¿Cómo me hacés esto?.

Aunque Bianchi aclaró ayer que siguen siendo amigos, el DT está muy dolido por algunos reproches que le hizo. Pero se calla y no piensa renunciar.
Presente en el vestuario de Casa Amarilla, testigo de esa reunión de urgencia que Bianchi pidió para aclararle al plantel la situación, Ischia escuchó cómo el otro Carlos buscó respaldarlo en su peor momento en el club y desmentir, de paso, que entre ellos exista una relación fría y distante, algo que igualmente Olé volvió a confirmar ayer con directivos y el entorno de ambos. Sin embargo, el Pelado DT jamás sintió en esas palabras el apoyo que ensayó el Virrey ante los jugadores. Su silencio en la cumbre previa al entrenamiento no fue cómplice, de ninguna manera. Por el contrario, si calló fue para no agregarle más leña al fuego. "Y porque a veces soy demasiado bueno", como le dijo a una persona cercana. Sin mucho margen de reacción ante la circunstancia, se guardó su bronca. Pero en su interior, Ischia está que explota con su ex compañero de éxito.

¿No le alcanzó que Bianchi, en conferencia, dijera que es "su amigo"? ¿No fue suficiente que el manager asegurara que "si me tengo que pelear con Carlos por el fútbol antes me voy a mi casa"? ¿No lo llenó que el Virrey recordara a los cuatro vientos que Boca, de su mano, había salido campeón hace poco? La respuesta es no. Incómodo desde el momento que el ex DT volvió con su sombra ganadora dibujada de otra función, al Pelado le fueron molestando ciertas cuestiones que desencadenaron esta situación que los tiene espiritualmente alejados y sin comunicación en lo futbolístico, algo que los dirigentes le reclaman al actual entrenador ("Tiene que consultarlo más", es el reproche escuchado).

¿Entonces? Por empezar, Ischia sabe que por lo bajo Bianchi fue muy crítico de sus planteos y que en muchos casos lo hizo público ante personas que luego, extrañadas, le trasladaron esos dichos a él. Pasó contra Cuenca, por la Copa, y en el último partido en Rosario. El modus operandi de los viajes fue otro motivo de cortocircuito interno: al Pelado no le cayó bien que el otro Pelado decidiera los traslados del plantel por la Libertadores en condiciones no tan beneficiosas y, cuanto menos, distintas a los tiempos en los que él era entrenador en la Copa.

La política de refuerzos también fue limando la relación. En su momento, Ischia había pedido a Diego Castaño para fortalecer el mediocampo y, cuando el pase parecía encaminado, desde el entorno del DT creen que la intervención de Mauro Bianchi (el hijo del manager, quien pasó a ser el representante del jugador de Tigre) terminó por complicar la operación. Después, el otro apuntado por el DT sin plafón en el manager fue Néstor Ortigoza, de Argentinos: tampoco llegó. Y eso hizo que se viera recortado en sus deseos, que tuviera que arreglarse con lo que había y que el equipo hoy esté pagando la falta de recambio en ese sector.

Sin embargo, el poco respaldo que siente Ischia tanto de Bianchi como de los dirigentes también se expresa en palabras. La declaración de Ameal, mostrando su deseo de tener al Virrey como DT en un futuro post interinato (ver pág. 6) no es, lo que se dice, una dosis de tranquilidad para este hoy. Y los dichos del propio manager, referidos a la continuidad del técnico, también descubrieron un plazo implícito.

¿Si Boca no gana la Copa va a ser el primero en defender a Ischia para que siga en el cargo?, le preguntaron al Virrey. Y su respuesta dejó, por lo menos, la puerta abierta para una evaluación de la situación: "Esperemos que llegue julio. Aparte, Carlos tiene contrato hasta el 31 de diciembre del 2009. Yo creo que hay que respetar el contrato, como se respetó en el 73,74 y 75 sin salir campeón", se rectificó luego. Pero la primera frase... Julio es ese mismo mes que asoma como el límite de tolerancia de los directivos para este ciclo. Siempre y cuando, por supuesto, Boca no quede eliminado de la Copa.

Mientras tanto, acorralado por los resultados en el torneo local, con una serie de desaciertos tácticos que pusieron en baja su imagen como DT, con la Libertadores como único sostén y con menos crédito entre directivos y jugadores, Ischia no piensa por estas horas en una renuncia que precipite los hechos. Está con bronca y dolido, pero con ganas de revertir este presente. Y de llegar a julio. Si lo logra, habrá ganado. Y resistido.

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