El compromiso de seguir: Hasta el 2011 sin escalas

La actividad en el exterior de Daniel Scioli no separó a éste de lo coyuntural del mundo doméstico bonaerense.

En ese sentido, hubo de todo un poco, desde la preocupación por la conflictividad social con paros de distintos sectores como administración pública, educación y médicos de hospitales públicos, pasando por la tirantez que dejó un caso emblemático como la Kraft o ex Terrabusi. Pero tampoco pasó desapercibido que desde Miami haya adelantado por enésima vez que no iba a asumir como diputado nacional electo en diciembre próximo.

Si empezamos por este último tema, vamos a tener por delante unas cuantas aristas que los memoriosos no van a poder olvidar. Esto es, que una simple presentación por escrito no va a borrar la serie de marchas y contramarchas respecto de esta cuestión, donde subyace cierta desprolijidad al menos en las formas.

Todo nació con su postulación, allá entre mayo y junio de este año, cuando aceptó acompañar al ex presidente Kirchner en una cabeza de lista compartida, dado que el santacruceño solo no garantizaba la concreción de un triunfo que, por otro lado, tampoco se dio en los hechos.

Las primeras dudas aparecieron por entonces cuando Scioli aportaba mucha incertidumbre a su destino incierto. Incluso su contestación formal ante reclamos de inconstitucionalidad de la oposición fue por demás criticada por hacer más testimonial que real una candidatura, pasando con ciertas exigencias su aprobación. Por aquél entonces señalaba que iba a hacer "aquello que más convenga a la Provincia".

Ahora, el hecho de presentar una renuncia por escrito tiene características positivas, pero también negativas. Entre las positivas se encuentra la de concretar un corte a una historia de meses que tuvo a mal traer al propio Scioli con cuestionamientos de todo tipo hacia su calidad de compromiso y coherencia en el discurso.

También figura como positivo -y como fuerte gesto- el hecho de ofrecer un duro embate a tentativas de usinas kirchneristas que presionaban para que finalmente asumiera en el Congreso y que muchos vinculan con algunos personajes importantes del entorno nacional.

Pero tal vez resalta simultáneamente aquello negativo. Y es la total devaluación de la palabra en alguien a quien la fortuna y su capacidad le mantenían esa condición que ahora se pierde. En términos de política partidaria, Scioli necesita convencer a la opinión pública con un hecho concreto como es un papel firmado, con lo cual está aceptando implícitamente que no ha sido creíble en ese sentido.

Alguna vez había superado con creces, allá por el 2002, un desliz que tuvo cuando firmó junto a Eduardo Duhalde el libro de renunciamientos a eventuales postulaciones a cargos públicos. Pasaron los años y nadie lo juzgó por ello, y fue así que pudo competir libremente para asumir como vicepresidente de la Nación y luego como gobernador.

No es grato que alguien que pronuncie varias veces una afirmación sea motivo de nuevos interrogantes. O quien declara y responde no es claro o convincente, o quien pregunta no cree. Es así de sencillo.

La credibilidad es uno de los capitales más apreciados en política. Scioli arriesgó bastante con el capítulo de las testimoniales que ahora se cierra desde el punto de vista fáctico aunque no en el debate. En otro período de la historia un anuncio frustrado de estas características -como una postulación testimonial y posterior renuncia- era una clara autocondena al ostracismo. Pero, en pleno siglo 21, nada sorprende. No es una situación novedosa de ver un avión que aterriza en una ruta, sino varios. Esto lleva hacia aquello que algún político durante el año 2002 calificó como la tentación de "acostumbrarse al paisaje".

En este caso, la costumbre viene por parte de la opinión pública o mercados como destinatarios del mensaje mediático. El "paisaje" es algo así como lo anómalo que se transforma en cotidiano.

En varios debates de las ciencias sociales y políticas, los estudiosos del post-marxismo señalaban que tal naturalización o el tomar como natural algo que no debería ser normal, se debería adoptar bajo el término de la "reificación". Si bien ese concepto es tomado para cuestiones de relaciones económicas y, en el último tiempo, respecto de relación entre tecnología y el hombre, no sería malo promover un debate acerca de si hay una "reificación" respecto de cómo los ciudadanos reciben ciertas conductas desde la dirigencia política.

Pero la credibilidad de Scioli no se remite sólo en aquellos casos de verificación de incoherencia entre aquello que se dice y lo que se cumple. Sino en la asignación de un sentido de garantía con aquello que se pronostica. Algo así como un concepto de credibilidad ligado a la seguridad.

Portavoces de la oposición pertenecientes al Acuerdo Cívico y Social y del peronismo disidente -y algunos kirchneristas- han advertido que, en su exposición mediática, falta en Scioli esa cualidad que los políticos llevan de tradición innata. Es la de no delegar esas instancias en las cuales no valen equipos ni estructuras y hay que dar la cara. Citan como ejemplo que la embestida de Aníbal Fernández por el conflicto Kraft respecto de cierta pasividad tuvo de parte del gobernador una reacción buena en la intención, pero falta de forma.

Esto, porque se dejó trascender algún enojo o reacción negativa de Scioli ante los dichos del funcionario nacional. Pero en ese momento no lo hizo directamente ante las cámaras, sino que esto ocurrió en el exterior y en un tono más contemporizador. Cabe agregar, como dato, que Aníbal Fernández es uno de los competidores que aspira a recibir el título de Delfín para el 2011, así como Scioli lo obtuvo en 2007.

También advierten una suerte de excesiva delegación en cuestiones de gestión muy bien instaladas en la agenda pública de gestión y de los medios, pero que no tienen un acompañamiento de exposición personal del mandatario provincial tal cual sucedió con antecesores en su cargo.

Por más que lo señalen como algo inoportuno, la derrota del oficialismo de junio instaló el 2011, en términos electorales, antes de tiempo. El movimiento interno en el peronismo bonaerense en su conjunto, con al menos tres o cuatro candidaturas -entre ellas la de Scioli-, está en plena ebullición.

En algunos casos, las usinas, sean estas bien intencionadas o no, aluden a que el gobernador ya está buscando un compañero de fórmula. Su elección, como tampoco había ocurrido realmente en 2007, no recaerá en un eventual competidor como Alberto Balestrini.

Scioli, según señalan fuentes muy calificadas, está sondeando en la famosa liga de intendentes del Conurbano que tienen una relación con el kirchnerismo puro que va desde la incondicionalidad a la equidistancia con el kirchnerismo puro, según de quién se trate.

Los consultados, que fueron varios, aluden a que, si bien es temprano para tomar decisiones, la elección como compañero de fórmula para una interna y, de ser triunfante, para una elección general, podría recaer en el actual ministro de Desarrollo Social provincial, Baldomero Álvarez, o el intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, autor intelectual del sistema de las candidaturas testimoniales.

Sea como sea, ese proceso de estructuración del lanzamiento hacia el 2011 deberá ser lo más sutil posible. Muy pronto se producirán alineamientos de legisladores en torno de las distintas postulaciones oficialistas y en un clima que puede tornarse irrespirable porque los consensos para leyes fundamentales. Esto, sumado a la balcanización del sector opositor, puede traer una situación de tensión y falta de dinamismo en la generación de esas leyes.

En el medio de todo figurará como fondo la creciente conflictividad social que ya dejó varias muestras con paros docentes en el conurbano y en todos los hospitales de la Provincia. La lista de conflictos sigue, y promete un complicado último trimestre. (www.agencianova.com)

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