¿Compraste dólares caro o barato?

Haga un recreo y tómese un rato. Le propongo un juego. Suponga que tiene frente a usted una mesa con dos sumas de dinero. En la primera pila hay 100 dólares. En la segunda hay 335 pesos más la promesa de darle 20% adicional si usted conserva esos pesos durante doce meses. Sólo puede optar por uno de los dos montos. ¿Cuál elige?
No se apresure, reflexione... Mientras tanto le comento que a riesgo de quedar atrapado bajo el karma cinematográfico que reza que “segundas partes nunca fueron buenas” nos animamos a reeditar un post sobre la cuestión cambiaria para actualizar el panorama frente a lo que ya habíamos comentado a fines de junio.

Paradojas de la Argentina actual, nuestro país es visto como una “rara avis” en el concierto económico mundial. Hasta hace seis meses atrás, cuando la suba en el precio de los alimentos hacía estragos en la inflación de varias naciones de la región, la Argentina mostraba (Guille Moreno mediante) una leve alza de precios. La envidia de cualquier nación desarrollada!

Hoy, el fantasma de la recesión nos está tocando la puerta y sin embargo somos uno de los pocos países que apela a una política monetaria contractiva para paliar la crisis. La decisión de la Rosada de defender a capa y espada el valor del peso genera que el Banco Central se vea obligado a vender dólares, aspirar circulante y por lo tanto resta liquidez al sistema. Ello genera dos efectos nocivos mediante la suba de la tasa de interés (que no es más que el costo de oportunidad de tener efectivo). Primero, incentiva a las familias a posponer consumo presente por consumo futuro. Es decir, fomenta el ahorro en detrimento del consumo. Segundo, desalienta la inversión en la economía real en la medida que la eficacia marginal del capital (el rendimiento de una inversión) es menor al que se obtiene depositando ese mismo dinero en un plazo fijo o comprando un bono (si se anima!). El dato clave es que el consumo y la inversión en conjunto explican tres cuartas parte del PIB de la Argentina.

Mientras aquí luchamos para que el dólar no suba, la divisa estadounidense se precia en todo el mundo. Brasil, nuestro principal socio comercial, devaluó 35% y Chile 40%. Ya a fines de junio advertimos que la decisión del BCRA de bajar un plumazo el dólar hasta niveles de $ 3,10 era insostenible si los agentes económicos (léase, todos nosotros: vos, yo y Doña Rosa) no percibían esa estrategia como permanente en vez de transitoria. Si los países vecinos y principales socios comerciales devalúan su moneda y el peso queda quieto la situación es bastante parecida a la de entonces.

En rigor, si la estabilidad actual del dólar finalmente es permanente, estimada Doña Rosa, temo decirle que tengo una mala noticia para usted: hizo un terrible negocio comprando verdes. Saque eso Washingtons del colchón ya y aproveche las jugosas tasas de plazo fijo!

Pero ojo. Si los agentes económicos interpretan este nivel del dólar como algo transitorio, y (más importante aun) actúan en consecuencia, el panorama cambia radicalmente. Quienes compraron dólares tiene dos opciones: esperar a que vuelva a subir, o mejor aún, salir a comprar ahora que está “barato” para hacerse una diferencia extra en el futuro. Los exportadores, además, pueden retener unos meses sus cosechas a la espera del ansiado repunte. Y los ahorros no vuelven masivamente a los bancos porque la suba de tasas de interés no compensa el riesgo que genera la incertidumbre cambiaria.

Ahora bien, no demos más vueltas. La pregunta del millón es: ¿La estabilidad del dólar finalmente es permanente o transitoria? Eso depende del Banco Central. O de lo que la Rosada le diga al BCRA ¿Y cómo determina el precio del dólar el tàndem Central/Rosada? Más allá de motivaciones políticas, tiene en cuenta muchas variables económicas. Pero la más importante es el Tipo de Cambio Real (TCR). Aja! Entonces “la posta” pasa por ver cómo está el TCR… Bingo! Vamos bien. Y vale la pena repasar el concepto de TCR que ya vimos en el blog del 25 de junio pasado.

El Tipo de Cambio Nominal (TCN) es el valor de “nomina” de una divisa. Por ejemplo, tres pesos por dólar. Sí ese! El de la pantallita con números rojos de la casa de cambio! El TCR, en cambio, es un concepto más amplio. Incluye el tipo de cambio nominal, pero también el nivel de precios internos y externos. Es la variable que determina la forma en qué nuestro país se relaciona comercialmente con el mundo.

Se define así:

TCN * Precios Externos

TRC = --------------------------------

Precios Internos

No se asuste. La fórmula es muy sencilla de comprender. El TCR es el cociente entre el nivel de precios externos (que al multiplicarse por el tipo de cambio nominal se expresa en moneda local) y el nivel de precios interno. Así, un alza del TCR hace “relativamente más barato” a nuestro país y mejora nuestra competitividad (lo que fomenta exportaciones y desalienta importaciones), y una baja del TCR tiene el efecto contrario. En definitiva, el TCR nos indica la relación de precios que existe entre los bienes que nosotros exportamos y los que comercia el resto del mundo.

La “posta” acá es trabajar con la premisa de que más allá de los deseos del “matrimonio” por mantener estable el dólar hasta que pase el temblor financiero local e internacional, en el mediano y largo plazo el TCR debería retornar a su trayectoria de ajuste habitual. La tendencia que ha adoptado este Gobierno es mantener un TCR competitivo (que no es necesariamente lo mismo que alto).

De las tres variables que componen el TCR hay dos que los K (al menos por ahora…) no pueden manipular directamente: los precios externos y los internos. Los primeros definitivamente están fuera de su alcance (por suerte aun no surgió un “Moreno global”) y los segundos (luego de varios meses en trepada) ahora están más tranquilos.

La variable clave es el TCN, que aunque no se movió mucho recientemente en cierta manera perdió competitividad. ¿Por qué? Porque si bien comparado con el dólar el peso se mantuvo estable, muchos países (entre ellos Brasil) devaluaron su moneda frente al dólar. Ergo, por carácter transitivo, el real se devaluó frente al peso, al igual que el yuan de China o el peso chileno. Y aunque no lo veamos todos los días en las pantallitas de la city porteña eso se percibe en la economía real.

Apreciar la moneda en un momento donde todas las naciones del mundo parecen haber iniciado una ronda de devaluaciones competitivas para resguardar el mercado interno y el nivel de actividad ante el flagelo de la recesión entraña riesgos. Una consultora privada de la Argentina acaba de sacar un informe en donde estima que si el país efectivamente deja de crecer en 2009, hará falta un ajuste del 20% para reactivar el ciclo económico. En castellano: caída de salarios (probable desempleo) que genera deflación para volver a hacer competitiva la economía. Así se reduce el denominador de la formulita del TCR… ¿Otra opción? Devaluar 20% para ajustar el modelo a la nueva realidad mundial. Claro, ello también conlleva costos (económicos y políticos). Por caso, inflación, que en definitiva termina ajustando el salario nuevamente en términos reales.

El menú está servido. A no desanimarse. No hay crisis que por bien no venga. Usted decide. Ahora sí, ya puede responderme: ¿qué pila eligió?

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