El Concejo resucitó su peor cara

Tras la bomba mediática que tiró Luis Juez al hacer pública una sospecha sobre presunto tráfico de favores en el Concejo Deliberante de Córdoba para que se apruebe el aumento del cospel, el líder del Frente Cívico dijo haber logrado –aun sin pruebas que avalasen sus dichos– su cometido. "Desbaraté una red de corrupción", se vanaglorió.
Aun si se da por cierto que el Departamento Ejecutivo estuvo intentando comprar voluntades (como supone Juez), esa afirmación es relativa. Fuera de las versiones interesadas que echaron a correr desde el propio Palacio 6 de Julio, nunca hubo una aproximación matemática y real, que mostrara que el oficialismo iba a reunir los 16 votos que necesitaba.

Lo que sí ha quedado palmariamente demostrado ahora es que las denuncias de Juez terminaron de hacer implosionar a un cuerpo legislativo que ya venía complicado por la atomización de sus bloques y la ausencia de un oficialismo visible y fuerte.

La malograda sesión de ayer, en la que abundaron las descalificaciones y se perdió el más mínimo respeto de banca a banca, revivió las peores tradiciones del cuerpo.

Si el intendente Daniel Giacomino había asumido hace tiempo que poco y nada podía esperar de un cuerpo de 31 ediles donde apenas le responden cuatro, el panorama ahora es más desolador, pero no sólo para el Ejecutivo, sino para el gobierno interno del Concejo, a cargo de Carlos Vicente.

Más allá de las sumas y restas de votos que contabilice cada bloque para sus propios intereses, nadie imagina a futuro un funcionamiento medianamente racional y productivo en un cuerpo donde se desconocen acuerdos respecto de lo que se va a tratar en la sesión, se califica de "corrupto" a quien la preside y se monta un circo de intereses individuales, al que aportan por igual todos los bloques. Así tampoco se construye institucionalidad.

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