Como un juego de espejos

Por Carlos Pagni

Decir que los seres humanos suelen ser presa de comportamientos que los devuelven una y otra vez a la misma trampa es una obviedad. Pero recordarlo en estas horas puede ayudar a comprender el modo en que Néstor Kirchner se involucró en la peripecia electoral catamarqueña. La escena tiene algo de déjà- vu. Lo que está sucediendo parece haber ocurrido: Misiones, Rovira vs. Piña, octubre de 2006.

Como en aquella pelea por la constituyente misionera, también en Catamarca Kirchner cree estar librando una batalla estratégica. Derrotar al obispo Joaquín Piña era doblegar al cardenal Jorge Bergoglio, así como hacer caer al Frente Cívico de Eduardo Brizuela del Moral significaría, este domingo, vencer a Julio Cobos. Para los esquemas mentales del ex presidente, la existencia de un enemigo oculto, cifrado, fantasmagórico puede resultar mucho más cautivante que la de un adversario explícito y visible. Tal vez por eso lo atrapa Catamarca.

Que Piña haya sido una metáfora eficiente de Bergoglio importa tan poco como que Cobos lo sea del gobernador catamarqueño. En rigor, Brizuela evitó por todos los medios que el vicepresidente apareciera por la provincia. Cree que va a ganar por sus propios méritos y no quiere que nadie se atribuya esa victoria. La hora de Cobos será, si llega el caso, la noche de mañana. Pero Kirchner ignora estos pliegues y prefiere pensar que, atravesando el cuerpo de Brizuela, su lanza se hundirá en el de Cobos.

Como en Misiones, no reparó en gastos. Catamarca ha sido en estos días el escenario de un clientelismo obsceno. A las dispendiosas visitas de Alicia Kirchner (Acción Social), José López (Obras Públicas), Claudio Morresi (Deportes) o Jorge Mayoral (Minería) se le agregó la de Amado Boudou, quien, como su antecesor Sergio Massa, en 2006, junto a Rovira, también debió prodigarse en la campaña. Boudou deberá demostrar algún día que está administrando los ahorros previsionales mejor que las malditas AFJP.

Sin embargo, el récord misionero fue superado: Kirchner encomendó al intendente de José C. Paz, Mario Ishii, que transfiriera al Noroeste la tecnología electoral del conurbano. Según varios beneficiarios de Ishii, en el comando del Frente para la Victoria se pueden conseguir por estas horas 1000 pesos contra la promesa de movilizar, mañana, 30 empadronados. Gastos de transporte. Nadie sabe cuántos votos se consiguen con estas malas artes. Pero seguro se pierden de a miles entre los televidentes que, aquí o allá, contemplan la tropelía.

Hay otra diferencia con Misiones, la precursora: en Catamarca, el Frente Cívico incurre en las mismas desviaciones. Todo el aparato provincial fue puesto al servicio de las urgencias electorales de Brizuela. Un anillo al dedo para el médico Rubén Manzi, candidato de la Coalición Cívica, quien se empeña en recordar que Kirchner, Cobos y Brizuela integraron, hasta el voto no positivo, la misma familia.

Se sabrá mañana por la noche si Catamarca se parece a Misiones también por el resultado. Tal vez importe poco. Si el Frente para la Victoria consigue 8 bancas, 4 serán para hombres de Luis Barrionuevo. Si consigue 10, el sindicalista controlará 5, siempre y cuando no ingrese también su hermana, Liliana Barrionuevo, quien armó su propia lista porque -según jura- está peleada con "Luisito". Conclusión: el gobierno nacional está trabajando para poner la provincia en manos del duhaldismo. Es la paradoja mayor de Catamarca: para Kirchner, la victoria puede ser allí peor que la derrota. Otra manifestación, diría Borges, de "esa lógica peculiar que da el odio" .

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