Comienzos alterados

La mujer del gobernador chaqueño Jorge Capitanich estrelló voluntariamente una camioneta cuatro por cuatro contra un muro de la Casa de Gobierno, en Resistencia. La señora Sandra Mendoza ocupa un ministerio en el gabinete de su esposo y al parecer reaccionó contra la sugerencia de su cónyuge de que abandone ese cargo para encabezar en octubre las listas legislativas del Frente para la Victoria.
Hasta el momento varios dirigentes han optado por descartar apoyo del oficialismo, pero nadie lo hizo con un estilo tan dramático y espectacular.

La alocada decisión presidencial de retirar la tradicional guardia de granaderos del templete que recuerda en Yapeyú el nacimiento del General San Martín, con el objetivo de dañar la presencia del vicepresidente Julio Cobos en los actos de homenaje al prócer en su natalicio, le hacen la vida difícil al vicepresidente: sus primeras "espadas", le reclaman que renuncie, sus amanuenses le niegan medios para traslados como el viaje que Cobos quiso hacer a Tartagal en medio de la crítica situación que pasó la localidad salteña. El fin era dañar a Cobos, pero el vicepresidente atrajo cámaras y simpatías solidarias, contrariamente a los efectos buscados.

Reunión con ausencias

La presidenta evito darle el protagonismo a la Mesa de Enlace agropecuaria, restándole la presencia de los miembros del gabinete de mayor jerarquía. No estuvo el jefe de gabinete, Sergio Massa; tampoco el ministro de Economía, Carlos Fernández.

Contrariamente fue de la partida el ministro de Interior, Florencio Randazzo, como para subrayar que el gobierno considera a los dirigentes del campo protagonistas políticos, antes que representantes de un sector productivo.

Sólo porque los líderes de la Mesa de Enlace parecen persuadidos de que deben exhibir paciencia pudieron calificar la reunión con un 4 y "el inicio de algo", ya que Randazzo y sus dos acompañantes (la ministra de Producción y el secretario de Agricultura) dejaron en claro que está vedado el tema central, clave para resolver el conflicto, el de las retenciones a la soja.

Ocurrencias

Como para que no quedara duda alguna de que la voluntad del gobierno apunta a debilitar al campo antes que a negociar un acuerdo plausible, hacia fines de la semana, hizo trascender que estudia un proyecto de estatización del comercio de granos y derivados.

Se lanza a rodar esta idea referida al comercio de granos, una caricatura anacrónica del IAPI del primer gobierno en la época de Perón.

Estas amenazas intervencionistas, constituyen nuevas expresiones de la excitación, que altera el pensamiento oficialista.

Varios analistas económicos, consideran este último arranque como una presión tendiente a forzar a los productores a vender la soja que aún conservan en sus campos, guardada en silos-bolsas.

El gobierno tiene urgencias por cobrar los derechos de exportación sobre esa soja, y hasta sobreestima su existencia: considera que la soja retenida llega a 9 millones de toneladas, aunque los cálculos técnicos aseguran que no llega a los 6 millones.

Desde el gobierno, se especula que la mera amenaza de estatizar el comercio de granos volcará al mercado una parte sustancial de las existencias.

A diferencia del IAPI de Juan Perón, y más allá del juicio que se tenga sobre aquel instrumento económico, la diferencia sustancial reside en que, en los años 40, los productores no contaban con ese formidable instrumento de poder propio, que son los silos-bolsa; éstos les permiten almacenar en los campos, no depender de acopiadores y exportadores para elegir la oportunidad de venta y, así, tener decisión autónoma para adaptarse a las condiciones y precios del mercado.

Si en la década del 40 el peronismo podía argumentar que el IAPI apuntaba contra el exceso de poder de acopiadores y grandes firmas exportadoras, ahora no hay duda alguna de que la medida que estudian en Olivos, de aplicarse, estaría dirigida contra los agricultores y sus formas de acopio.

Este monopolio estatal proyectado no tendería a acotar o contener monopolios privados, sino que se ejercería sobre la libertad de los productores, independientemente del tamaño y rasgos de sus emprendimientos.

Lo primero que consiguió la ocurrencia de Olivos no fue, sin embargo, un retroceso temeroso del campo, sino una reacción unánime de entidades productoras y comercializadoras: veintisiete de ellas (que, además de las cuatro Mesa de Enlace, incluyen desde la Cámara de Puertos hasta centros de consignatarios, productores avícolas y de legumbres, industriales fabricantes de maquinaria agrícola, entre otros.) suscribieron una solicitada titulada "Argentina en retroceso", donde manifiestan su total rechazo al proyecto, que hasta ahora, es sólo un propósito.

Si el gobierno, después que esta posición, avanza en su proyecto, deberá tomar nota de que la próxima vez que la Mesa de Enlace adopte una medida su representatividad será más amplia. Gracias a los enfrentamientos que en nada ayuda al país.

Lo que vio la CIA

Si faltaba algo para enajenar el humor de los inquilinos de la Casa Rosada, lo introdujo León Panetta, el hombre que fuera jefe de gabinete de Bill Clinton y al que Barack Obama designó como número uno de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense.

Panetta incorporó en el menú diario de información que la CIA le entrega al presidente Obama un análisis sobre las repercusiones políticas que la crisis económica global puede ocasionar en diferentes regiones.

En el primero de estos nuevos informes, la agencia señaló que Argentina, Ecuador y Venezuela afrontan serios problemas económicos y que su estabilidad política corre peligro.

La noticia alteró tanto a Olivos como a la Casa Rosada, pero esta vez el disgusto no se tradujo en una reacción directa de la pareja presidencial, como sino en un llamado a la Cancillería para que fuera Jorge Taiana quien respondiera.

El ocupante del Palacio San Martín se cuidó, a su vez, de no tomarlas con el gobierno americano en su conjunto, sino sólo con la agencia de inteligencia. Cristina Kirchner deberá cruzarse con Obama a principios de abril, en la cumbre del G20 en Londres y aspira, al menos, a sacarse una foto con él, como la que consiguió con Fidel Castro. La CIA para los Kirchner es como el FMI.

Creen que se puede maldecir a bajo costo. El ex presidente acaba de afirmar que no quiere plata del FMI "ni regalada", aunque Argentina afronta este año y en 2010 vencimientos de deuda por valor de 40.000 millones de dólares y en medio de la crisis global, nadie está demasiado entusiasmado por prestarlos.

La información que el señor Panetta le facilitó a su jefe en la Casa Blanca apuntó, seguramente a subrayar que, además de los problemas económicos (al fin de cuentas no hay país que no los atraviese en mayor o menor grado en tiempos de crisis global), Argentina puede tener dificultades políticas, por ser un año electoral.

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