Una comisión y mil conflictos

Su debut será el 4 de marzo. No le será fácil encontrar salida a los conflictos planteados por empresarios de ambos países.
Brasil importa anualmente por 169 mil millones de dólares y sólo un magro 8 por ciento, alrededor de 13 mil millones, corresponden a compras de bienes argentinos. Si es porque el país vecino prefiere otros proveedores en desmedro de los productores argentinos, o es porque éstos no cuentan con oferta suficiente y seductora como para atender al mercado del principal socio del Mercosur es una cuestión que difícilmente llegue a ser tratada por el nuevo cuerpo binacional creado el martes, único logro concreto que trajo la delegación de ministros del Gobierno que viajó el martes a Brasilia.

Cuando no hay posibilidad de acuerdos concretos, crear una comisión suele ser una salida elegante para postergar soluciones pero demostrando, al mismo tiempo, que hay interés político en conseguirlas. Los ministros Carlos Fernández (Economía), Débora Giorgi (Producción) y Jorge Taiana (Cancillería) regresaron a Buenos Aires del encuentro con sus pares en Itamaraty con sabor a poco. Después de varios desencuentros conceptuales, la manera de evitar una ruptura fue crear aquella comisión “de alto nivel”, que presidirán los viceministros de cada área.

En el cónclave del martes, el canciller Celso Amorim reiteró la postura que Brasil sostiene en todos los foros internacionales, muchas veces como vocero de la región: es necesario defender el libre comercio, evitando medidas proteccionistas. Esto incluiría las licencias no automáticas de importación que aplica la Argentina aunque, según precisó Giorgi a modo de defensa en esa reunión, “apenas el 4,2 por ciento de las importaciones brasileñas” están afectadas por esta restricción de la Aduana argentina.

El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, reconoció como tarea pendiente resucitar desde esa nación el financiamiento para operaciones de comercio exterior, algo que auxiliará a los socios regionales. En definitiva, una consigna funcional a la estrategia externa de Brasilia.

Ya hace un par de años que el presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva instruyó a los técnicos de su gobierno para comprar más a los vecinos. Es, a ojos del gobierno brasileño, la única manera de consolidar su liderazgo natural, permitiendo que las otras naciones dejen de verlo como un competidor peligroso con aspiraciones imperialistas. Pero acatar esa orden presidencial no resultó cosa sencilla.

Los funcionarios argentinos saben que el actual déficit en el comercio bilateral, lejos de desaparecer, tenderá a consolidarse: fue de 4500 millones de dólares el año pasado y proyecciones privadas estiman que subirá este año a 4900 millones, en parte por la menor oferta de trigo y autos desde este lado de la frontera. Sobre esta base, el equipo argentino reclamó medidas concretas de compensación aunque sin éxito, a pesar de que la diplomacia brasileña siempre busca evitar un “no” rotundo que desaire a su interlocutor.

La delegación argentina pidió medidas activas, comenzando por líneas de créditos que permitan financiar también a los exportadores que venden a Brasil. Amén de la idea de regular el comercio sectorial con acuerdos de complementación y cupos, idea que se aceptó hace años para el sector automotor pero que difícilmente el socio regional admita extender en lo inmediato a otros rubros. Otro planteo de los visitantes estuvo vinculado con el poco valor agregado de los productos que vende Argentina frente a los que intercambia con Brasil.

Pero éste es un cuadro difícil de revertir y una misión cuasi imposible para aquella comisión de viceministros que se reunirá el 4 de marzo en Buenos Aires, intentando mejorar el clima para la visita que la Presidenta hará a Brasil días después. Un cuadro que incluye interrogantes tales como por qué, si Brasil compra productos médicos por un total de 1200 millones de dólares al año, Argentina sólo le vende por 5 millones.

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