Un compendio de medias verdades

Por Nestor O.Scibona

Casi todo lo que dijo ayer la presidenta Cristina Kirchner en materia económica es tan cierto como todo lo que omitió decir. El "casi" se justifica en la desconfianza de las estadísticas oficiales: en los últimos dos años el Gobierno no sólo falsificó los indicadores de precios, pobreza y distribución del ingreso, sino que últimamente extendió la manipulación a los niveles de actividad.

Lo que omitió decir convirtió a su mensaje en un compendio de medias verdades. El discurso siguió la lógica de una frase presidencial que se hizo célebre a fines de 2008. Todos los aciertos pasados son obra del Gobierno (pese a que el crecimiento económico mundial ayudó, y mucho); y ahora todos los problemas, actuales y por venir, culpa de la crisis global.

Para esta última, el Gobierno dice tener recetas genéricas que presentará en la próxima cumbre del G-20 y un tratamiento específico puertas adentro: mayor intervención del Estado en la economía (como si esto fuera una novedad en la Argentina kirchnerista), a semejanza de lo que hacen hoy los países industrializados.

Sin embargo, aquí también hay omisiones. La intervención estatal apunta en el mundo a mantener con vida al sector privado, recuperar el crédito, la demanda y la producción. No es la misma estrategia que el Gobierno imagina para todos los sectores, entre ellos el agro. Tampoco, la mejor manera de justificar que no se hayan previsto mecanismos anticíclicos (excepto la acumulación de reservas en el Banco Central) cuando el mundo que ahora complica atravesaba un excepcional ciclo alcista de vacas gordas. En esa etapa, el kirchnerismo sólo aprovechó para duplicar el gasto público y lo catapultó hasta niveles difíciles de bajar y, también, de sostener sin afectar al sector privado.

Las transferencias a las provincias, que la Presidenta detalló como si hacer política sólo equivaliera a repartir plata, esconden otra media verdad: el Gobierno concentró cada vez más recursos para distribuir discrecionalmente. Las retenciones y los excedentes presupuestarios -que no se coparticipan con las provincias y ahora se diluyen con la desaceleración económica- fueron parte central de esta estrategia, de tener un Estado nacional rico y gobiernos provinciales más dependientes. La concentración de recursos permitió generalizar subsidios energéticos a sectores que no los necesitaban y ahora se están replanteando sin prolijidad, cuando los números fiscales aprietan.

La Presidenta tampoco se privó de pasar algunas facturas en su mensaje. No sólo aludió implícitamente a Macri y a Reutemann al referirse a la distribución del ingreso. Lo hizo también cuando justificó decisiones polémicas, como la moratoria que creó 1.800.000 nuevos jubilados en un año o la costosa reestatización de Aerolíneas, sin relacionarlas con la posterior confiscación de los ahorros de la jubilación privada, que ahora se reasignan sin ninguna transparencia a través de la Anses, ni con el blanqueo de capitales, que no beneficia, precisamente, a los más pobres.

Un párrafo merece la reivindicación ex-post de la resolución 125 tras la caída de los precios internacionales de la soja (a 325 dólares la tonelada). Con el mismo énfasis la había defendido hace seis meses el diputado Agustín Rossi, cuando las cotizaciones trepaban a 600 dólares, sin la certeza de que la Oncca hubiera mostrado la misma flexibilidad para otorgar compensaciones y reintegros.

Los tramos finales, por su imprecisión, sonaron a advertencias. La futura ley de radiodifusión y una mayor intervención del Estado hubieran merecido algo más que una simple mención. Sobre todo, en este último caso, cuando el propio gobierno acaba de dejar trascender la estatización del comercio de granos. ¿Estrategia de largo plazo o presión para la reunión de esta semana con la dirigencia rural? La economía nunca se lleva bien con la imprevisibilidad. Con un discurso cuyo tono conceptual fue "no se queje si ganó en los últimos años", el problema hoy no es el pasado, sino el futuro. Máxime, si el diagnóstico emparienta la discrecionalidad con las necesidades electorales del Gobierno.

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