Cómo acercarse y no morir en el intento

En una entrevista exclusiva, el ministro de Economía, Amado Boudou, le explicó a Página/12 cómo se plantea el acercamiento al Fondo manteniendo las críticas que planteó en los últimos años. El Club de París y los holdouts.
"Las estadísticas oficiales son siempre tema de discusión, tanto dentro como fuera de la Argentina", señala el ministro de Economía, Amado Boudou. Pero admite que es uno de los temas espinosos en la relación de Argentina con el FMI y el mundo financiero. Sin embargo, afirma que ahora le gusta que le pregunten sobre el tema, "porque tengo para contar lo que estamos haciendo". A su regreso de la asamblea anual del Fondo Monetario y el Banco Mundial, el titular del Palacio de Hacienda accedió a una entrevista con Página/12, en la cual explicó los motivos que hicieron naufragar el primer intento de acercamiento con el organismo. Explicó lo que el gobierno argentino está dispuesto a aceptar y lo que no. Por qué considera que no es un cambio de posición el anterior rechazo al FMI y el actual diálogo. Las expectativas y posibilidades respecto de un cambio en las políticas y el rol del organismo. Y también se refirió a las posibilidades de un acuerdo por la deuda con el Club de París.

–Antes de partir a Estambul, su discurso lo mostraba más confiado acerca de un acercamiento con el Fondo. ¿Hubo algo en la cumbre que le hizo cambiar ese optimismo?

–Nosotros queremos dejar muy clara la posición argentina. El país puede compartir datos, cifras y análisis. Puede escuchar críticas en una evaluación. Pero no va a aceptar injerencia en sus políticas.

–¿Se planteó algún tipo de injerencia? ¿Cuáles?

–No fue un planteo directo. Sin embargo, cuando uno se da cuenta de que hay una sarta de recomendaciones que fallaron sistemáticamente e intentan reflotarla, no tiene sentido continuar porque generaría más ruido que beneficios. Además, sin ningún valor agregado. El tema de las reservas internacionales, por ejemplo. La posición del Fondo es que no es una buena idea que los países acumulen reservas internacionales, porque esto le saca liquidez al comercio internacional. Ahora, me pregunto, ¿cuál es la cobertura que tiene ante una contingencia externa un país como la Argentina? Un país que no emita moneda de reserva, que tiene una historia antes de 2003 de permanentes cuellos de botella en el sector externo. Nosotros pensamos que la política de acumulación de reservas ha sido uno de los pilares del crecimiento económico argentino. Entonces, no puede pensarse el sistema monetario de un país como si todos fueran iguales, tuvieran la misma historia, el mismo funcionamiento o tamaño.

–Varios economistas coinciden en ese tipo de recomendaciones.

–Ese es un grave error de los economistas en general, que creen que hay que pensar la economía como una probeta. La economía se da en un contexto político y social y en una correlación de fuerzas entre distintos países. La teoría económica sirve para entender estos fenómenos, pero no puede hacerse política sin un planteo más abarcativo.

–¿No habría, entonces, problemas con las revisiones?

–No. El tema de las revisiones no sería un problema. No me gusta utilizar la palabra monitoreo, como hacen algunos, porque suena a auditoría. Esto no es una auditoría, porque no hay revisión de papeles. Se puede decir que es un seguimiento de las cuentas.

–¿Se trató el tema del Indec en la reunión de Estambul?

–Siempre sale el tema del Indec, dentro de la Argentina y fuera de la Argentina. Pero a mí, ahora, es una pregunta que me gusta, porque tengo para contar lo que estamos haciendo. Es decir, tomamos nota y vamos avanzando en esa línea. No obstante, creo que en este tema en particular ha sido tratado con mucha irresponsabilidad por consultoras, "opinadores" y analistas. Se compara los números del Indec con índices que se hacen sin que se sepa la metodología o el tamaño de la muestra. Seguramente haya cosas que hacer para fortalecer el Indec y haya que seguir trabajando para ello, pero me parece que opinar, criticar o denostar lo que se hace desde una posición sin responsabilidad, también daña el funcionamiento del Indec.

–¿Le molestó la posición de la Universidad de Buenos Aires?

–Cuando uno organiza un comité donde hay más de una parte, cada una tiene su lógica, sus problemas y sus discusiones internas. La UBA es una entidad muy grande, tiene mucha vida política interna en las facultades. Está bien que cada uno marque sus posibilidades de aportar.

–Había mucha expectativa en torno de la cumbre en Estambul y finalmente no hubo acuerdo.

–En el tema del Fondo, donde la historia de nuestro país es sobredimensionar las cuestiones malas y subvalorar las buenas, me parece que se está haciendo demasiada alharaca. La Argentina nunca se fue del Fondo, lo que hizo fue pagar sus deudas; porque las decisiones políticas, económicas y monetarias desde 2003 y a la fecha se toman desde el Gobierno. La decisión es que las estrategias y la implementación se hagan en término de las autoridades políticas de nuestro país y no en otro foro, pensando en cosas que no son el bienestar de los argentinos. Muchas políticas que se diseñaron en el pasado parecían más para que algún acreedor pudiera cobrar o un inversor sacara dividendos que para que a los ciudadanos de la Argentina les fuera mejor.

–Pero, después de tantas críticas al FMI y toma de distancia, no deja de ser un regreso.

–Lo que pasa es que la Argentina está profundizando su política respecto del Fondo. Hasta el momento, lo único que había hecho el país fue pagar su deuda y no escuchar más los consejos del FMI ni aceptar sus condiciones. Ahora lo que hacemos es llevar nuestra voz al Fondo. Esto es posible porque la Argentina tiene hoy una historia para contar: al país le fue mejor que con las políticas del Fondo. Y no es un tema que sólo lo dice el Gobierno; lo saben también los industriales, los consumidores, en definitiva toda la población. Los sucesivos fracasos del Fondo son una página que pudimos dar vuelta. A la fecha, nuestras políticas nos permitieron salir del estado de "no-república", donde no había ningún tipo de institucionalidad ni funcionamiento. Nos permitió crecer y, frente a esta crisis internacional, sortearla mejor que muchos otros países. Significa que las políticas que hemos implementado tienen estos elementos para mostrarle al mundo.

–¿Sería algo así como volver al Fondo para pedir que cambien?

–La existencia y el rol del G-20 a partir de la crisis y el rol de la Presidenta (argentina) en el G-20 también da un nuevo marco político para los cambios del Fondo. Hasta ahora, el Fondo les indicaba a los países en desarrollo qué tenían que hacer. Al mismo tiempo, le pasaba un elefante por debajo de las narices sin verlo, que fue la crisis internacional. Está claro que el Fondo fracasó y necesita un rediseño. Eso, desde el G-20, se plantea muy fuerte: la necesidad de que el mundo pueda tener políticas contracíclicas, políticas de Estado. Que se entienda que no todas las políticas son idénticas para todos los países. Con eso ya salimos del Consenso de Washington.

–¿Vio a sus representantes dispuestos a ese cambio?

–Yo me hago esta composición como observador, aunque no como parte. Veo que hay una cabeza, que es Dominique Strauss-Kahn, que viene imbuido de todas estas ideas, que también viene de la acción política, y que por eso comprende la necesidad de un nuevo Fondo. Por otro lado, hay todo un staff y una burocracia del FMI que tiene toda una historia de pensamiento único.

–Entonces, ¿los cambios podrían naufragar?

–Me parece que estamos asistiendo a una etapa en la que estas dos fuerzas están chocando. La dinámica de la crisis, del G-20, de la posición de Estados Unidos, del nacimiento del BRIC (Brasil, Rusia, India y China como potencial bloque) y países en vías de desarrollo con una voz más fuerte en el diseño de las políticas públicas internacionales, sin duda, van a hacer que aparezca un nuevo Fondo. ¿Cuándo y en qué tiempo? Es difícil decirlo. Pero estamos en medio de esa tensión.

–¿Cuál es la necesidad práctica de acercarse al organismo?

–Es principalmente con una cuestión institucional. Somos parte del G-20, además del Fondo. También es cierto que queremos avanzar en algunos temas de los mercados internacionales de crédito. Por lo que tener una relación de intercambio de información y de vida activa dentro del organismo coloca a la Argentina en la discusión de hacia dónde tiene que ir el FMI. Si queremos que un organismo cambie, tenemos que dar la discusión activamente adentro.

–¿Se avanzó en alguna propuesta para los holdouts?

–No hubo ninguna propuesta.

–¿Y para el Club de París?

–En este caso (el secretario de Finanzas, Hernán) Lorenzino se viene juntando con el Secretariado del Club. Lo que pasa es que tenemos que encontrar una estrategia que satisfaga a los acreedores, pero que sea útil para la Argentina, porque si no sería como hacerse trampa al solitario.

–Está claro que no se paga con reservas ni todo en efectivo. ¿Qué más se va a evitar?

–No se paga con un programa del Fondo. Porque ahí hay matices. Si dicen que el artículo IV tiene que ver con esto, nosotros lo aceptamos. En cambio, si nos dicen que se necesita un programa del Fondo, no hay chances. La Argentina no va a resignar su política económica.

–¿Alguna parte podrá ser en efectivo?

–Cuanto más podamos financiar, mejor. Pero puede haber un pago inicial.

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