Un complejo ajedrez político

Por Carlos Pagni

Mauricio Macri urdió durante el viernes y el sábado, con ex candidatos y gobernadores, la red sobre la que deben sostenerse los anuncios que comenzarán esta mañana en Pergamino.

En el corazón de la pampa agraria, anunciará la eliminación de las retenciones para todos los granos salvo la soja. Los productores de esa oleaginosa tributarán 30%, en vez de 35, como hasta ahora. Hay muchas razones, sobre todo económicas, para la urgencia del Presidente por comunicar esa medida.

Pero la más elemental tiene que ver con la política: la franja amarilla que, en el centro de la Argentina, identifica los votos de Cambiemos parece calcada sobre el mapa del conflicto de los Kirchner con el campo.

En la conferencia de la UIA, Macri insistirá en la liberación de exportaciones. Tampoco las industriales deberán pagar impuestos extraordinarios. El ministro de Producción, Francisco Cabrera, adelantará que las importaciones se regularán por criterios compatibles con los de la OMC. Es el fin de las DJAI. El próximo paso sería unificar el tipo de cambio. Levantar el cepo. Se espera que ocurra también esta semana.

Macri sólo podía divulgar estas novedades después de demostrar que controla el marco general de la política. Del 51% que obtuvo en el ballottage, 21 puntos porcentuales corresponden a votantes que en la primera vuelta habían preferido a otro candidato. Por eso era relevante para él conseguir el acuerdo de sus competidores. Incluido el que representa al kirchnerismo: Daniel Scioli. Sólo faltó Nicolás del Caño, quien recibió el reproche de Jorge Altamira, su aliado dentro del trotskismo. El almuerzo con los líderes provinciales completa aquel tejido. Ellos controlan el Senado y la primera minoría de la Cámara de Diputados.

Macri obtuvo un éxito importante. Al sentar a los gobernadores a su mesa demostró que la disciplina federal sigue basándose, como durante el reinado de los Kirchner, en la caja. El encuentro fue un golpe a la estrategia de oposición intransigente de la ex presidenta. Ningún mandatario de provincia elogió el orden anterior. Al contrario, felicitaron al anfitrión por retomar una costumbre abandonada. Y un detalle significativo: a pesar de las idas y venidas de su oficina de ceremonial, Alicia Kirchner terminó concurriendo. Pidió auxilio porque su provincia la está pasando mal. Se ve que a Santa Cruz no llegaban las delicias del "modelo".

En la conversación con ex candidatos y gobernadores, el Gobierno consiguió un apoyo decisivo: el aval para los decretos que requiera el reordenamiento de la economía hasta el comienzo de las sesiones ordinarias del Congreso. Este respaldo se extendió a la apertura de negociaciones con los holdouts, cuyos primeros pasos dio Luis Caputo, el secretario de Finanzas, en Nueva York.

Necesidades provinciales

El consenso es comprensible. La eliminación de retenciones y la normalización cambiaria son un alivio para la economía real. Además, el almuerzo de Olivos fue un encuentro de menesterosos. Las provincias atraviesan una situación fiscal comprometida. Por eso Rogelio Frigerio, experto en la materia, está al frente de Interior. Mendoza, Córdoba, Tierra del Fuego y Jujuy necesitan ayuda del Tesoro para pagar el aguinaldo y garantizar la paz social. Santa Cruz está amenazada, además, por incógnitas energéticas. ¿El ingeniero Macri aceptará destinar miles de millones de dólares a proyectos extravagantes como las represas Kirchner y Cepernic, del río Santa Cruz? Y otro problema: las provincias petroleras necesitan que se siga subsidiando el precio de los hidrocarburos, que se derrumbó. Quedan por despejar los enigmas de YPF, donde habrá nuevos directores. Circulan los nombres de Fabián Rodríguez Simón -abogado decisivo al lado de Macri- y de los expertos en Energía Daniel Montamat y Emilio Apud. Miguel Gutiérrez, destacado ex presidente de JP Morgan y de Telefónica Argentina, será uno de ellos. Lo más probable es que lo designen presidente. El destino de Miguel Galuccio es un interrogante. Podría quedar como CEO. Pero antes deberá explicar su misterioso contrato laboral.

En el mapa federal se destaca Buenos Aires. Su situación regula toda la política. Macri debe conseguir que su delicada gestión económico-social se convalide en los comicios bonaerenses de 2017, en los que se elige senador. Es el punto de fuga del cuadro que se está configurando. Para que ocurra, María Eugenia Vidal debe revertir una herencia catastrófica.

A diferencia de Macri, Vidal inauguró su mandato con una condena contra su antecesor. Dijo que Scioli le dejó una provincia quebrada. En noviembre, Scioli y su ministra de Economía, Silvina Batakis, aseguraban que los pagos pendientes se solventarían con endeudamiento. Pero antes de irse documentaron pasivos de septiembre, por $ 3000 millones, y de noviembre, por $ 2700 millones. Dos giros realizados por la Nación para ayudar a Scioli en las elecciones. De modo que, cuando llegó Vidal, el cupo de endeudamiento se había consumido. El pago a proveedores se suspendió tres meses atrás. Hace dos viernes la caja bonaerense sólo atesoraba $ 179 millones. Una moneda para un distrito con 16 millones de habitantes. Las empresas del Estado no pueden pagar los sueldos. Igual que los municipios de Mar del Plata, Azul, San Pedro, Necochea o Balcarce. Vidal negoció con Alfonso Prat-Gay un apoyo de $ 10.000 millones para superar el fin de año. El fondo de infraestructura de $ 13.000 millones, que anunció Macri, requerirá otras tratativas.

Cambiemos opera en un ajedrez de tres variables: necesidad de consenso parlamentario, urgencias fiscales y tácticas electorales. Massa es el interlocutor más cómodo. Puede garantizar a Vidal el control de la Legislatura. Y pactar con el presidente de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, una alianza que lleve a 124 los votos del oficialismo. Con algunas alianzas ocasionales, Monzó conseguiría la mayoría. La ventaja de ese idilio se desdibuja cuando se observa el calendario: Massa disputará con Cambiemos el control de Buenos Aires dentro de dos años.

Por eso el Gobierno ilumina a Juan Manuel Urtubey, un kirchnerista en busca de una nueva identidad. Fue el peronista que compartió con Macri la conferencia de prensa del sábado pasado, por ejemplo. La aproximación con Urtubey se completa con otro movimiento contra la Massa-dependencia: una negociación con Margarita Stolbizer.

El primer indicio lo emitió Patricia Bullrich, al designar en Seguridad Interior a Gerardo Milman. Dirigente de GEN, Milman se pronunció a favor de Macri después de la primera vuelta. ¿Es el primer paso de una trama que terminará con Stolbizer como candidata a senadora del oficialismo en 2017? ¿O ese lugar lo ocupará Elisa Carrió y Stolbizer irá a la Corte o a otra función judicial? La composición del máximo tribunal estará en discusión durante el primer semestre. Como publicó ayer Hernán Capiello en la nacion, surgieron las candidaturas de Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti. Pero Macri debe pronunciarse sobre la ampliación del tribunal, que sigue en estudio.

La maniobra bonaerense de Macri y Vidal contempla otro factor: la dispersión del kirchnerismo. El miércoles pasado, en la reunión de Scioli con intendentes del sector, Alejandro Granados propuso: "Tenemos que abandonar el nombre de Frente para la Victoria y volver a PJ en todos los bloques". Granados es un mutante prodigioso: fue menemista, duhaldista, kirchnerista y sciolista con la misma convicción. Esas transfiguraciones inspiran en uno de sus detractores esta broma: "No es que se vea obligado, a él le gusta traicionar". Granados descubrió su última fe con la llegada de Cristian Ritondo como su sucesor en el Ministerio de Seguridad. Ritondo, íntimo amigo de su hijo, pactó con Granados algunos trazos de continuidad. Uno es la permanencia de Fernando Jantus en Planificación. Massa estudia esos pactos. Piensa enfrentar a Vidal dentro de dos años con la bandera de la seguridad.

Granados ha sido el protector del intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, a quien regaló la estadía con Jesica Cirio, la noche de bodas, en La Matanza. Insaurralde ya se reunió con su vecino, el intendente macrista de Lanús, Néstor Grindetti. ¿Estos ex kirchneristas agasajarán a Vidal quebrando el bloque de diputados del PJ de la Legislatura? El del Senado ya se rompió.

El kirchnerismo bonaerense, en cambio, pasó a la resistencia. Se replegó en La Matanza. El ex intendente Fernando Espinoza y su sucesora, Verónica Magario, armaron un gabinete con funcionarios de la señora de Kirchner y de Scioli: Débora Giorgi, Roberto Feletti, Silvina Gvirtz, Alejandro Collia y Alejandro Rodríguez se redujeron a ser secretarios comunales. A cambio, Espinoza pretende retener la jefatura del PJ provincial, a la que aspira Scioli.

El ex gobernador sigue siendo un Juan Sin Tierra. Es comprensible, entonces, que fantasee con que lo designen embajador en Italia, donde atesora tantas cosas. La versión fue puesta en circulación por sus cariñosos colaboradores. Pero en la reunión con Macri de ese sueño no se habló.

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