Cómo es la red de intereses, deudas y favores que apuntala el poder en Irán.

Los vínculos entre militares y líderes religiosos albergan una formidable trama de negocios.
En los últimos años, Occidente prestó poca atención al líder supremo iraní, el ayatollah Ali Jamenei. La mirada se ha posado más bien sobre su preferido, el presidente Mahmud Ahmadinejad, cuyo poder suele asociarse al respaldo que le brinda en forma pública el clérigo, la mayor autoridad del país. Pero conviene no simplificar: la fuerza de ambos descansa en otro lado y obedece a una opaca red de contactos entre los que la élite militar es un ingrediente sustancial. Esa trama de intereses, favores y deudas tiene una historia que es ahora aún más relevante, cuando miles de iraníes comienzan a poner en cuestión la legitimidad del régimen y el mismo Jamenei amenaza con un baño de sangre -cuyo primer capítulo se vivió ayer- si no cesan las protestas.

La narrativa de los mullahs suele colocar a los valores religiosos como el único norte de la acción política. En algunos casos, eso es cierto. Pero se sugiere no entretenerse allí demasiado. Irán es también un Estado y los dirigentes iraníes son tan hijos de Maquiavelo como todos los demás. Una prueba es la función decisiva que, muchas veces desde la sombra, cumple el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución, un sector que ha cobrado una importancia en alza desde 2005, cuando asumió el actual presidente.

Fueron creados hace 30 años por el ayatollah Ruhollah Jomeini, el padre de la república islámica iraní, para cuidar la revolución. Pero su nombre no debe engañar. Aunque originalmente surgieron sólo como un cuerpo militar, los Guardianes se transformaron al ritmo del país. Además de ser la fuerza militar de élite de Irán con miles de sus 150.000 miembros distribuidos en el ejército, la fuerza aérea y la marina, conforman una poderosa corporación donde conviven alianzas políticas, lazos familiares y puros negocios.

El influyente Bahman Group, que arma los automóviles Mazda en Irán, es un ejemplo de la formidable expansión de los Guardianes en una variedad de sectores. De tal modo, intervienen en operaciones ligadas a las finanzas, a la construcción e ingeniería, a los laboratorios universitarios, a las manufacturas de armas, al tiempo que operan sus propios puertos francos y compañías asociadas a la tecnología nuclear, un área sensitiva por la cual Teherán mantiene una disputa con EE.UU. por su plan atómico. El consorcio es una masiva máquina de hacer dinero y construir poder político.

La prensa de Teherán ha mostrado que muchos de sus miles de miembros votaron a los reformistas en el pasado. Pero analistas iraníes como Mahdi Khalaji, Ray Takyeh y Karim Sadjadpour desconfían de núcleos muy pequeños del cuerpo, que aparecen como los más interesados en sostener el aislamiento del país. Mohsen Sazegara, uno de los fundadores del cuerpo en 1979, declaró hace poco al respecto: "Lo que una vez comenzó como una guardia revolucionaria, hoy es otra cosa: algo así como la KGB, un complejo de negocios y la mafia".

Su cruce profundo con los círculos políticos comenzó tras la guerra con Irak (1980-1988), cuando se les encomendó ayudar a reconstruir la derruida economía iraní. Jamenei -ungido como líder supremo tras esa contienda- construyó entonces una red de apoyos con los comandantes veteranos de guerra que deseaban reincorporarse a la sociedad civil. Así, los distribuyó en importantes puestos políticos o como líderes de las riquísimas fundaciones caritativas montadas con los bienes confiscados a la dictadura del Sha. Estos grupos o "bonyads" controlan hasta un tercio de la economía nacional. La estructura de solidaridades sirvió a Jamenei como sostén de su liderazgo ante sus rivales y viejos compañeros de revolución como el ex premier Mir Hussein Musavi, devenido hoy líder de la reforma, y el ex presidente Hashemi Rafsanjani, uno de los hombres más ricos de Irán y que -partidario de una apertura de la economía- es uno de los integrantes del establishment que buscan un acercamiento con Washington.

Pero fue en su trato con los Guardianes cuando Jamenei conoció a Ahmadinejad, quien había servido en ese cuerpo militar. Ahora, son sus ex compañeros de armas la base decisiva de respaldo político del presidente, que incluso se refleja en la estructura del gobierno. Desde su llegada al poder, aumentó como nunca antes la presencia de Guardianes en el gabinete, el Parlamento y en gobernaciones y comunas del interior, así como en la jefatura de empresas estatales. En virtud de ese avance, muchos ya abrigan temores de una suerte de "militarización" de la vida nacional con la la supervivencia del régimen amenazada. Aunque a otros los abate un pesimismo mayor: saben que estos grupos son los que impiden que Irán se abra e imaginan que difícilmente renunciarán sin chistar a aquello que han conquistado.

Comentá la nota