Cómo administrar la pobreza de soluciones

El deseo de una familia de tener su vivienda propia va más allá de lo material, tiene que ver con el deseo de autonomía, con la sensación impagable de poseer sin condiciones un espacio propio.
Es un derecho garantizado pero al que muy pocos acceden, mucho menos en los últimos años. A diferencia de otros tiempos, cuando se construían planes de viviendas con frecuencia en esta zona, cada familia debió buscar sus propios recursos para cristalizar ese anhelo.

Todas estas reflexiones vienen a cuento del nuevo plan de cien viviendas, financiadas por Nación, del que se iniciaron los trabajos.

Es una buena noticia, pero su implementación pondrá a prueba la capacidad política de la gestión de Ramón Rioseco. El sueño de "la casa propia" es válido para todas las familias, además es un tema sensible porque decirle que no a quien tiene el derecho adquirido es siempre desagradable y, en general, resta votos.

El primer filtro también es difícil, porque se admitió que los primeros beneficiarios serán empleados públicos porque se busca el cobro seguro de las cuotas. Habrá gritos al cielo cuando se establezca este privilegio para aquellos que, además de cobrar (casi siempre) sus sueldos en tiempo y forma, tendrán los primeros lugares entre los potenciales beneficiarios.

Por otro lado están los trabajadores petroleros. En algún momento desde el sindicato que los agrupa se anunció la intención de comenzar un plan de viviendas, pero eso quedó muy lejos después de que la crisis se instaurara en el sector.

Entonces las familias petroleras pueden también buscar un lugar entre los cien beneficiarios. Es cierto que muchas acudieron al crédito bancario e iniciaron sus propias construcciones en algunos de los ochocientos terrenos entregados en el último año.

Entonces queda todavía sin solución un sector de la población, que en muchos casos es el más vulnerable, que vive del trabajo informal. O que recibe un ingreso, que si bien es mensualizado, solamente queda registrado a través del monotributo. Para ellos no hay soluciones todavía.

Para las familias más carenciadas, esas que viven, en realidad subsisten, de la ayuda estatal se venden terrenos sociales de menos de 1.200 pesos y se los incluyen entre las viviendas sociales que se pagarán a muy largo plazo.

La administración de la pobreza de soluciones será un desafío para Rioseco, como lo fue el reparto de subsidios en la década del ‘90. Que la experiencia le sirva.

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