Como en casa

Ayer llegaron los diplomáticos de Latinoamérica y Caribe.
Al costarricense Ricardo Toledo no le importó mancharse la corbata mientras le daba de probar con la panera pastelitos de queso con canela al cubano Aramis Fuente y al dominicano Guillermo Piña. Más tarde, saborearon chivo y se admiraron del chimichurri, casi al pie de los cerros bordados de cepas en Casa Montes, donde viajaron hacia las entrañas de la bodega para conocer cómo se hace el buen vino sanjuanino.

Como en casa, así descubrieron la provincia ayer los 15 diplomáticos de Latinoamérica y el Caribe que trajo el Gobierno para estrechar lazos comerciales y culturales, en el marco de la seguidilla de visitas internacionales con alto voltaje político que viene practicado el giojismo en los últimos dos años. Mechado con las exquisiteces cuyanas, los embajadores recibieron un dossier de oportunidades de intercambios comerciales y un panorama revelador de la importancia del túnel de Agua Negra para el crecimiento del Mercosur y de Latinoamérica (ver aparte).

Este desembarco trajo a los embajadores Mauro Vieira (Brasil), Francisco Bustillo (Uruguay), Guillermo Rubio (El Salvador), Raymond Mathieu (Haití), Aramis Fuente (Cuba), Fabiola Masis (Nicaragua), Luis González (Guatemala), Leonor Arauco (Bolivia), Wellington Sandoval (Ecuador), Ricardo Toledo (Costa Rica), Alvaro García (Colombia), Guillermo Piña (República Dominicana), Francisco Del Río (México); la encargada de Negocios de Panamá Soraya Cano; y el ministro consejero de Chile Carlos Olguín.

El contingente, el más numeroso que llegó a San Juan tras los 21 europeos en 2008, le escapó al protocolo para acercarse a la comodidad y la camaradería, que se vio en rostros sonrientes y sobrados discursos de agradecimiento de los visitantes. Habrá pesado que todos -incluso el francoparlante haitiano- hablaban español con tonaditas característica y modismos con reminiscencias de telenovela que dejaban a los anfitriones escuchándolos gustosos.

La sobriedad de la llegada a Casa de Gobierno, con banda de música y alfombra roja fue desplazada luego por el convite con café y un amplio repertorio de sabrozuras sanjuaninas: sopaipillas, pasteles de queso, semitas, alfajores de alcayota y frutos secos con chocolate. El brasilero Vieira, el decano del bloque diplomático y quien pisó ayer por cuarta vez San Juan, se acercó con José Luis Gioja al horno a ver cómo se hacían las masas. A varios se los escuchó ensayando cómo decir "sopaipilla" en las mesas mientras las probaban.

En la sala contigua, pasaron a ver en pantalla gigante un resumen del perfil económico de la provincia, que presentaron los ministros locales, Benítez y Strada.

El almuerzo fue intenso. Al llegar y calzarse los gorros de paja que en Casa Montes les regalaron, comentaron lo fuerte del sol sanjuanino, e incluso el ecuatoriano Sandoval y su señora se acordaron de que en su país los rayos solares "caen más derecho".

Pero la bienvenida que sintieron más profunda fue la que ensayó el anfitrión, Francisco Baltazar Montes, quien junto a su hijo Francisco José Montes convidaron de una gran galleta a los invitados, en señal de comunión. Con la vista de las vides y el cerro de fondo, bajo una carpa degustaron chivo, punta de espalda y lechón, regados con Sirah y Viognier. Al final, con las banderas de cada país en mano, que les dio la anfitriona María Inés Peñafort, se abrazaron en una foto de grupo para festejar su estadía, bien sanjuanina.

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