Cómodas cuotas para torcer el voto bronca

Cómodas cuotas para torcer el voto bronca
Por Diego Schurman.

No hay signos de una distribución más justa del ingreso ni de mayor calidad institucional, las promesas electorales de Cristina Kirchner.

El plan canje que Cristina Kirchner anunció para cocinas, termotanques, lavarropas y calefones busca frenar la caída del consumo y sus consecuencias inmediatas: la desaceleración de la actividad económica y la pérdida de los puestos de trabajo.

La preocupación oficial por los efectos de la crisis internacional ya no se oculta ni siquiera en los dibujos del INDEC: el organismo que Guillermo Moreno supo moldear a imagen y semejanza reconoció ayer que en diciembre de 2008 se consumió ostensiblemente menos que en el mismo mes del año anterior.

El plan ideado por el secretario de Comercio Interior está destinado a la clase media-baja pero también a la clase media, acaso la más castigada por el tarifazo de Año Nuevo, que incluyó aumentos en los servicios de luz y gas, en el transporte público y en los peajes.

La promoción de los artefactos de la “línea blanca” –el canje de heladeras fue el mascarón de proa semanas atrás– es esgrimida ahora, junto al generoso plan de obras públicas, como la tabla de salvación en un año electoral crucial para la subsistencia del kirchnerismo.

Sin embargo, es improbable que una iniciativa que responde a la urgencia –por más que el Gobierno se empeñe en negar la existencia de un plan B– logre como efecto secundario la adhesión masiva de las capas medias al proyecto oficial.

No hay signos de una distribución más justa del ingreso ni de mayor calidad institucional, pese a que ésos fueron los dos caballitos de batalla de la campaña de Cristina que tanto sedujeron a la progresía.

Todo indica que la ventaja de obtener un electrodoméstico nuevo al 30% menos de su valor, y en cómodas doce cuotas, no se traducirá en aquel “voto licuadora” que en los noventa ató a la clase media a la aventura menemista.

Es verdad que el acceso a créditos blandos o la eliminación de la tablita de Machinea son alicientes para un sector de la sociedad cuyos ingresos fueron devorados por la inflación y los impuestos. Pero esas medidas –a la luz de los propios sondeos oficiales– se presentan como insuficientes para modificar un voto que en octubre amenaza con expresar su bronca en las urnas.

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