El 99,8 % de las comunidades indígenas de Formosa tienen tierras con títulos de propiedad

Los Tobas poseen 60.412 hectáreas, los Pilagás 28.897 hectáreas y los Wichís, 184.508 hectáreas, todas con título de propiedad.

En la provincia de Formosa existen oficialmente tres etnias: Toba (Qom), Pilagás y Wichí. De estos tres pueblos, los dos primeros pertenecen al grupo lingüístico Guaycurú, mientras que el Wichí al grupo Mataco Mataguayo. Corresponde a la etnia Wichí el mayor número de población, siguiendo en orden decreciente la Toba y luego la Pilagás.

Los Wichí viven en el centro oeste de la provincia; los Pilagás en el centro norte y los Tobas en el centro este y oeste formoseño. Los pueblos originarios representan cerca del 8% de la población total. De ese porcentaje, a su vez, la etnia Wichí suma el 54%; la etnia Toba suma el 34% y la etnia Pilagás el 12%.

Un detallado informe de organismos provinciales relacionados con los pueblos originarios de Formosa, revela que actualmente, existen alrededor de ciento cuarenta comunidades con rasgos de estabilidad. Treinta y uno de ellas corresponden al grupo Toba (Qom) y se encuentran en la zona este de la provincia. Asimismo, en la región central ocupada por los Pilagás se distribuyen unas veinte comunidades aproximadamente.

El resto de la provincia, es decir la región oeste, está ocupada por los Wichí, que es el grupo más numeroso, distribuido en unas ochenta y siete comunidades. Si bien la población aborigen se encuentra asentada mayoritariamente en áreas rurales, el porcentaje de variación aumenta en los departamentos del oeste provincial.

Tierras

El informe señala que hay pocos núcleos urbanos, pero a su vez, existen varios núcleos periurbanos en Ingeniero Juárez, Clorinda y en Formosa capital. Uno de los logros más importantes de los últimos años es haber conseguido que el 99,8% de las comunidades indígenas posean tierras mensuradas y con títulos de propiedad.

Los Tobas poseen 60.412 hectáreas, los Pilagás 28.897 hectáreas y los Wichís, la etnia más numerosa, 184.508 hectáreas, todas con título de propiedad.

En lo que concierne a su organización sociocultural, son sociedades simples, organizadas igualitariamente, con absoluta libertad para abandonar el grupo y para disentir, con respeto por la autonomía personal, por el sentido de pertenencia y con fuertes vínculos primarios. Las comunidades de pueblos originarios poseen capacidad para la convivencia y una gran flexibilidad ante los cambios, con reciprocidad entre los miembros de un mismo clan, ya sea por parentesco o por prestigio.

La mujer

La autoridad está basada en cierta reputación o habilidad para algunas actividades. Pero en general, son sociedades orales en las que tiene valor la palabra. Socialmente, la mujer es la transmisora de la cultura ya que está, aún hoy, encargada de la educación y ésta está regida por la libertad, la persuasión y el consenso.

Respecto de su organización política, la relación con la sociedad blanca provocó en las comunidades de pueblos originarios indígenas una convivencia entre fórmulas tradicionales y otras dependientes de dicha relación. De la población indígena, los Wichí, los Pilagás y, en menor grado, los Tobas (Qom), todos hablan el idioma tribal. Mientras que pocos -especialmente los jóvenes, no así los ancianos y mujeres-, hablan corrientemente el castellano. Por lo tanto, la comunicación resulta de una gran diversidad, adoptando ellos la función de traductores o decodificadores en esta relación.

Las familias se mantienen extendidas y persiste la idea del clan, aunque muchas veces vivan en comunidades diferentes, incluso cuando los recursos del monte y las áreas de caza, pesca y recolección de frutos sean más difíciles de conseguir.

Ley 426

Desde la Ley Provincial Nº 426 - Integral del Aborigen, toda una historia de reivindicaciones se hizo realidad; la propiedad de sus tierras; la documentación y registro de personas; la extensión de servicios de salud por agentes sanitarios aborígenes; la incorporación a la seguridad social (pensiones por edad e invalidez); la incorporación al empleo público en el rubro de servicios (maestros auxiliares aborígenes, agentes sanitarios, delegados de registros); la formación de jóvenes con salida laboral (agricultura, apicultura).

Las comunidades están organizadas legalmente como asociaciones civiles, lo cual permitió la titularidad de sus tierras y el avance en la ocupación de espacios propios en el contexto provincial. En relación con su organización socioeconómica, las comunidades indígenas de Formosa han desarrollado una economía de subsistencia basada en diversas actividades tradicionales y también modernas, como por ejemplo, la caza, la pesca, la recolección de frutos del monte, la agricultura y ganadería -en menor escala-, la producción de miel y la fabricación de diversas artesanías.

En ese sentido, los Wichí, los Pilagás y los Tobas (Qom), además ofrecen su mano de obra en trabajos temporales y estacionales en propiedades privadas y también en obrajes, donde trabajan con postes, rollizos para tanino, cosecha de algodón y caña de azúcar. A partir del acceso a la propiedad de la tierra se iniciaron procesos de ganadería mayor y menor, de agricultura para alto consumo y de apicultura en algunas regiones del oeste. Las incipientes actividades económicas son principalmente para autoconsumo.

Entre otros cultivos, figuran: zapallo, coreanito, maíz, sandía. Salvo la miel y el algodón, con el resto cubren sus necesidades de alimentación. De todas maneras, es de destacar la extensa superficie que cultivan, la mayor parte destinada al autoconsumo y sumando las plantaciones de algodón. Estas actividades requirieron del apoyo económico, técnico y financiero de organizaciones públicas y privadas para el montaje de las infraestructuras mínimas y necesarias para estos emprendimientos productivos.

Comentá la nota