Como Ferrari, Renault quiere irse a fin de año.

El team francés también está en desacuerdo con el recorte presupuestario.
La escudería Renault anunció que está dispuesta a abandonar la Fórmula 1 si se mantienen las reglas aprobadas para 2010, con lo que se colocó a la estela de Ferrari -que anteayer lanzó la misma amenaza- y sumó así más incertidumbre al futuro de la máxima categoría del automovilismo mundial. El team francés (Campeón en 2005 y en 2006 con Fernando Alonso) se expresó a través de su jefe principal, Flavio Briatore, quien advirtió: "Si las decisiones del Consejo Mundial de la Federación Internacional de Automovilismo no son modificadas, no tendremos otra opción que dejar de participar en la F.1 a fines de 2009.

"Nuestra esperanza es reducir los costos y mantener los altos niveles que hacen de la Fórmula 1 una de las marcas más prestigiosas del mercado. Queremos mejorar esto de modo coordinado, pero rechazamos aceptar decisiones unilaterales por parte de la FIA", agregó Briatore en un comunicado. "Es frustrante que las propuestas constructivas de la asociación que representa los equipos, incluso las relativas a una reducción progresiva de los costos entre 2009 y 2012, acordadas por las escuderías, hayan sido ignoradas completamente y sin ningún tipo de consultas", concluyó.

Para subrayar el concepto, Bernard Rey, presidente de Renault, reforzó el pensamiento general de la escuadra: "Nuestro equipo siempre consideró la F.1 como el máximo de los deportes motorizados y como el escenario perfecto para mostrar las excelencias técnicas. Nosotros permaneceremos en el mundo del deporte, pero no podemos estar en un Mundial con dos diferentes tipos de reglas. Y si éstas entran en vigor, estaremos obligados a irnos al final de 2009".

La posición de Renault se conoció un día después de que Ferrari también mostrara su disconformidad y amenazara con abandonar la categoría. El conflicto nace de la decisión impuesta por el presidente de la Federación Internacional del Automóvil, Max Mosley, de fijar un tope presupuestario de 44 millones de euros a los equipos, no obligatorio, pero que implica ventajas técnicas y económicas para quienes se adhieran a éste.

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