Colombi, entre las críticas y la resignación de los correntinos

Colombi, entre las críticas y la resignación de los correntinos
Su salto al kirchnerismo tuvo apenas un costo político moderado en su provincia
CORRIENTES.? "Ya está todo listo. Vas a ver a los ministros y a la Presidenta. Ahora, antes de eso, Néstor te quiere saludar."

Ricardo Colombi escuchó la voz grave del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y comprendió el mensaje oculto detrás de la llamada telefónica que le enviaba su mejor contacto en la Casa Rosada. Su raid de esta semana por los despachos oficiales incluiría la foto con el ex presidente y el cable de agencia oficial con declaraciones de apoyo a la candidatura de Néstor o Cristina Kirchner en 2011. El gobernador electo de Corrientes supo desde un principio que ese era el alto precio que debía pagar por el prometido salvataje financiero que le permitirá sobrevivir en los primeros meses de gestión, cargados de dificultades.

Colombi volvió aquí en silencio y con promesas de dinero fresco. Pero el precio político que pagó es evidente: deterioro de su imagen pública nacional y divorcio en puerta con el Comité Nacional de la UCR ?que lo comparó con Borocotó? , que el miércoles sesionará en Buenos Aires para analizar eventuales sanciones.

Sin embargo, Colombi parece compensar las críticas con la opinión favorable de muchos habitantes de esta ciudad. Resignados y escépticos para con la dirigencia política, los correntinos parecen acostumbrados a los bruscos virajes de sus dirigentes. "Yo lo voté, y eso que hizo me parece bien. ¿Si la gente no tiene plata, de qué voy a vivir?", dice Víctor, un morrudo taxista, mientras avanza hacia la Costanera. "Para gobernar acá, hace falta estar con el Gobierno, todos son empleados públicos. Al que está ahora le fue mal por oponerse", dice sonriente Marcelo, empleado de un cíber, en referencia al gobernador saliente, el cobista Arturo Colombi.

La misma visión pragmática aparece en analistas y viejos dirigentes opositores, pero con una veta crítica. "Es la ley de la chequera, la búsqueda de mantenerse en lo alto sin escrúpulos ni ideologías. Le diría a Ricardo: que se rompa, pero que no se doble", sostuvo el veterano catedrático e historiador conservador Ricardo Harvey. El filósofo y profesor Joaquín Meabe mezcló racionalidad con bronca. "Las provincias están estranguladas; son esclavas del poder central. Pero 250.000 correntinos votaron a un opositor. Los estafaron de nuevo", afirmó.

"La gente lo entiende a Ricardo y sabe lo que buscamos", opinó el senador provincial Sergio Flinta ("Checho"). Le apuntó a Arturo Colombi: dijo que hay una deuda flotante de $ 400 millones y unos $ 770 millones que la provincia no recibió por el conflicto del actual gobierno con el kirchnerismo. Se mostró dolido con las críticas de Gerardo Morales y la cúpula de la UCR, que festejó el triunfo electoral de Ricardo hace 50 días. "La actitud de Morales fue apresurada, desmedida y desproporcionada", opinó.

En el sector de Ricardo, hay agradecimiento con Elisa Carrió, que se mantuvo en silencio, y resentimiento hacia los que criticaron, como el vicepresidente Cobos. "Cobos no puede decirnos nada. Es el vicepresidente de Cristina Kirchner", se quejó Gustavo Valdez, concejal capitalino y puntal del mandatario electo en esta ciudad.

"Colombi tiene pocos diputados y senadores que le respondan en el Congreso nacional. Lo único que tenía para ofrecer era la foto con Néstor. Los K inventaron esa frase de apoyo, y él no la desmintió porque, si lo hace, se caen los acuerdos", afirmó alguien del entorno del actual gobierno.

En el PJ, sólo apoyó a Ricardo Colombi el intendente capitalino electo, Mauricio Espínola. Según pudo saber La Nacion, el resto de los dirigentes mastica bronca porque Kirchner eligió a Colombi, y no a ellos, como interlocutor hacia el futuro.

Víctor, el taxista, llega a destino. Antes de irse, deja una última frase lapidaria. "Si hay que bajarse los pantalones, que el Gobierno lo haga por nuestro bien", dice, con una crudeza que incomoda, mientras la bandera de la Casa de Gobierno provincial se resiste, inmóvil, a ondear en el calor correntino.

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