Colmada de simpatizantes, la Legislatura escuchó las primeras palabras de Ricardo Colombi: "Tratémonos como hermanos"

Gobernador y vice se apegaron al rito institucional de prestar juramento por Dios y la Patria para cumplir y hacer cumplir las constituciones Nacional y Provincial. Fue un discurso moderado en el que reclamó unidad para construir un futuro mejor, que no es "mañana y ni el mes que viene, sino el que vivirán nuestros hijos". Dijo que "debemos profundizar la visión del federalismo" y soñar "una provincia pujante, moderna, educada, solidaria y fraternal". El calor popular que acompañó al nuevo mandatario volvió desprolija la ceremonia
El primer discurso de Ricardo Colombi como gobernador, ante la Asamblea Legislativa, se alejó mucho de las palabras crispadas de la campaña. El primer mandatario no sólo fue moderado, conciliador y llamó a la fraternidad, sino que además se mostró muy amistoso con su primo y antecesor, Arturo Colombi.

En una Legislatura colmada de simpatizantes y curiosos, que terminaron por tornar desprolija la ceremonia, Ricardo instó a "plantear ideas" y "trabajar juntos" para una "provincia pujante con espíritu innovador".

"Debemos profundizar la visión del federalismo", aseguró, para poner el acento en que Corrientes "es una provincia solidaria", cuya gente tiende la mano porque "somos buena gente". "Seamos una provincia fraternal; tratémonos como hermanos", reclamó el mandatario.

Dos minutos antes de las 20, Ricardo juró por "Dios y por la Patria", para cumplir y hacer cumplir "las constituciones Nacional y Provincial".

En el recinto, un nutrido grupo de seguidores lo aplaudían y vivaban desde las gradas altas y bajas, con banderas y hasta un dibujo gigante de su rostro. Cuando ingresó al recinto, esa misma gente lo recibió con una lluvia de papelitos que no eran otra cosa que las boletas de ECO con que el mercedeño se impuso en la primera y segunda vuelta electoral.

Colombi también apeló al "temperamento y coraje" del correntino, e incluso a su sentido del humor, como parte de una identidad propia que se nota en todos los ámbitos de la vida provincial (cultura, música, tradiciones, mitos y leyendas), para soñar un futuro mejor. Para hacerlo, citó a Martin Luther King, cuando proclamaba "yo tengo un sueño".

En este tramo, Ricardo dijo que debe recuperarse el "sueño colectivo", en el cual debemos trabajar juntos, pensando en un futuro que no es mañana ni el mes que viene, sino el que vivirán nuestros hijos y nietos, pero que tenemos que empezar a construir hoy".

CEREMONIA. En la Legislatura gobernador y vice juraron por Dios y por la Patria y se comprometieron a cumplir y hacer cumplir las constituciones Nacional y Provincial. La gente, apretujada en las gradas y los pasillos, vivó al mandatario electo y lo recibió con una lluvia de papelitos.

Colombi se refirió también a las correntinas y correntinos que "tienen cifradas esperanzas" en esta nueva gestión y para las cuales "asumimos nuevos desafíos". En este punto, hizo un tiro por elevación que muchos leyeron como un traje a medida para la cúpula radical que llegó a Corrientes y horas antes de la asunción brindó una conferencia de prensa en la que no se comprendió mucho qué vinieron a hacer (ver páginas 6 y 7). Tanto así que uno de los dirigentes más cercanos a los popes como Nito Artaza, senador nacional, se quejó: "No entiendo la actitud adoptada por el comité nacional de la UCR".

"Los únicos que nos deben juzgar son ustedes, yo me atengo a ese veredicto", disparó Colombi, quien antes se había enancado en el ideario sanmartiniano para hablar del sueño colectivo: "Los correntinos", dijo, "somos los herederos de un gran hombre nacido en Yapeyú que no es otro que el padre de la Patria Don José de San Martín, un hombre que tuvo un sueño de libertad, que trabajó para alcanzarlo y consiguió la libertad de medio continente. Es decir, que si somos capaces de soñarlo, seguramente seremos capaces de lograrlo".

Durante el rito institucional, que se retrasó al menos una hora pero luego cobró velocidad hasta que vino el momento cúlmine del día -el traspaso de mando (ver páginas 4 y 5)-, una comisión de legisladores fue a buscar al mandatario electo a su llegada al Palacio Legislativo y otra similar lo acompañó hasta el estrado para presidir el recinto, tal como se estila cuando el plenario legislativo inicia el año parlamentario y su período de sesiones ordinarias. En ese ínterin, los presentes aprovecharon para departir y saludarse, los legisladores conversaron y la gente siguió vivando al mandatario que aún no llegaba.

Las figuras políticas, civiles, judiciales, eclesiásticas y otras que se hicieron presentes, fueron entre otros Carlos Rubín (titular del STJ), César Sotelo (fiscal General), Emma Tacta de Romero (ex ministra del Gobierno de su esposo, Julio Romero), todos los ministros del nuevo Gabinete provincial, que jurarán hoy a las 10; la mayoría de los intendentes con la excepción de Camau Espínola que llegaría más tarde porque fue a esperar a Florencio Randazzo y Aníbal Fernández y otros.

Cuando este acto terminó y el flamante gobernador hubo de desplazarse hasta la Casa de Gobierno, transitando a pie los metros que separan uno de otro edificio, por calle Salta hasta 25 de Mayo, la gente que se acercó a saludarlo e incluso a entregarle obsequios, llegó a apretujarlo y hacer lenta su marcha. Con su mejor cara, el mandatario sólo agradecía y pedía calma para que se no desmadre la muchedumbre.

En la Plaza 25 de Mayo, se habían dado cita desde temprano una gran cantidad de gente que quería ver la llegada del gobernador y de ser posible saludarlo, aunque para muchos no fue posible por el desorden que imperó en todo momento.

Como el plato fuerte fue, desde un inicio, el traspaso de los atributos del poder, banda y bastón de mando, la mayoría de los invitados especiales, incluidos los enviados de la presidente Cristina Fernández, se reservaron para el acto de Casa de Gobierno donde todos formularon declaraciones a la prensa y donde el gobernador saliente recibió abucheos de parte de una barra ricardista. Con todo, los primos se abrazaron afectuosamente y los gestos no fueron de tensión. Al finalizar ese acto, Ricardo volvió a dirigirse a la gente, esta vez en un tono más espontáneo, fuera de libreto, pero dijo casi lo mismo: basta de confrontaciones.

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