Comenzó la rebelión en PJ de Diputados

Por: Rubén Rabanal

Después del resultado que consiguió el kirchnerismo en las elecciones del domingo pasado era imposible que continuara por mucho tiempo la paz que reinó en el bloque oficialista durante la tregua electoral. Ayer comenzaron los ruidos y los pases de factura en la bancada.

El temor cuando el futuro es incierto siempre desestabiliza a cualquier político, pero en este caso el avance del kirchnerismo fue tan fuerte durante más de seis años que ahora, frente a la derrota, el desconcierto es mayor.

El resultado de la elección de por sí ya había impactado en el centro de una bancada kirchnerista que está integrada por un grupo de leales que jamás cuestionaron una medida presidencial y otros grupos que ya habían comenzado a plantear diferencias antes del 28 de junio.

Pero lo que colmó la paciencia de muchos diputados oficialistas, de los que se van y de los que se quedan por dos años más, fueron las declaraciones de Cristina de Kirchner en la conferencia de prensa de Casa de Gobierno, donde explicó el resultado electoral y la nueva constitución del Congreso.

En la mesa de conducción del bloque, presidida por el santafesino Agustín Rossi, reinaba ayer la confusión. Ninguno de esos diputados entendía de dónde la Presidente había sacado los 107 diputados propios y 27 aliados que explicó como cosecha final del domingo pasado.

Menos que Cristina de Kirchner considerara como posibles socios en el recinto a los diputados que siguen a Eduardo Macaluse en el SI y al bloque de Proyecto Sur, que anima Fernando Pino Solanas. «Se nota que Cristina nunca leyó uno de los informes de Claudio Lozano», bromeaban ayer en la bancada oficialista, en referencia al diputado y economista de la CTA que normalmente cuestiona con dureza la política de subsidios y la distribución de fondos que hace el kirchnerismo. Por eso el mundo de fantasía que relató la Presidente terminó de decantar la crisis en el Congreso.

En realidad, quien comenzó la catarsis fue el propio Rossi: «Necesitamos hacer una reflexión que no puede ser la de un grupo estudiantil porque somos el partido de Gobierno», dijo.

Y planteó enseguida la necesidad de abrir la discusión interna sin obediencia debida: «El partido deberá horizontalizarse un poco y escuchar la opinión de todos», dijo. Traducido esto significa que no sólo deberán primar los análisis de los Kirchner, sino escuchar a todos los oficialistas que deben poner la cara en el Congreso ante una situación de derrota que sólo niega el matrimonio presidencial.

Como peronistas, los diputados tampoco quieren sacar los pies del plato, aunque en ese espacio el poder de los Kirchner aparezca ahora limitado: «Nosotros no somos un partido ni un espacio en crisis, tuvimos una mala elección y perdimos una cantidad de votos -dijo ayer Rossi-. Yo lo planteo desde la firme convicción de que tenemos toda la oportunidad de recuperar ese espacio que perdimos frente a la sociedad».

Rossi debió sufrir en carne propia en los últimos meses muchos de los errores que cometió Néstor Kirchner en estrategia política. Fue quien insistió ante el ex presidente en que sería imposible cerrar un acuerdo con Carlos Reutemann para la elección. Kirchner no le hizo caso y hasta intentó convencerlo de que retirara la lista con la que compitió en Santa Fe contra el ex corredor. Rossi fue así el representante del kirchnerismo en su provincia, pero sin el más mínimo apoyo de los Kirchner.

Y consiguió renovar su banca, pero aún no tiene claro si seguirá siendo el presidente de la bancada oficialista después del recambio de la Cámara en diciembre.

Mantiene, entonces, un marco de lealtad a Cristina de Kirchner, pero frente al discurso irreal del Gobierno frente al resultado tomó el camino de la crítica: «La Presidente lo que hizo fue describir cómo quedó el mapa. Lo que creo es que para completar ese análisis tenemos que verlo desde otra perspectiva. Nosotros entre la elección de 2007 y la de 2009 perdimos más de dos millones de votos», sentenció.

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