Como una “star”, puso condiciones y se sacó fotos con todos

Sólo cuando confirmó que las protestas estaban controladas, subió al avión. El peronismo mendocino festejó una visita que vació de política el almuerzo.

El Gobierno mendocino festejó casi como una epopeya la visita de la presidenta Cristina Fernández a la Vendimia. No tanto por los resultados políticos o económicos que arrojó, sino porque en más de una ocasión la presencia de la jefa de Estado pendió de un hilo.

Para lograr que Cristina pisara Mendoza, el gobernador Celso Jaque debió garantizarle un ambiente amable, entre bodegueros, empresarios amigos y militantes peronistas. Nada de hostilidades. Antes de que el avión presidencial partiera ayer desde Buenos Aires, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, hizo dos llamados telefónicos para cerciorarse de que todo marchaba bien.

Recién ahí la mandataria abordó el Tango 01 junto a tres de sus ministros: Sergio Massa (jefe de Gabinete); Débora Giorgi (Producción) y Florencio Randazzo (Interior). A ellos se sumaron la ministra Ocaña, de Salud, y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, que estaban en Mendoza desde el viernes.

Las condiciones eran claras: nada de Cobos, nada de silbidos y calor popular testeado para que nada empañara a la Presidenta el anuncio de un paquete de unos 250 millones de pesos para el agro de la región, entre la rebaja a las retenciones, un crédito del BID y 44 millones para los cultivos más castigados y la ganadería (ver página 12).

La primera condición estaba cumplida desde el miércoles, cuando el Vicepresidente decidió participar sólo del Acto Central en el teatro griego y no cruzarse con la Presidenta y sus espadas.

Para cumplir con el segundo propósito, evitar los chiflidos que algunos grupos ex kirchneristas y estatales prepararon para Jaque y por elevación para la primera mandataria, el peronismo puso en marcha un operativo “blindaje” que consistió en que cada intendente peronista colmara con militantes los entornos del palco en el Carrusel y los lugares donde Cristina tenida planeado moverse.

El plan A era que la mandataria llegara “demorada” y sólo asistiera al agasajo de Bodegas de Argentina. El plan B era que pasara unos minutos por el Carrusel, si el clima político era favorable. Esto fue lo que finalmente sucedió.

Pero fue una guerra contrarreloj la que Jaque y sus laderos jugaron para convencer a Cristina de mostrarse en el desfile de los carros, aunque fuera un ratito.

En un pequeño ómnibus partieron a buscarla los gobernadores Jaque y el sanjuanino José Luis Gioja, más todos los legisladores nacionales del peronismo y el presidente del INV, Guillermo García. Cristina aterrizó con un traje rosa, sonriente. Sabía ya que la Vendimia le era favorable.

Su primera tarea fue reunirse con los miembros de la Corporación Vitivinícola y Fecovita, a quienes les anticipó las medidas que luego detalló en su discurso en el Agasajo de Bodegas de Argentina. El encuentro fue en el casino de la Octava Brigada Aérea, en El Plumerillo.

Fueron unos instantes, pero decisivos. Jaque y Gioja hablaron en privado con Cristina y la convencieron de pasar a saludar por el Carrusel. El plan B se puso en marcha de inmediato y el secretario general de la Gobernación, Alejandro Cazabán, dio la orden a los organizadores del desfile que demoraran el paso de los carros.

Cristina llegó sobre el final y sólo vio a las reinas de San Carlos, Guaymallén y Tupungato. Suficiente como para “atajar” un racimo y no parar de sonreír. A esa altura, los funcionarios mendocinos estaban exultantes.

En Agrelo, en la Bodega Belasco de Baquedano (a la que arribó en un helicóptero), la mandataria recorrió las modernísimas instalaciones de la empresa de capitales españoles junto a Jaque y los ministros. Luego, cumplió con rigor el manual kirchnerista de hablar sólo desde un atril.

Tras defender una vez más el “virtuoso” modelo económico productivo argentino, de aseverar que aún a la crisis internacional “nadie le ve el fondo” y de ratificar la intervención del Estado en la economía poniendo como ejemplo las medidas que anunció con detalle, la Presidenta se retiró sin más. No habló en absoluto de política, sólo cumplió el papel que más le gusta: dar buenas noticias.

Sus últimos minutos en la bodega los pasó en un almuerzo “VIP” para quince personas. La crema política se codeó con la mandataria mientras ésta, siempre sonriente, se sacó fotos con los mozos y cocineros del evento.

El granado grupo estaba integrado por Jaque, Gioja, los empresarios Ángel Vespa (presidente de Bodegas de Argentina), Gerardo Cartellone y el dueño de casa, Ignacio Belasco de Baquedano, los ministros nacionales y dos legisladoras “amigas” de Cristina: Patricia Fadel (nexo directo con la Rosada en la organización de esta visita) y Marita Perceval.

Mientras los exclusivos comensales degustaban el menú en un salón retirado del resto, unas 900 personas hacían cola para comer cazuelas y sandwiches de milanesas gourmets. Amplía mayoría de bodegueros y poco políticos, incluso del oficialismo.

Cristina se fue y dejó al Gobierno provincial satisfecho. Nadie tiene dudas ya de que ambos se necesitan. Ayer lograron vivir por unas horas un romance vendimial que ni las protestas ni el fantasma de Cobos pudieron empañar

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