Columna especial de la presidenta Cristina Fernández

«Estamos construyendo un país en el que todos tengamos las mismas posibilidades, las mismas esperanzas», dijo la jefa de Estado. Realizó un repaso de sus visitas a los distritos del oeste.
La Argentina no termina en la General Paz. Este es un lugar común. Sin embargo, durante años grandes zonas del conurbano bonaerense fueron tan olvidadas y postergadas como las regiones más remotas de nuestro país.

Más y mejor trabajo, así se llama el Programa que lanzamos el pasado miércoles en Gregorio de Laferrere, La Matanza, y que apunta a capacitar a nuestros jóvenes para que puedan afrontar con más herramientas los desafíos por venir.

Además, ahí nos comprometimos a asfaltar 1400 cuadras del barrio. Es apenas el 10 por ciento del total. Todavía falta mucho, pero seguimos trabajando.

Días antes estuvimos en Hurlingham, donde entregamos, en forma simultánea con otras tres localidades, Pilar, Mar Chiquita y Chascomús, un total de 1058 viviendas para la provincia de Buenos Aires.

Lo hicimos a través de una de las grandes ventajas y oportunidades que ofrece la tecnología, la videoconferencia. La utilización de esta herramienta nos permitió estar presentes con obras que mejoran la calidad de la vida de la gente. Y esta es, sin duda, la mejor forma de estar presente por parte del Estado.

La construcción de estas 1058 viviendas implicó una inversión total de 65.8 millones de pesos por parte del Estado nacional. Una inversión que bien vale la pena, porque las soluciones habitacionales, son soluciones de vida.

Las obras de infraestructura generan un círculo virtuoso. El crecimiento de la actividad económica, acompañado del aumento del consumo y las exportaciones, trae aparejado la creación de nuevos puestos de trabajo, que a su vez permite un mayor desarrollo del mercado interno.

La creación de un puesto de trabajo tiene dos dimensiones. Por un lado, el aspecto social, ya que el trabajo es el gran organizador de la vida en comunidad y hace a la dignidad de las personas. Pero también tiene una faceta dinamizadora de la economía, porque un trabajador es, simultáneamente, un consumidor.

Anteriormente, habíamos visitado Moreno, otra localidad del oeste bonaerense, donde recorrimos el Jardín de Infantes 954 y lanzamos el «Plan Camino a la Escuela».

Este programa representa pavimentación para 30 municipios, con una inversión de 348 millones de pesos. La idea es que chicos y chicas no tengan que embarrarse en el camino desde sus casas hasta la escuela para ir a estudiar.

En el próximo ciclo lectivo Moreno también contará con una nueva escuela primaria, cuya construcción está en marcha y cuenta con una inversión superior a los 4 millones de pesos.

Además, firmamos un convenio para la construcción de una maternidad de baja complejidad que permitirá atender tres mil nacimientos en el mismo municipio, sin necesidad de tener que trasladarse a otro partido.

Que las madres puedan dar a luz a sus hijos, en el mismo lugar en el que les toca o han elegido vivir, también es mejorar la calidad de vida de la gente.

Y mejorar la calidad de vida, fomentar la igualdad de oportunidades entre las personas, es lo que anima cada una de las decisiones que tomamos.

Igualar oportunidades no significa creer que todos somos iguales. Justamente, porque no lo somos, el Estado debe garantizar que todos tengan, al menos, las mismas oportunidades para estudiar, trabajar y acceder a una vivienda y a una salud digna.

También estuvimos en Merlo, visitando el Centro Cultural de los Jóvenes. Ahí, más de 1500 chicos y chicas, aprenden música, danza, escultura, pintura y fotografía. Si el Estado no estuviera presente, posiblemente muchos de esos jóvenes no tendrían acceso a esas actividades culturales.

Allí se anunciaron obras de pavimentación e infraestructura por 414 millones de pesos y nos comprometimos a trabajar por el proyecto de la Universidad de Merlo.

El acceso a la educación no puede ser sólo para quienes nacieron en un hogar acomodado. Llegar a la universidad es también un medio para recuperar la movilidad social ascendente.

En una visita anterior a La Matanza estuvimos en su Universidad. Los padres del 90 por ciento de sus alumnos no accedieron a la educación terciaria. Mis padres tampoco tuvieron esa suerte.

En cambio, yo sí pude estudiar en una universidad, pública y gratuita y hoy soy la Presidenta de los argentinos. Eso significa que estamos construyendo un país encaminado a que todos tengamos las mismas posibilidades, las mismas esperanzas.

Pero también es necesario que cada estudiante sepa el esfuerzo que ponen otros millones de argentinos que tal vez apenas tienen trabajo, para que en la Argentina haya universidad pública y gratuita.

En La Matanza además se presentó formalmente el acto de licitación pública de siete nuevos hospitales, dos en Gregorio de Laferrere y otros cinco en Esteban Echeverría, Rafael Castillo, Escobar, Ituzaingó y General Rodríguez.

De los siete, cinco se construirán con recursos del PAMI y los otros dos con la reasignación de partidas del presupuesto nacional, porque si algo precisa el conurbano bonaerense son hospitales.

En Morón inauguramos la Escuela Media N° 14 de Castelar y nos comprometimos a pavimentar 74 cuadras, lo que demandará una inversión de 11.1 millones de pesos.

También visitamos la Mansión Seré en Castelar. Ahí donde funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura militar, hoy hay un museo de la memoria.

Muchas veces, los adolescentes se preguntan de qué sirve estudiar historia. Conocer el pasado de nuestro país y del mundo, nos da otra perspectiva, nos permite comparar, saber dónde estamos parados y hacia dónde vamos.

En ese sentido, la integración y la cohesión social son para la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, para la Argentina toda, un desafío cotidiano. Sectores muy vulnerables conviven con otros de alto poder adquisitivo.

No es una tarea fácil. Sobre todo cuando los más pobres viven como una injusticia muchas de las cosas que le suceden, mientras los más ricos ven como una amenaza a los que no tienen nada.

Cuando se construyen calles, viviendas, hospitales, escuelas, entonces, se le encuentra sentido a la actividad política. Este, y no otro, es el verdadero propósito de ‘hacer política’, transformar la realidad que nos circunda.

Algunos, por el contrario, creen que se trata de hablar siempre mal del otro. O de presagiar hechos terribles. Hace un tiempo era el apagón. Después, fue la inflación. Hoy, la contracción de la economía. Para ellos, siempre todo anda mal.

Afortunadamente, la gran mayoría de los argentinos apostamos al futuro. Trabajar, transformar, construir, hacer, ayudar, cooperar. Estos son los verbos que nos gusta conjugar.

Como dijo alguna vez un ilustre vecino de San Justo, Pedro Bonifacio Palacio, el poeta Almafuerte: «Si te postran diez veces, te levantas, otras diez, otras cien, otras quinientas: no han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas». Que cuando un argentino se caiga, pueda volverse a levantar. Esa es nuestra lucha y nuestra esperanza.

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