De compromisos y defecciones

Se ha cumplido un año de gestión de Acción Marplatense al frente del municipio de General Pueyrredon. El intendente Gustavo Pulti prestó una sonrisa forzada a la cobertura del evento en la tapa del diario La Capital, y anunció que mantiene sus convicciones de llevar adelante cambios profundos en la administración de la ciudad.
Para completar un panorama exultante, Pulti dice a sus allegados o eventuales contertulios: “lo hemos logrado todo; la Davis, el predio de disposición final, y ahora el emisario submarino”. No cita el fraude de la ferroautomotora, nada menciona sobre la falta de transparencia en materia de gasto en la Davis, y menos aun del remanido anuncio de la incorporación de 57 médicos a la planta municipal.

Dos defecciones en las últimas semanas marcan el ritmo del deterioro real que provoca Perogrullo: la renuncia del delegado de Sierra de los Padres, Fernando Giangreco, y la partida inminente, definitiva del director de Transporte y Tránsito Juan José Arteaga. No debo dejar de mencionar, además, el alejamiento de Fernando Caamaño. Es decir, toda gente que se va sin hacer barullo, silenciosamente, y que si hablara impactaría enormemente sobre la vida política local.

El intendente GAP no ha llevado adelante un solo proyecto propio, está colgado de los planes y logros de la gestión que lo precedió. Las tareas de reparación de la cinta asfáltica, el cambio de luminarias, los trabajos en los centros de salud, todos fueron gestionados por Jorge González y Guillermo de Paz. No hay una sola cuestión iniciada y terminada por esta administración, sólo continuidad y conclusión de lo anterior. La pregunta, entonces, es: ¿y en 2009, qué? La partida de Arteaga ya es un hecho, así como la de Juan Guiñazú, que aunque busca bajarle el perfil a la situación ya no da más en su relación con un intendente que todos apuntan hace crisis histéricas a repetición.

La piedra de toque en la relación con Florencio Aldrey Iglesias la puede poner la compraventa del terreno anexo al predio ex Venturino, por el cual FAI pretendía dos millones de dólares, pretensión que Daniel Víctor Katz Jora no le consintió. Esa idea de que la comuna adquiera a un precio inasible para el sentido común y el orden legal vigente aparece destinada a naufragar en el Concejo Deliberante, pues los votos que se le negaron a Iglesias para obtener una ordenanza sobre grandes superficies a su medida también están para negarse frente a un negociado infame. Fue el concejal Diego Garciarena el que puso el listón: “el proyecto de ordenanza para la compra de ese predio lindero al ex Venturino no es una prioridad para el Concejo”.

Según se nos cita, el intendente está enfermo de soberbia, no escucha a nadie, sólo toma una parte de la historia y no ha establecido un mínimo ámbito de reflexión política u operativa. En sí nada nuevo: esta estúpida condición ya la conocemos; la padeció fuertemente Blas Aurelio Primo Aprile, y no le fue ajena a Daniel Víctor Katz Jora.

Una vez más, un intendente electo por el voto popular, defecciona, entrega el mandato ciudadano a un sujeto que ante ellos, los políticos, actúa como el patrón y hace y deshace a su antojo en materia de negocios públicos. Una historia que no por repetida deja de ser tremendamente vergonzante.

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