Se complicó la unidad de la UCR

Se complicó la unidad de la UCR
Sanz iba a asumir ayer como presidente del partido, pero estalló la interna por los cargos con el sector de Cobos el sector de Cobos
En medio de un clima de tensión y después de horas de negociaciones empantanadas, al cierre de esta edición la Unión Cívica Radical (UCR) no había podido elegir a su nuevo presidente, aunque estaba previsto que fuera el senador Ernesto Sanz, por falta de acuerdo entre el sector cobista y la parte orgánica del partido en el reparto de los demás cargos internos.

"Voy a ir a buscar al vicepresidente Julio Cobos a su oficina si es necesario, pero entre todos vamos a votar esta noche una conducción consensuada", anunció, poco antes de las 23, el también senador Gerardo Morales (Jujuy), que hasta la medianoche de ayer era el presidente de la UCR.

Su moción se votó en un plenario de delegados (estaban presentes 46 de los 86 previstos) constituido a las apuradas para tratar de salvar la tan anunciada como costosa unidad del radicalismo, que durante toda la tarde pendió de un hilo. Los cobistas, encerrados en el tercer piso del comité nacional, no bajaron al plenario y lo tildaron de ilegítimo.

Al cierre de esta edición, Morales, acompañado por el flamante diputado nacional Ricardo Alfonsín y el ex gobernador del Chaco Angel Rozas, negociaba en el despacho del vicepresidente Julio Cobos una salida definitiva a la pelea. Cobos estaba escoltado por los operadores que hablaron por él toda la tarde, Raúl Baglini y Enrique Nosiglia, y por el presidente de la bancada de la UCR en Diputados, Oscar Aguad.

Un papelón. Así definían mientras tanto los propios radicales la falta de acuerdo entre ellos por los cargos que cada uno tendría en la mesa del comité nacional.

Desde el inicio, la pelea parecía una nimiedad: todos habían acordado que Ernesto Sanz, el único que aprobaban los dos sectores, presidiría el partido. Entonces sólo restaba ponerse de acuerdo en quiénes ocuparían las 3 vicepresidencias y las 15 secretarías del comité nacional.

Resultó una tarea ciclópea. La UCR orgánica, que se encolumna detrás de Morales y de Sanz, decidió que debía tener mayoría para salvaguardar el partido del control de quienes alguna vez fueron radicales kirchneristas.

Por otro lado, los cobistas tomaron la pelea como un anticipo en su batalla por imponer la candidatura presidencial de Cobos para 2011. Imaginaron que quedarse con la mayoría daría una señal clara de que el vicepresidente controlaba la UCR y, entonces, ya nadie podría discutir su postulación, ni sus socios del Acuerdo Cívico y Social ni los propios correligionarios.

El punto más conflictivo era la vicepresidencia primera, que los cobistas querían para el senador nacional Pablo Verani (Río Negro)y los orgánicos para Rozas.

Los radicales que acompañaron la gestión de Morales se negaban rotundamente a que Verani, en su momento aliado del kirchnerismo, quedara segundo detrás de Sanz en la mesa de conducción partidaria.

Al mediodía el tema parecía resuelto porque los cobistas habían aceptado que Rozas antecediera a Verani en las vicepresidencias.

Sin embargo, el acuerdo se rompió cuando el grupo de Morales exigió que la tercera vicepresidencia fuera para el cordobés Mario Negri.

Negri está enfrentado internamente a Ramón Mestre y a Oscar Aguad, los dos cobistas consagrados en Córdoba en las últimas elecciones legislativas.

Aunque Negri mantuvo a flote la UCR de Córdoba cuando todos se convertían al kirchnerismo, no le perdonan sus intentos fallidos de acuerdo con Luis Juez y su amistad con Elisa Carrió.

Por lo demás, desde temprano parecía claro que la secretaría general sería para el dirigente porteño Jesús Rodríguez, propuesto por el cobismo, y ya estaban acordadas las demás secretarías para las provincias gobernadas por el radicalismo o con posibilidades de llegar a serlo desde 2011, y para aquellas con peso propio.

Enojado con los cobistas pero también con los orgánicos por sus posiciones intransigentes y por su pelea por cargos nimios, Sanz repetía anoche la misma condición que puso siempre para presidir el partido: que hubiera acuerdo y que todo surgiera por consenso.

Por eso, al cierre de esta edición, todos buscaban una salida que minimizara el papelón. Hasta la familia de Sanz, que había llegado desde Mendoza para verlo asumir, esperaba con ansiedad la definición en un restaurante de la zona.

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