Como una gran piñata

Por Carlos Pagni

La reforma política que Cristina Kirchner envió al Congreso podría recibir, en los próximos días, adhesiones inesperadas y rechazos imprevistos. Los diputados del Gobierno deberán conseguir los votos para la aprobación de la ley en general. Su jefe, Agustín Rossi, dice tenerlos de sobra. Además, en el tratamiento particular de cada artículo el proyecto contará con un apoyo muy extendido del radicalismo, de la Coalición Cívica (CC) y del PJ disidente.

Estas fuerzas no darán una aprobación más generosa para no quedar contaminadas con el desprestigio de la Presidenta y su esposo. Son los costos de una estrategia oficial que olvidó primero el diálogo y, al poco tiempo, las reglas elementales de convivencia con la oposición.

La UCR y el partido de Elisa Carrió exagerarán su repudio a algunos aspectos de la norma para, después, votar a favor de sus principales disposiciones.

Es comprensible: el texto elaborado por el Ministerio del Interior es una gran piñata en la que cada partido o candidato cree encontrar un regalo a su medida, excepto Mauricio Macri, Francisco de Narváez y los partidos pequeños de izquierda, víctimas del nuevo instrumento. Pero también Kirchner podría perjudicarse con esta ingeniería.

Así como el solapado acuerdo del oficialismo con el PJ disidente, la UCR y la Coalición Cívica es una novedad, con este debate también se vuelven definitivas algunas disidencias. Claudio Lozano (Proyecto Sur) y Vilma Ibarra (Encuentro Popular y Social) rechazarán la propuesta. Lozano es el principal sostén de Pino Solanas. E Ibarra está asociada a Martín Sabbatella. Solanas y Sabbatella comienzan a ser las alternativas de centroizquierda al kirchnerismo para 2011.

Estos alineamientos reproducen, a escala parlamentaria, la contradicción que corroe hoy al oficialismo. Como quedó claro en estos días, la gobernabilidad de los Kirchner no está en manos de la derecha destituyente que intenta construir el aparato de comunicación oficial, sino de una izquierda revoltosa que rompió cualquier puente con el poder. Esa es la razón por la cual las últimas advertencias sobre un proceso de desestabilización resultaron, de tan inadecuadas, grotescas.

Revolución

La reforma es polifacética y, de aprobarse, producirá una revolución en el funcionamiento de la política. Las urgencias de Kirchner están alineadas, en este caso, con algunas necesidades del sistema.

En su afán por sustituir con reglas burocráticas el encanto social perdido, el esposo de la Presidenta ayudará a la reconstrucción del sistema de partidos, triturado por la crisis de 2001. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, y sus colaboradores inmediatos negocian con Graciela Camaño -presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales, cercana a Eduardo Duhalde-, Pedro Azcoiti (UCR) y Patricia Bullrich (CC), los nuevos requisitos para agrupaciones y candidatos.

El Gobierno redujo algunas exigencias para evitar otro escándalo con la centroizquierda. No vaya a ser que, además de negar la personería a la CTA, se la terminen quitando a los pequeños partidos.

Para conseguir el reconocimiento formal ya no hará falta, entonces, afiliar al 5 por mil del padrón -como quería el proyecto original- sino que bastará con el 4 por mil (108.000 ciudadanos). Quien participe en una interna presidencial, no tendrá que reclutar como adherentes al 1 por mil de los empadronados, como pretendía la primera redacción. Se está discutiendo otro piso relacionado con la cantidad de afiliados al partido. A la vez, para que el partido compita en las generales deberá movilizar en su primaria al 1,5 por ciento de los ciudadanos (405.000); no al 3 por ciento, como en la versión original.

Si bien a los pequeños partidos se les perdona la vida, los máximos beneficiarios de estas cláusulas son el PJ y la UCR. En principio, evitan el harakiri de una reafiliación general. Apenas se exhibirán los padrones para que quien quiera desafiliarse lo haga mediante un telegrama gratuito. La reforma pretende complicar la vida a recién llegados como Macri y De Narváez: deberán buscar afiliados (con cada ficha habrá que presentar ahora fotocopia del DNI), integrar una confederación con partidos provinciales o afiliarse al PJ.

Carlos Reutemann, Felipe Solá o Duhalde, si piensan competir por fuera del partido, también tendrán que armar una estructura. Lo mismo vale para Julio Cobos: las presión sobre la UCR con alianzas exóticas -De Narváez en Buenos Aires, por ejemplo- pierde eficacia con esta cláusula.

Lozano votará en contra, aunque Solanas no salga tan perjudicado: la CTA puede proveerle una red de alcance nacional. La izquierda maximalista, sometida a una incesante división, tendrá que sintetizarse, al modo del Frente Amplio uruguayo o de la Izquierda Unida española.

Arte de magia

Las internas serán simultáneas y obligatorias para los partidos y para los ciudadanos (donde decía "podrán votar", ahora dice "deberán votar"). Es el cambio más audaz y controvertido. Un domingo, en un mismo cuarto oscuro, el votante tendrá delante de sí las listas internas de todas las fuerzas existentes. Una especie de aleph electoral donde será tarea de magos encontrar al candidato favorito. Hay que imaginar también una interminable mesa de fiscales. Randazzo no consiguió que Kirchner perdiera el pánico al voto electrónico. La endiablada maniobra justifica, de paso, otro talismán del oficialismo: la boleta indivisible, que favorece a las grandes maquinarias electorales.

¿Quién gana y quién pierde con las primarias obligatorias? Para los radicales, que disfrutan de las internas más que de las generales, son el nirvana. Terminarían de subordinar a Cobos y someterían a Elisa Carrió a un gran despliegue territorial.

Pero Carrió también festeja. Cree que, al intervenir extrapartidarios, la maquinaria de la UCR perderá su peso relativo. Ella se imagina compitiendo contra Cobos, aliada al sector del radicalismo que lidera Gerardo Morales.

El PJ disidente, sobre todo el duhaldismo, mira el juego igual que Carrió. Al tratarse de elecciones obligatorias, suponen que los independientes votarán en las primarias peronistas para bloquear el regreso de Kirchner al poder. Hay diputados oficialistas que temen esa dinámica. Un radical lo sintetizó así: "Si alguien que gobierna y tiene mala imagen convoca a los independientes, le está poniendo una urna a la bronca".

Acaso Kirchner crea que, desde la conducción del PJ, tendrá alguna ventaja en las internas. Debería revisar esa premisa: Graciela Camaño eliminó de la propuesta oficial el párrafo que permitía a la carta orgánica de los partidos aumentar el número de adherentes exigido a cada candidato. Con ese detalle, Kirchner hubiera podido obligar a sus adversarios internos a presentar un número inalcanzable de auspiciantes.

La otra corrección clave de Camaño es que incluyó las listas opositoras en las juntas electorales de los partidos.

Los diputados introdujeron más innovaciones para el financiamiento de las campañas. Una es que la publicidad y los actos oficiales podrían quedar prohibidos durante los 35 días que dura el proselitismo. Y otra importante: el Estado se hará cargo de los gastos de las internas, con fondos que serán equivalentes al 50% de los previstos para las generales y que se repartirán en partes iguales entre los competidores.

Es posible que la corporación política esté por dar un zarpazo sobre el presupuesto. Pero si los contribuyentes financian a los clubes de fútbol, ¿por qué no van a sostener a los partidos? Se lo preguntó un peronista, con su mejor cara de inocente.

Comentá la nota