciembre. "La Concertación fue secuestrada por los odios y lógicas del pasado", dice Ominami, cuando explica que el partido del gobierno utiliza para asustar al votante la lógica usada en su momento por el pinochetismo contra ellos: "Nosotros o el diluvio". A puro deseo y de la mano de un sofisticado marketing político y tecnología, Ominami -hijo del líder histórico de la guerrilla del MIR Miguel Enríquez, asesinado por la dictadura de Pinochet, e hijo adoptivo del senador socialista Carlos Ominami- pasó a morder electorado de la Concertación y a sumar políticos oficialistas a su proyecto, en contra de quienes le indicaban que se estaba "suicidando". Aún marcha tercero, detrás de Piñera y Frei (en ese orden), pero los sondeos posteriores al debate televisivo de la semana pasada confirmaron que el fenómeno siguió deglutiendo respaldo al oficialismo, lo que alimenta sus sueños de ser protagonista de una eventual segunda vuelta.

Como diputado ha presentado proyectos y posturas muy radicales en materia social y política. ¿Por qué cree que Chile preparado para un eventual gobierno suyo?

Hace 10 años dijeron que un socialista no podía presidir Chile. Hace 5 años dijeron que una mujer no podía gobernar Chile. Pero Chile cambió, cambió de verdad, en cosas sustantivas, hábitos de consumo, muy distintos a los de los 90. Por diversos motivos, el padrón electoral es el mismo que el del '88; es un padrón que ha ido envejeciendo y los más jóvenes no se inscribieron masivamente. Mi mayor desafío es convencer a ese electorado que (lo digo de manera torpe) vive aún un poco en la Guerra Fría, en los miedos del pasado y que tal vez no están preocupados por los temas del futuro.

¿Qué les responde a los que destacan el papel de Pinochet en el crecimiento económico de Chile?

Es un debate en el que no me gusta entrar: ninguna política pública justifica 17 años de oscuridad. A nadie en Europa se le ocurre decir decir que Hitler construyó más carreteras y obra pública que otros.

Desde la derecha seguramente buscarán ligarlo a la figura "demoníaca" de Hugo Chávez...

El Chávez que expulsa a funcionarios de Human Rights Watch o amenaza a los bancos no me gusta. Pero al que promueve una Sudamérica más integrada y propone alfabetización con urgencia lo admiro profundamente.

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