El combate diario de Gendarmería contra la cocaína en Salta

El combate diario de Gendarmería contra la cocaína en Salta
Sin radares que vigilen el cielo salteño, las avionetas narco tiran los cargamentos en áreas cultivadas. Son guiadas desde abajo por GPS y teléfono satelital y su único obstáculo son los de los "huelleros" de Gendarmería
En Salta llueve droga dijo el juez federal Julio Leonardo Bavio en un informe ante la Cámara Federal de Apelaciones de la provincia, el tribunal que hizo suyo el reclamo del magistrado por la instalación urgente de radares que detengan los vuelos clandestinos del narcotráfico. El pedido fue elevado a la Corte Suprema de la Nación, que en su acordada del martes pasado trasladó la exigencia de tomar "medidas urgentes" al Ministerio de Seguridad de Julio Alak.

Bien en el norte de esa provincia, los huelleros, hombres vestidos de civil, armados con pistolas y cuchillos vigilan la zona. Su tarea es recorrer el monte tras la pista de los narcos, básicamente por tierra, pero también por aire. Los únicos radares que barren los cielos de la frontera con Bolivia son los ojos de estos hombres.

Las avionetas parten desde pistas clandestinas de campos próximos a la localidad boliviana de Yacuiba, bajan hacia el sur siguiendo el cauce del Río Grande de Tarija para pasar por Aguas Blancas en el departamento Orán. De ahí continúan hacia el departamento de Anta, donde arrojan bultos con cocaína en vuelos rasantes a no menos de 15 metros de altura.

El accionar de los pilotos está apuntalado en tierra por narcos que usan GPS y teléfonos satelitales, con los cuales les indican el lugar exacto donde deben realizar "el bombardeo". Buscan plantaciones o pastizales altos para evitar que los paquetes se deterioren al impactar con el suelo. Por eso evitan descargas en las zonas serranas.

El comandante principal Rubén Carlos Yavorski, jefe del Escuadrón 52 de la Gendarmería de Tartagal, cree que el auge de los vuelos clandestinos tiene relación con que a los narcos se les complica la ruta terrestre.

Sin radares, las posibilidades de detectar las avionetas narco son muy bajas. Gendarmería, no obstante, tiene un éxito en la materia ya que logró interceptar una en la localidad de Nueva Esperanza, en Santiago del Estero. Provenía de Bolivia, había aterrizado en un tramo de la ruta provincial 37 y llevaba 297 kilos de cocaína. Intervinieron fuerzas de los escuadrones de Orán, Tucumán y el Móvil 5 de Santiago del Estero, junto con la Unidad Especial de Procedimientos Judiciales de Salta según informa el diario Clarín.

En la vigilancia por tierra, el azar juega, pero no tanto. La Gendarmería monta retenes sorpresivos en distintos parajes para detectar "pasadores. A veces, un auto de los narcos, sin droga, precede la marcha del vehículo que sí lleva la carga para avisar si hay o no controles. Cuando los hay, los "pasadores" tiran los bultos por las ventanillas. No es extraño encontrar ladrillos de cocaína a la vera de los caminos. Por eso, ahora también se apostan gendarmes dentro del monte y antes del retén para sorprender a los traficantes cuando se están deshaciendo de la droga.

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