El "comodín" utilizado por todos los gobiernos

Cuando la debilidad hacía peligrar los liderazgos aparecía siempre un proyecto de reforma política como un comodín. Lo preparó Fernando de la Rúa entre 2000 y 2001, después del escándalo de coimas en el Senado; lo anunció Eduardo Duhalde en 2002, en plena crisis económica; lo lanzó ayer la presidenta Cristina Kirchner, cuatro meses después de perder las elecciones.
"Será importante para la transparencia partidaria y fundamental en la lucha contra la corrupción", anunciaba De la Rúa en octubre de 2000, cuando ya se sentía jaqueado por las coimas en el Senado.

Pretendía instalar internas abiertas, limitar los aportes proselitistas y acotar la duración de las campañas. Seis meses después todavía se peleaban en el Gobierno por el futuro del proyecto, entre las zozobras por la crisis y los preparativos para las elecciones de 2001. Algunos querían eliminar los Concejos Deliberantes y crear Legislaturas por regiones. Otros se conformaban sólo con achicar gastos. Al final, la caída de De la Rúa archivó todo.

Pero Duhalde reflotó el proyecto unos meses después. "La reforma es histórica y sirve para fundar la segunda república", anunció en febrero de 2002. Quería reducir el número de diputados nacionales, hacer que los concejales de ciudades chicas no cobraran, acotar gastos legislativos y de campaña, eliminar las listas sábana, instalar las internas abiertas. Logró sólo tres cosas: leyes para acotar los tiempos de campaña, monitorear los financiamientos y hacer internas abiertas y simultáneas. Esa iniciativa se suspendió por "única vez" para evitar un enfrentamiento entre Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá en 2003.

La última medida fue la más controvertida. Los Kirchner terminaron derogando la ley en 2006. Ya antes habían prometido proyectos de reforma política que nunca vieron la luz. Ahora quieren volver a la carga.

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