Cómo se dirá afano en ucraniano.

En Rostock, Alemania, dos jurados europeos vieron ganar a Kotelnik. El restante, panameño, le dio dos puntos al argentino.
Fue un afano. Que Marcos René “el Chino” Maidana no se llevara el título de campeón mundial de los welter junior de la AMB fue una injusticia. Al cabo de doce rounds, número inédito en la carrera del santafesino, el jurado se pronunció por el ucraniano Andreas Kotelnik y lo erigió ganador en una sentencia dividida y polémica. Los jueces Paul Thomas y Jean-Louis Legland, inglés uno y francés el otro, vieron perder al argentino y fallaron 115-113 y 115-114 contra un juez latinoamericano, el panameño Gustavo Padilla, que le mantuvo dos puntos de ventaja: 115-113. Y así el Chino perdió el invicto de 25 peleas ganadas por nocaut. Si hasta el relator alemán, en un inglés rústico, lo consagró campeón en sus comentarios en el duodécimo round, cuando en los cuatro primeros asaltos lo había subestimado hasta el hartazgo.

Pero, aunque perdida, fue una gran pelea que cambió de estilo a cada round. Maidana salió al ring, al ritmo de “El bombón asesino”, de Los Palmeras, mientras que el ucraniano usó el remanido “We are the champions”, que no conmovió a ninguno de los alemanes inmóviles en las sillitas del miniestadio.

Maidana danzó. Mantuvo el centro del ring y pegó hasta cansar al ucraniano. En los cuatro primeros rounds, los contrincantes se midieron. La defensa cerrada de Kotelnik no pudo contra los guantes negros del argentino, que en el sexto le abrió la mejilla. El “Chino”, en cambio, estaba intacto con brazos ansiosos y desalineados. Buena distancia, poco abrazo, el comentarista alemán insistía con la técnica y el profesionalismo del ucraniano al tiempo que el santafesino le entraba y le entraba.

–¡Abollalo, Marcos! ¡Ponele huevos! ¡Cuatro seguidos y lo manuqueás! ¡No te amansés, Chino! –gritaban desde el rincón del argentino.

Maidana escuchó cada consejo y actuó en consecuencia. En el rincón ucraniano, Kotelnik se recuperó con cada campana y salió firme. Maidana, con los brazos siempre abajo, como relajados, esquivó casi todos los golpes. Tuvo aire hasta el final y lo puso todo el tiempo.

“Provocative style”, viró el relator alemán. “A little indian! A young brave!”

Maidana y Kotelnik llegaron al duodécimo round con una carga de energía inusitada. Se entraron con golpes cortos, largos ascendentes, derechas e izquierdas.

Campana.

Derrota.

Si hubiera logrado coronarse, entonces Maidana hubiera sido el quinto campeón argentino después de Omar Narváez, de Hugo Garay, de Maravilla Martínez y de Víctor Ramírez, sin nombrar a las muchachas, Acuña, Bopp y Gutiérrez. Pero el “hubiera” no existe. No hubo título. Hubo lágrimas. Las de Maidana, que no aparecieron por la derrota, si no por la impotencia del afano.

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