Compañero, no aclare que oscurece

La compra de un lujoso hotel en Pinamar y su condición de aplaudidor K colocan en una insostenible posición a Hugo Moyano. Es tiempo de cambiar el rumbo y quizá sea como lo dijo el General: "Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes"
El compañero secretario general de la CGT, Hugo Moyano, trató de justificar la adquisición de un lujoso hotel -con hidromasaje, sauna y pileta climatizada- en uno de los destinos más paquetes de la Costa Atlántica bonaerense: Pinamar. Conocida la operación que llevó adelante desde su sindicato de Camioneros, cuestionó a quienes la pusieron en tela de juicio. Pero lo cierto es que aquel que maneja un camión, que pasa toda su vida trabajando a destajo en la soledad de las rutas y que sólo se detiene para compartir una comida ocasional con compañeros del gremio, difícilmente tenga ganas de compartir sus vacaciones con personas que están acostumbradas a otra clase de vida, producto de su estatus social. Ni mejor, ni peor, simplemente distinta. En rigor de verdad, astronómicamente distinta.

Compañero Hugo, no aclare que oscurece. Inversiones de ese tipo no contribuyen al crecimiento de una entidad gremial, ni mucho menos a la defensa de sus afiliados. El turismo sindical no fue concebido como un emprendimiento con fines de lucro. Por el contrario, su esencia es la que adquirió durante el gobierno del general Perón: hospedajes confortables, almuerzos muy bien servidos y atención de primera; aunque eso sí, sin lujos asiáticos.

Esto, más la sistemática defensa de un errático gobierno cuya Presidenta se explaya en público sobre las virtudes ocultas de la carne de cerdo -"es mejor que el Viagra", dijo- deja muy mal parado a este dirigente que parece oscilar entre los desaciertos y la obsecuencia. No debe, el compañero Hugo, usar el cargo que le otorga la representación de los trabajadores para aplaudir a la mandataria de nuestro país, cuyos habitantes siguen estancados en la pobreza.

Es cierto que ha logrado fortalecer las arcas de la obra social de su gremio y nos alegramos de ello. Pero debe reconocer el compañero Hugo que esos beneficios no se abrieron cual virtuoso abanico hacia el resto de las mutuales sindicales, muchas de las cuales intentan hacer pie entre los costos de funcionamiento y la escasez de recursos. Sabe muy bien el compañero que a menor salario menor porcentaje para las mutuales que velan por la salud de los trabajadores. Y dicho sea de paso, ¿no habrá llegado la hora de que la CGT reclame un aumento de sueldo?

Hugo y sus laderos

Pero sentarse a la mesa de la discusión salarial habiendo pactado primero con

el poder central es muy difícil; incompatible, diría. Cuando uno ha caído en el servilismo, difícilmente podrá sostener una posición sólida.

Habrá que recordarle al compañero Hugo que cuando el Movimiento Obrero se sentaba a la mesa paritaria con el general Perón lo hacía en igualdad de condiciones, disfrutando incluso de las reflexiones de uno de los más grandes estadistas que ha dado el continente. Los trabajadores nos sentíamos parte de aquella auténtica revolución y las conquistas de entonces lo muestran muy a las claras.

Ahora me dirijo a Ud., compañero Hugo: Su obligación y la de sus laderos -el compañero Julio Piumatto y el taxista del frac, Omar Viviani- es intentar recuperar aquel poder de negociación. Deben abandonar el triste papel de aplaudidores de los K y asumir, de una vez por todas, el rol de representantes gremiales.

Cada uno de los que participamos en el Movimiento Obrero sabemos muy bien qué es lo mejor, no sólo para nuestros representados sino para el país todo; debemos proponer y exigir políticas de crecimiento, cuyos beneficios caerán en cascada sobre los argentinos. Los proyectos existen, sólo tienen que aprender a escuchar.

Ausencia de ideas

Hoy no se debaten planes estratégicos, no se ataca a la precarización laboral ni se discute la ausencia de inversiones en industrias y pymes. Cualquiera en su sano juicio es capaz de advertir que, con ahogo impositivo y sin acceso a líneas de crédito, las pequeñas industrias no pueden sobrevivir; y si ellas se extinguen caen también las fuentes de trabajo. No ver eso es como negar que todos estos años de políticas kirchneristas no han servido para revertir los grandes males que azotan a nuestro país: hambre, desempleo y corrupción.

La Argentina y sus movimientos obreros fueron grandes y poderosos cuando el crecimiento estaba acompañado por una industria amplia y floreciente que marcaba el camino en la más amplia variedad de rubros: desde los frigoríficos a los textiles, y desde las petroquímicas hasta el vidrio.

Eran épocas en que nuestros buques surcaban los mares llevando los frutos de nuestro esfuerzo a los puertos del mundo. Años en los que los hoteles sindicales, maravillosa expresión de una clase trabajadora que comenzaba a tomarle el gustito a las vacaciones en el mar, se multiplicaban al ritmo del crecimiento productivo.

Pues bien, a la luz de los enfrentamientos entre pares -fue muy triste la pelea de los choferes de micro, en Retiro- y con el hotel de Pinamar como telón de fondo, aquel crecimiento genuino y unificado parece demasiado lejano en el tiempo. Pero nunca es tarde para reencausar el rumbo.

Compañero Hugo, como máximo responsable de la CGT debe ponerse los pantalones largos y dar una vuelta de timón, porque indefectiblemente los cambios van a llegar. Sólo hay que ver cómo lo harán. Quizá sea como lo dijo el General: Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes.

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