Colón es la tercera alternativa

Los santafesinos se recibieron de candidatos a pelearles el título a los punteros Banfield y Newell’s. El 2-0 ante Argentinos, que hace cinco partidos que no gana, fue justo. Ambos tantos llegaron de penal.
Argentinos fue juzgado por el código penal de un árbitro bastante decidido –Cristian Faraoni– y el Bichi Fuertes, ejecutor de la condena, transformó en goles los dos remates desde los doce pasos. Un verdugo conocido por el Bicho, el club que más veces sufrió al delantero: ¡doce! Con los tres puntos, los dirigidos por Mohamed quedaron a cuatro de los líderes, Banfield y Newell’s, y están prácticamente adentro de la Libertadores 2010, después de once años de ausencias.

A veces, en el fútbol, las circunstancias modifican esquemas y actitudes. Y Colón, casi sin darse cuenta, se encontró con un penal a los 45 segundos de juego. Sin darse cuenta porque hasta Nieto puso cara de desconcertado cuando Faraoni corrió hacia el punto del penal para cobrar una dudosa infracción de Sabia sobre el ex Huracán. Pero poco le importó a Fuertes la verosimilitud de la falta en cuestión, porque con un toque al palo izquierdo de Torrico abrió la cuenta: 1-0.

Tan cómodo estaba Colón con ese resultado que se descansó. Argentinos tampoco hacía mucho para incomodarlo. Pero Mohamed reaccionó desde el banco y empezó a demandar más de sus dirigidos, que poco a poco acorralaron al Bicho contra su arco, a fuerza de pelotas paradas y centros a sus dos puntas.

Sin embargo, Pozo también tuvo que mover el esqueleto: a los 16 minutos, el arquero de la Selección le negó un golazo de tiro libre a Facundo Coria, con una tapada elástica. En el otro arco, Torrico se exigía por negarle el gol a Rivarola, que tuvo varias.

Los últimos minutos se hundieron en el bodrio de un equipo que no sabía cómo recuperar la pelota (Argentinos) y otro que no sabía qué hacer con ella (Colón). La prueba que evidenció el disgusto de ambos entrenadores con lo que hacían sus dirigidos fueron las tres sustituciones que realizaron en el entretiempo (dos de la visita y una del local).

Y esas variantes tuvieron una significación fácil de interpretar: Bertoglio en Colón para tener la pelota; dos delanteros en el Bicho (Pavlovich y el juvenil Fernández) para ir a buscar el empate con todo. Y el juego, nuevamente a través de sus circunstancias, siguió el camino lógico que pocas veces elige el fútbol. Los dirigidos por Borghi fueron y fueron, pero pocas veces volvieron a tiempo, y el dueño de casa le empezó a sacar provecho. Ricky Gómez, entonces, quedó abandonado en el carril izquierdo y el punzante mediocampista pinchó por ese costado con remates y centros que buscaban siempre a Fuertes. El histórico delantero también se generó sus propias posibilidades, pero necesitó otra vez de sus compañeros para volver a convertir.

A los 18, Colón tuvo una triple posibilidad de anotar adentro del área –Torrico le tapó a Nieto la más clara–, pero se tuvo que conformar con que Mercier derribara a Bertoglio y que Faraoni le diera el segundo penal de la noche. Historia repetida y duodécimo gol de Fuertes al Bicho, el equipo que más lo padeció.

A partir de ese momento, el partido se transformó en una película que repitió sus escenas una y otra vez: Argentinos buscó por arriba, pero siempre se chocó con Pozo y con su propia ineficacia para convertir. Y el Sabalero preocupó con cada contraataque, pero no fue suficiente para golear. Ya no importaba, Santa Fe era una fiesta.

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