Colombi, la caja K y la reforma

Por: Ricardo Roa

Cada cual puede llamarlo como quiera. Desde un acto de necesidad a una traición lisa y llana. Lo que los hechos cantan es que el gobernador radical electo de Corrientes ha ingresado, con sobrados méritos, en la galería de los tránsfugas de la política nacional.

En setiembre, Ricardo Colombi ganó desde el antikirchnerismo. Fue en un balotaje con su primo Arturo y después de que casi el 70% de los correntinos votara contra del candidato de los Kirchner. Ahora proclama que su provincia acompañará a Néstor o a Cristina en el 2011.

Seguro que si lo hubiera dicho antes, no ganaba la elección. La UCR se plantea expulsarlo.

Para que quede claro quién cambio y quién manda, Colombi visitó primero a Kirchner, con cronista y fotógrafo de la agencia oficial Télam incluidos. Ayer arregló con De Vido obras para la provincia, hoy se ve con Boudou y rematará todo con la Presidenta. Cartón lleno.

Son dos caras de la misma moneda. Una es la burla a los votantes y al propio partido. La otra, el modo brutal con que Kirchner maneja los fondos e inclina ante él a los necesitados de plata.

La recaudación de Corrientes está pinchada, el Gobierno le escamotea inversiones y al igual que Buenos Aires y otras provincias, tiene serios problemas para pagar los sueldos. Nada nuevo fuera del irracional reparto de los impuestos nacionales: el 70% se queda en el poder central. Pero Colombi se dio vuelta de un día para el otro, sin cuidar siquiera las formas. Hasta se permitió decir que él "no vendió su voto".

En simultáneo, los legisladores oficialistas se llenan la boca con las mejoras que traerá la reforma electoral. ¿Qué puede mejorar si se multiplican los tránsfugas y gobierna la caja? Eso es bastardear la política, ni más ni menos.

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