Como el avestruz, la cabeza escondida

"Está todo perfecto, la gente del Obrador está trabajando todos los días. Está todo perfecto", dijo con amplia sonrisa y sin levantarse de su inmenso escritorio la directora de la escuela.
El periodista le consultó, faltando un par de semanas para el inicio del dictado de clases, si tenían algún problema edilicio. Vidrios rotos, sanitarios fuera de funcionamiento, puertas que no cierran, estufas que no encienden, ventiladores de techo apenas sujetos por un alambre. Nada que años atrás no haya ocurrido y que, lamentablemente, sólo fue objeto noticiable frente a la desgracia consumada. "Todo perfecto", insistió la docente.

Curioso. El periodista insistió con la pregunta. Porque el año pasado, otra autoridad en ese mismo edificio escolar le confesó -off the record- que temía por los alumnos, ya que la baranda de la planta alta, que da al patio central, estaba bastante desvencijada. No hace falta tener una frondosa imaginación para advertir el peligro que ello representa.

Cuando la directora, de amplia sonrisa, escuchó lo de la baranda que había confesado su colega, repentinamente recuperó la memoria. Y reconoció que esa defensa de la planta alta, sigue como estaba. "Pero seguro que lo van a reparar de inmediato", suavizó como disculpándose y disculpando a los obreros.

Quiere decir que no todo está "perfecto", reflexionó el periodista, en voz alta. "No, no, seguro que ahora nomás van a reparar esa baranda", insistió la directora.

Entonces no quedaba más por hablar. Saludo cortés mediante, el periodista dejó el despacho y salió del edificio sin saber siquiera el nombre de la directora. Al momento de los saludos y la presentación inicial, la mujer se había limitado a decir "buenos días", sin revelar su identidad. Casi en ambiente de auditoría externa.

Días antes, el director de Arquitectura, Pablo Zabala, dijo que en el 2008 unas 120 escuelas recibieron alguna reparación. Sin embargo, pese al trabajo realizado, reconoció que quedan obras pendientes para el próximo ciclo lectivo. E instó a las directoras a formular los pedidos de arreglo para no sufrir inconvenientes durante el dictado de clases.

Queda la impresión de que algunas directoras prefieren mantener el asunto a puertas cerradas, aún cuando dependa de ello la integridad de sus alumnos.

Porque -valga la obviedad- no es un tema menor que haya una baranda desvencijada en el corredor de la planta alta de un establecimiento escolar. Y bajo ningún pretexto nadie podría calificar de "perfecto" el estado del edificio olvidándose de semejante detalle.

Igual responsabilidad que a la directora le cabría al periodista si no comunicara esta situación y si no dijera que el edificio en cuestión es el de la Escuela Superior Sarmiento, turno tarde, ubicada sobre avenida Libertador, en la esquina con avenida Alem.

Porque lo peor que podría hacerse, es esconder la cabeza debajo de la tierra. Y pretender que aquí no pasa nada.

Comentá la nota