¿Cómo manda Dios?

El intendente presentó por fin a los 51 médicos con los cuales pretende fortalecer el servicio sanitario vespertino en las salas barriales de salud. A la vez, los servicios ya existentes no alcanzan un nivel mínimo de eficiencia y dignidad. El perjudicado por una política irresponsable es siempre el vecino, que no tiene otro recurso para combatir la enfermedad. Menos aun para prevenirla.

En una entrevista donde se interrogaba a Gustavo Pulti sobre la necesidad de nuevas salas de salud, había respondido que la prioridad había era que estos treinta que ya existen funcionaran "como Dios manda". Ahora la duda ciudadana es cómo es que manda Dios, o mejor: ¿cómo creen los funcionarios municipales que Dios querría mandar?

El cuento es muy sencillo, y cualquiera que haya visto una planta sabe que abrir una canilla no hace que los campos se rieguen. Hace falta un esfuerzo denodado para que el agua no se vaya para donde ella quiere, para que nadie intercepte el chorro y se lo lleve para su plantación, para que no se seque por propia acción natural del calor, o se la absorba la tierra harta de la inacción anodina antes de llegar a los surcos. Abrir la canilla no riega las plantas, como asegurar que se ha dispuesto una parte exigua del presupuesto municipal ni siquiera garantiza que se resuelva con eso la cuarta parte de un problema. Es que resolver los problemas como Dios manda implica, en primer lugar, resolverlos en efecto, ciertamente, y no quedarse en el copete del anuncio y la foto armada cortando las cintas.

Como antecedente está el material de prensa que muestra que tanto el intendente como el secretario de Salud municipal, Alejandro Ferro, están hablando desde hace más de un año de la incorporación de 51 médicos nuevos a la planta municipal para mejorar la atención en los centros de salud, ampliar los horarios y minimizar la espera que los vecinos deben padecer para obtener no una solución, sino un simple turno.

Ferro había declarado que estaba en tales funciones no por una motivación política, sino por su fuerte compromiso con la profesión y con la salud. ¿Y la eficiencia? ¿Cómo hacer para que el agua llegue a las plantas?

Comenzaron por concursar los cargos, pero no fue fácil: los sueldos que la municipalidad ofrece para un profesional de la salud hacen que a pocos o a ninguno le interese cubrir tales vacantes, y que la comuna deba poco menos que ir casa por casa para rellenar guardapolvos con alguien que tenga un título habilitante. Simplemente para no caer en el delito del ejercicio ilegal de la medicina, porque si no hubiera tal figura, podría haber en su reemplazo un ‘manosanta’.

Luego comenzaron las demoras administrativas, una vez que los 51 nombres estuvieron determinados. Los funcionarios, sin embargo, seguían atendiendo a la prensa, diciendo que ya vamos, que ya vamos: "el mes que viene, seguro".

Después esperaron el presupuesto para saber con qué les iban a pagar a los profesionales lo que se les había prometido al acceder al cargo. El proceso terminó ahora, un año después, cuando los responsables aseguran que por lo menos hay más nombramientos en las salas.

Per no alcanza con que los cargos se cubran. Porque ante una oferta tan poco tentadora, ya no existe criterio selectivo. En un concurso por antecedentes y oposición para las funciones que sean, a mayor cantidad de postulantes mejores posibilidades de seleccionar las condiciones profesionales y humanas. Pero si, como sucedió con el concurso de Ginecología del IREMI, el postulante fue simplemente uno, la población se conforma con lo que hay.

Vuelva otro día

El caso que aquí se narra es tristemente real. Se trata de una empleada doméstica, Noemí, que vive sobre la Autovía 2, y cuenta para la atención de su salud con los servicios de la sala de Estación Camet. Allí trabaja una doctora de nombre Ana, su reemplazante llamada Silvina, una enfermera, una secretaria y el personal de limpieza.

En el mes de noviembre, Noemí acudió a la sala preocupada porque se había detectado un bulto en la mama derecha. Allí fue atendida por Ana, que la derivó a las dependencias de Colón y Salta para que le realizaran una mamografía. Oportunamente, la secretaria le indicó que hablara por teléfono a aquel lugar para solicitar el turno, pero cuando llamó a Colón le indicaron que ése no era el procedimiento. Que el centro de salud de Estación Camet debía haber gestionado esa cita.

Noemí tuvo que recurrir a la compasión para conseguir el turno para su estudio, que finalmente fue pactado para el 12 de diciembre. Con ese resultado volvió a la salita, pero allí se enteró de que la doctora Ana estaba de vacaciones: se le indicó que regresara el 6 de enero.

En esa fecha se presentó, y fue atendida por la reemplazante, Silvina, desganada y de mal humor, con esa típica actitud de los médicos que reciben a los pacientes como haciendo un favor por el cual no cobrarán un centavo. Le dijo que no era claro el diagnóstico, que se hiciera una ecografía.

Esta vez la secretaria prometió encargarse de obtener el turno. Tras unos días Noemí consultó por teléfono, pero la secretaria se excusó diciendo que en Colón no atendían el llamado, que se lo encargaría a la enfermera. Dos o tres días más y Noemí volvió a llamar, y la enfermera le dijo que no tenía idea de qué le hablaba, que se dirigiera a la doctora. Nuevamente pasaron días, y la doctora Ana le dijo que se iba a llevar la orden a su casa para conseguir el turno.

Ante una nueva consulta, la secretaria dijo que el turno no podía estar acordado porque la tal Ana nunca se llevó la orden. Que de todas maneras era en vano, porque los turnos del mes de febrero, que son doce, ya se habían dado. ¿Por qué doce? ¿Se trata de un ecógrafo con tracción a sangre? ¿Por qué sólo puede realizar doce ecografías al mes? ¿Quién es el encargado de hacerlas que ha decidido trabajar doce veces cada treinta días? Doce ecografías se realizan en un día con un ecógrafo privado. Paciencia. Noemí tuvo turno para el 9 de marzo.

En esa oportunidad, la médica que realizó el estudio se mostró sorprendida por el caso, aseguró que el diagnóstico anterior estaba muy claro, y que éste sería prácticamente idéntico. La envió a ver a un especialista en mama en el IREMI. Noemí fue a la sala de Camet, donde la desamorada Silvina le indicó dirigirse al IREMI, pero no le dio la reglamentaria derivación por escrito. No quiso molestarse.

El último 12 de marzo Noemí se presentó, y cuando contó su situación fue atendida rápidamente y sin turno por el doctor Areus, que no pudo ocultar su asombro ante la actitud de Estación Camet. El tumor es afortunadamente benigno.

Ojos bien cerrados

Los estudios indican que 1 de cada 13 mujeres desarrollará cáncer de mama en algún momento de la vida, y también que en el caso de la detección temprana, el porcentaje de curación probable es del 98%. Pasada la primera etapa, el número desciende rápidamente al 50% de recuperaciones. Pero no alcanza con la preocupación de la paciente que ha concurrido serenamente a realizar sus controles. También deberá contar para la curación con la predisposición de los médicos asalariados.

¿Cuál es el criterio de selección para ocupar un cargo en la sala barrial? El que sea. ¿Cuál es, fundamentalmente, la necesaria supervisión profesional que, una vez sacadas todas las fotos para los medios, garantiza que la rueda siga girando y la inversión siga siendo destinada a los habitantes de los barrios periféricos que cuentan con este único recurso? No existe ningún área del Estado que funcione sin supervisión específica y permanente.

Hoy el tema del momento no es el cáncer sino la seguridad, por eso la comuna ocupa oportunamente las primeras planas indicando que inaugurará un nuevo centro para tratar el problema de los jóvenes y la violencia a través de la prevención de las adicciones. Otra foto, otra porción de presupuesto sin el necesario control que se queda en el show de la novedad. ¿Será así que Dios les manda que hagan lo que hacen? ¿Dios los manda?

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