Como en el 2008, el país caótico vuelve a ganar protagonismo

Por Fernando Gonzalez

Ayer, en este mismo zoom editorial, decíamos que en la respuesta que los Kirchner dieran ante el conflicto del Banco Central iban a poder advertirse señales de cuán duros podrían ser los próximos años para la Argentina.

Y así fue nomás: el discurso crispado y políticamente paranoico de la Presidenta dejó poco margen para el optimismo. En lugar del llamado a la reflexión que desde muchos sectores se le reclama a Cristina, hubo un estudiado derrame de descalificaciones para los principales enemigos de los Kirchner en estas horas.

En esa línea, Cristina acusó de desestabilizador al vicepresidente Julio Cobos (allí no buscó innovar); utilizó el españolismo "ocupa" para ilustrar la situación de Martín Redrado, a quien la Justicia repuso en la presidencia del Banco Central. Y llamó "jueza delivery" a la magistrada María José Sarmiento, echando mano a un término inglés popularizado en el país para los servicios a domicilio porque sus decisiones complican aún más el laberinto en el que se ha metido el Gobierno.

Como nunca desde aquellos meses locos del 2008, la Argentina volvió a parecerse al país caótico que se debatía entre el reclamo del campo por las retenciones agropecuarias y la ira kirchnerista. Al embargo del juez Thomas Griesa sobre las reservas que el país tiene en sus cuentas de Nueva York le siguieron un discurso confrontativo del ministro Amado Boudou; la fuerte

caída de los bonos en un mercado que comenzó a asustarse; la metralleta verbal de la Presidenta y la respuesta de Cobos desde Mendoza, todo en cuestión de horas.

Las cámaras de TV iban registrando las instancias del conflicto, mostrando las caras de sus protagonistas como si se tratara de un reality de los que abundan en el mundo del espectáculo. Pero el problema es que se trata de la Argentina y de sus principales dirigentes, cuyas decisiones impactan después sobre la vida cotidiana de sus habitantes. Esa preocupación que comenzó a advertirse en la sociedad durante los últimos días no tiene una base de justificación racional: la economía y las finanzas del año que empieza estaban relativamente calmas; el Congreso y la Justicia de vacaciones, lo mismo que la política partidaria, cuyas definiciones deberían comenzar a vislumbrarse recién para el segundo semestre del año.

Pero los Kirchner tenían otros planes y ayer volvieron a agitar la dinámica del conflicto, ese estadio del poder que tanto les apasiona. Durante la mañana hubo llamados telefónicos y diálogos que involucraron a funcionarios kirchneristas; legisladores de la oposición y algunos empresarios y banqueros que buscaban consolidar el escenario de negociación que ofreció el Congreso el lunes. Varios de ellos se mostraban confiados en una salida negociada que definiera la situación de Martín Redrado y del Banco Central, algo que incluso había pedido como requisito el banquero Mario Blejer para pensar al menos la propuesta de presidir la golpeada entidad monetaria.

Pero la noticia del embargo llegada desde Nueva York encendió la furia de Néstor Kirchner. En la Quinta de Olivos se cocinó la primera respuesta de Boudou y la segunda más contundente de Cristina. Los mensajes conciliadores le cedieron el protagonismo a los adjetivos de barricada. El Gobierno volvió a mostrarse más encerrado y, por lo tanto, más débil. En el conflicto con el campo, las salidas negociadas perdieron la pulseada y la batalla se definió a todo o nada en el Senado. Cuesta creer que los Kirchner hayan aprendido la lección.

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