Colombia: soldados matan a un discapacitado y lo disfrazan de guerrillero

Lo llevaron engañado a la selva. Lo hacen para mostrar logros y ganar privilegios.
Con varios días de descanso, seis miembros del Ejército colombiano fueron recompensados por su "valerosa" acción al enfrentar a un temible delincuente, miembro de la guerrillas. Sin embargo, un informe de la Fiscalía, conocido por Clarín, determina que el supuesto "guerrillero" era un joven con problemas de aprendizaje y desempleado, que nunca llegó a disparar el arma que los forenses encontraron en su mano derecha pues, entre otras, era zurdo. Lo mataron para pedir licencias, ascensos y felicitaciones.

La Fiscalía comprobó, además, que engañado por una falsa promesa de trabajo, el joven fue sacado de su barriada en Bogotá y llevado hasta una zona de conflicto del noreste del país donde los uniformados ya habían decidido que a cambio de unas medallas, felicitaciones en sus hojas de vida y días de esparcimiento bien valía la pena asesinar a indefensos civiles, vestirlos de camuflado y "adornarlos" con armas de fuego.

Los militares: dos oficiales, un suboficial y tres soldados profesionales, miembros del Batallón Francisco de Paula Santander de la II División del Ejército, son acusados del asesinato del joven Fair Leonardo Porras Bernal, que el 8 de enero de 2008 fue contactado en la deprimida localidad de Soacha, en Bogotá para trabajar en la provincia de Norte de Santander, limítrofe con Venezuela. Cuatro días después, el joven fue reportado por el Ejército como un "NN abatido en un combate".

El joven tenía, según certificados del estatal Instituto de Medicina Legal, una discapacidad laboral del 53% y problemas de aprendizaje por los cuales "incluso estando en colegios especiales nunca pudo aprender a leer ni a escribir". Según determinaron los investigadores, el joven fue engañado por un individuo al que los militares le pagaron el equivalente a 100 dólares para que lo llevara hasta un lugar. Allí, un soldado vestido de civil lo transportó en una motocicleta y al llegar a un supuesto retén, los uniformados lo abordaron, obligaron a vestir un camuflado como el que usan guerrilleros y lo asesinaron. Luego colocaron un arma en su mano derecha.

"La víctima fue colocada en situación de indefensión, además, su muerte representaba felicitaciones y premios para los que lograran el 'positivo'", precisa el informe de la Fiscalía que añade que "el 'modus operandi' (de los militares) contemplaba el control permanente de los jóvenes, quienes una vez en el departamento fronterizo quedaban sin documentos de identidad y los transportaban en un vehículo que era detenido por un falso retén en el que la víctima era abandonada", puntualizó. Este es el primer caso comprobado dentro de una serie de denuncias de la desaparición y muerte de civiles por parte de los uniformados para mostrarlos como rebeldes a cambio de obtener reconocimiento por parte de sus superiores y que la prensa colombiana ha llamado como el escándalo de los falsos positivos.

Otro caso, el de la muerte de jóvenes reportados como desaparecidos de la localidad de Soacha, a finales del 2008 provocó la renuncia del entonces comandante del Ejército colombiano, general Mario Montoya, uno de los oficiales más cercanos al presidente Alvaro Uribe y 'cerebro' del rescate de Ingrid Betancourt y tres estadounidenses, el pasado 2 de julio.

Según críticos del gobierno, esta conducta está motivada por la presión que Uribe ejerce sobre su ejército para que muestre resultados positivos en la lucha antiguerrillera. Según admitió entonces el propio gobierno, los oficiales implicados se habrían aliado con bandas del narcotráfico para ejecutar los crímenes.

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