Cómo contribuir a mejorar el proceso electoral

Por Nicolás Ducoté

Director general de CIPPEC

Los datos estadísticos son contundentes y confirman una paradoja de cara a las próximas elecciones en la Argentina: pocos ciudadanos quieren participar al tiempo que muchos desean ser elegidos

Con las elecciones legislativas cada vez más cerca sería bueno recordar que existe una instancia que antecede -aunque no excluye- a todos los reclamos relacionados con nuestro proceso electoral, la transparencia en el financiamiento de las campañas, la validez de las ‘candidaturas testimoniales’, la falta de internas partidarias, entre muchos otros. Esa instancia previa es la calidad de la participación ciudadana en la vida pública y política, particularmente en el acto eleccionario, origen y fundamento de toda democracia.

La apatía que diariamente expresamos los argentinos por el estado de la cosa pública es un indicador preocupante pero fiel de la democracia que tiene la Argentina. Esto se nota, especialmente, en uno de los momentos más críticos y significativos de nuestro ejercicio democrático, que es el de actuar como autoridades de mesa el día de las elecciones. Distintas fuentes dan cuenta de un nivel de deserción lamentable, que en algunos distritos alcanzaría casi 65% de los designados. Si el único día, cada dos años, que la democracia le pide a menos de 1% de los ciudadanos que asuma una responsabilidad extraordinaria, fallamos, tenemos un problema que se hace indispensable resolver. Por otra parte, según datos de la Cámara Nacional Electoral, en estos meses sólo se inscribieron como voluntarios para ser autoridad de mesa en los próximos comicios, menos de 1.500 personas en todo el país. Es decir, si de la voluntad exclusiva de los ciudadanos anotados dependiera, el día de las elecciones no se alcanzaría a cubrir ni siquiera 1% de los puestos de votación.

Por otro lado, y también según registros de 2007 de la Cámara, existen en la Argentina aproximadamente 700 partidos políticos reconocidos, entre los de orden nacional y los partidos de distrito. Además, más de ocho millones de ciudadanos o 30% de los electores de 2007, estaba afiliado a algún partido. Es curioso, entonces, la paradoja: pocos quieren participar de las elecciones, muchos desean ser elegidos y otro tanto accedió a afiliarse a un partido político.

La gran cantidad de partidos políticos podría indicar un exceso de oferta y, la apatía ciudadana, una demanda insatisfecha. Cualquiera sea el caso, si no logramos que la sociedad empiece a valorar positivamente la participación en la vida pública y, en particular, en el acto electoral; si no logramos que la ciudadanía asuma sus deberes cívicos con orgullo, difícilmente la situación se revierta y, el 28 de junio, el faltazo de ciudadanos como autoridades de mesa para velar por una buena elección podría repetirse. Con cada mesa sin autoridades nuestra democracia queda un poco más débil.

Por eso, participar de los comicios como autoridades de mesa no es una forma más de ejercer la ciudadanía. Es, junto con el sufragio, una de las cargas públicas más valiosas que puede asumir un ciudadano. La posibilidad de que cualquiera participe, revela que las elecciones no son sino un elemento democratizador, en el cual cada ciudadano tiene el mismo derecho y la misma obligación, independientemente de su origen y situación socioeconómica. En esa instancia todos somos funcionarios públicos defendiendo con nuestros actos la democracia que tanto valoramos.

En definitiva, es necesario, fundamental y conveniente que los ciudadanos asumamos nuestras responsabilidades cívicas como verdaderos protagonistas de la vida pública y política argentina. Los que sean designados autoridades de mesa, no pueden fallarnos. Los que no hayan sido designados y conozcan a alguien que sí, insistan y motívenlos a que vayan. Los que puedan debieran anotarse como voluntarios (aunque sea pequeña la posibilidad de que efectivamente los convoquen, la señal de apoyo a la democracia de miles de anotados ya es un valor en sí mismo). Y por último, casi todos debiéramos capacitarnos para esto, que es algo fácil y rápido (hay variedad de recursos disponibles online, en papel y presencialmente en los juzgados electorales de todo el país -por ejemplo, en www.cuidatuvoto.org.ar).

Sólo si logramos eso la clase dirigente comprenderá que existe un pueblo, en el que reside la soberanía, que no sólo anhela y exige una democracia mejor, sino que está dispuesto a asumir las responsabilidades de hacerla a través de sus actos.

Comentá la nota