Una comunidad simple que no pidió planes sociales para renacer

Los afectados por el temporal sólo le pidieron a la Presidente viviendas, animales y las plantaciones que perdieron
"Según mi hermano, a estos bichitos no hay que matarlos", le comentaba un niño de no más de diez años a otro que no superaría los nueve años. Se referían a varios dibujos hechos por estudiantes, sobre el loro vinoso y que se encontraban pegados en una gran lámina en una de las aulas de la Escuela de Frontera 613 de Tobuna.

Al parecer, la enseñanza de los docentes empezó a dar sus frutos en estos pequeños. Es que desde 2007, mediante gestiones realizada por docentes de dicha escuela, con el apoyo de los guardaparques provinciales, la Municipalidad de San Pedro declaró al Paraje Tobuna como Capital del Loro Vinoso y sitio de interés para la conservación de estas verdes y bulliciosas aves, considerado en peligro crítico. Los niños que habían perdido sus propias viviendas, estaban angustiados por lo que les habría pasado a estas pequeñas aves durante el temporal, mientras sus padres intentaban recuperarse de los efectos del arrasador tornado ocurrido en la noche del pasado lunes.

El lugar era utilizado, tanto por los afectados como los funcionarios, quienes desde allí planificaban asistir a los damnificados. Tanto en esta como en otras aulas, los rostros de tristeza se mezclaban con la fortaleza demostrada por estos pobladores que hacen patria selva adentro y a sólo 15 kilómetros de la frontera con Brasil.

Fortaleza inquebrantable

Tanta desgracia no doblegó la fortaleza de esta gente acostumbrada a la hostilidad del clima. "No hay nada para hacer con la naturaleza y los designios de Dios", dicen estos humildes pobladores. La mayoría, de fuerte religiosidad, consideran que son designios divinos lo ocurrido y sólo aguardan volver a comenzar.

Es que cuando hay sequías, pierden sus producciones, como cuando el agua viene acompañado de granizo y como ocurrió ahora, cuando la furia de la naturaleza termina diezmando familias enteras y destruyendo en pocos minutos, el sacrificio de muchos años que demandó limpiar, plantar, esperando ver los frutos de su proyecto productivo que este año será escaso a nulo.

El predominio de la economía familiar y rural de subsistencia, hizo que los afectados rogaran a la presidente Cristina, sólo recuperar sus animales muertos y conseguir plantines, tal el pedido que antes le hicieron también al ministro del Agro y la Producción, Alex Ziegler, cuando éste recorrió la zona devastada.

"Perdimos todo, señora" le dijo a la presidente Cristina, una mujer de rostro triste, manos callosas y ojos transparentes. "Hasta los zapatitos de los chicos se llevó el viento y sólo pudimos recuperar uno", expresó acongojada, mientras chapoteaba barro junto a la mandataria nacional.

"A mí me mató la tormenta como unas tres vacas y necesitamos esos animales", fue el pedido realizado a la presidente de la Nación ,quien quedó impresionada, tal vez porque es la primera vez que no necesitó hacer grandes anuncios para resolver el problema de los afectados. "La gente que nada tenía, lo único que pedía eran las dos o tres vacas que habían perdido. ¡Cuánto deberíamos aprender de estas personas!", dijo la funcionaria.

Seguramente venía a Misiones pensando en la cantidad de planes sociales que debía otorgar o algún fondo de compensación. Pero ni siquiera se insinuaron pedidos semejantes.

Los pequeños productores, golpeados anímicamente, sólo reclaman seguir trabajando de manera digna, como siempre lo hicieron. Hasta ahora, cuando el vendaval golpeó sus proyectos. Pero en medio de la desgracia, siguen encontrando fuerzas y disposición para volver a comenzar; en lo posible cuánto antes, pensando en reconstruir sus vidas.

Como se apreciaba en los dibujos pegado en la escuela, los loros vinosos que también vieron reducido sus lugares, tendrán que reconstruir sus nidos en las chacras, para poder continuar. Todo es parte de la naturaleza, aunque a veces resulta difícil de entender la inusitada fuerza del fenómeno natural que cobró 11 víctimas fatales.

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