COLON 1 - BOCA 3 El dueño del equipo

En desventaja y con uno menos por la roja a Riquelme, Palermo demostró una vez más que su optimismo no tiene fin y llevó a Boca al triunfo. Es para Coco...
Fue un instante clave. Bisagra. En el que sucedió lo opuesto a lo que se esperaba, lo que esperaban y se creyeron que iba a suceder todos en Colón. Y ese sentir que el partido ya estaba ganado, por la ventaja de un gol lograda al final del primer tiempo y la expulsión de Román Riquelme en el arranque del segundo, terminó siendo un pelotazo en contra. Porque en vez de achicarse, Boca se agigantó como en sus grandes epopeyas (salvando la diferencia de lo que estaba en juego esta vez). Principalmente con amor propio, con el amor propio y el optimismo inagotable de su líder, de su goleador, de Martín Palermo. Y lo empató, lo dio vuelta, lo remató para cerrar una difícil temporada con un triunfo y darle señales de vida a Alfio Basile.

Como si la roja a su as de espadas hubiera recargado de energía a los que quedaban en el campo, con uno menos Boca despegó a partir de Palermo y se sostuvo en el resto de su estructura. Porque el goleador regó con el ejemplo y contagió, al ser el primero en sacrificarse, entregarse en búsqueda de la remontada, en luchar en el mediocampo y llegar al área. Pero también la zaga central se plantó mejor, el pibe Aguirre entró bien en el lateral izquierdo y creció Colazo como bastonero de Battaglia y con participación importante en los goles. "A partir de la expulsión nos mentalizamos más", analizó el 9.

Atrás había quedado un primer tiempo que fue dominado por Colón, a partir del juego y la distribución de Prediger y el desequilibrio de Bertoglio. Y el gol convertido por Rivarola en sociedad con Ibarra no había sido más que una nueva mancha en la floja campaña xeneize. Ni siquiera llamaba la atención en el contexto actual...

Pero Boca revivió en el Cementerio. Con Palermo, claro. Porque a pesar de tener acompañamiento en varios jugadores, lo del Loco por sí solo fue enorme. En el mismo campo en el que hace diez años se rompió la rodilla por primera vez. Y su aporte se reflejó en el arco rival. Es que a los 11 minutos peleó cuerpo a cuerpo una pelota casi en el círculo central y terminó punteándola en el área, medio mordido, para convertir el empate. Y a los 24, dos minutos después de que Battaglia metiera el 2-1 y lo festejara repartiendo insultos al aire, el Loco volvió a marcar, esta vez con un zurdazo de afuera del área grande y le gritó su gol 206 en Boca a toda la cancha. Se ve que se había enojado también, porque se lo dedicó a los hinchas locales, les hizo saber que no se escuchaban los insultos y les reclamó que se levantaran y alentaran. Y la verdad es que, aunque lo único que recibió fueron agravios, lo suyo fue tan conmovedor que hubiera merecido aplausos de propios y también extraños.

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