Cómo leer el resultado de las elecciones del 28

Por Diego Valenzuela

La interpretación del resultado electoral será una batalla tan importante como la elección misma. Las facciones políticas en disputa y los factores de poder debatirán cómo leer el veredicto de las urnas. Pero sucede que no habrá una única forma de analizarlo. ¿Quién ganó la elección? Tres son las formas de responder la pregunta clave del 29 de junio: mirando el resultado en bancas, observando el peso de las minorías relativas que deje la elección a nivel nacional o haciendo énfasis en los liderazgos provinciales y su inserción en los armados políticos de cara al 2011.

La primera alternativa es hacer un balance en cuanto a bancas ganadas, bancas perdidas y poder legislativo de cada espacio. Es la presentación que intentará hacer la oposición y que menos conviene al kirchnerismo, el cual -aún ganando Buenos Aires- retrocedería claramente en peso legislativo. El Frente para la Victoria, arriesga 20 bancas y obtendrá unas 14 o 15 si logra el 35 % de los votos bonaerenses. La última elección de legisladores, con Cristina en la boleta, en 2007, fue fructífera en términos de porcentaje y bancas (46 % y 20 escaños). Desde 1983 el ganador de la provincia se llevó siempre entre 16 y 20 bancas. Parece imposible que lleguen a cifras similares en esta ocasión, por lo que el bloque oficial quedaría lejos de acceder al decisivo quórum (hoy lo consiguen en Diputados con los 115 propios más los aliados).

Aún con todo el peso del aparato estatal, con las figuras de Kirchner y de Scioli, y sumados los más de 40 intendentes testimoniales, el elenco legislativo K perderá vigor en la nueva Legislatura (que se activará recién en diciembre). Se debe tener en cuenta que el peronismo kirchnerista está tercero en Santa Fe y cuarto en Córdoba, y disputará entre el tercer o cuarto lugar en la ciudad de Buenos Aires, los distritos más populosos del país detrás de Buenos Aires. La contracara es que todos los demás bloques crecerán en tamaño e influencia, aunque sin superar individualmente ninguno al oficialismo, pero abriendo espacio a la posibilidad de alianzas entre grupos con el objetivo de promover una agenda legislativa que incomodará al Ejecutivo: derogación de superpoderes, reforma del Consejo de la Magistratura y de organismos de control, reformulación del Indec, y reducción de retenciones a la exportaciones del agro. Esta lectura mostrará a un kirchnerismo en retroceso.

La segunda forma de analizar el resultado es la que favorece el universo K. Si ganara Buenos Aires, aunque ajustadamente, logrando decorosos resultados en las provincias grandes y triunfando en varias provincias del norte y del sur del país, el kirchnerismo logrará ser una primera minoría cómoda a nivel país, aún perdiendo en algunos distritos. Muchos de los posibles ganadores provinciales no tendrán proyección a todo el país o serán parte del incipiente peronismo disidente pero sin alcance nacional. Así, el 28 a la noche el Gobierno apostará por festejar que nadie lo supera en votos nacionales, aunque enfrente se hayan distribuido un 65 % de los sufragios del país. Hasta podrían hacer el intento, forzado, de contar como propios los votos de otras alternativas peronistas que decidieron no salirse del partido. El caso de Reutemann, en Santa Fe, por ejemplo. De hecho, Kirchner sigue siendo el Presidente del Partido Justicialista. Aunque la jugada sería poco creíble, dada la profunda diferenciación realizada por el ex piloto de fórmula 1, son esperables artilugios político-discursivos orientados a volcar la balanza de la interpretación del resultado.

La tercera opción implica sopesar varias dinámicas, la legislativa, la de representatividad nacional y los liderazgos/espacios emergentes de la elección, en función de los armados para 2011. No se puede negar que el efecto arrastre invertido (de abajo hacia arriba) que lograría Kirchner con los intendentes y el gobernador Scioli esconde el retroceso de una propuesta K pura en la provincia. Haber necesitado de los intendentes para lograr competitividad es un signo claro del nuevo clima de época. Por otra parte, aún ganando Buenos Aires, Kirchner se parecerá un poco al Carlos Menem de 2003: será primera minoría pero enfrentará una opinión opositora de por lo menos el 65 % del electorado nacional y un debilitamiento de la capacidad de gobernar con el Congreso. Si en este caso hubiera una elección presidencial, ballotage de por medio, Kirchner difícilmente pasaría la prueba.

Se debe tener en cuenta además que la cosecha de votos será, incluso en los distritos favorables, sensiblemente menor a la de elecciones pasadas. El Frente para la Victoria puede ganar en el norte del país, pero lo haría con porcentajes menores a los de 2007. No sólo porque allí la imagen de los Kirchner ha bajado, como en todo el país, sino también porque en la última elección Cristina iba acompañada de por lo menos dos alternativas peronistas. En Salta, por ejemplo, juntó con Romero y con Urtubey, algo que en esta caso será diferente. Se suma a esto que el frente no peronista tiende a armarse a nivel nacional, con un piso superior al 20 % y tres referentes nacionales de peso (Binner, Carrió y Cobos). Esto será un incentivo a un PJ unificado.

Con diferentes argumentos, muchos tendrán motivos para atribuirse el triunfo la noche del 28. Traducido, significa que viene algo parecido a un empate técnico. Dependiendo de los resultados en cada provincia, varios dirigentes quedarán habilitados a disputarle el poder en 2011, pero nadie podrá negarle a Kirchner la influencia que da ser primera minoría, y disponiendo de los recursos del Estado. Los intendentes y los gobernadores ya lo saben: fueron avisados que el 29 de junio deberán seguir negociando con Randazzo, De Vido y compañía. Interpretar el resultado requiere, así, poner en la balanza todas estas dinámicas, para no quedarse con sólo una parte de la película.

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